19. ¿Intentas seducirme, Ethan?(Presente)

1266 Words
Lo que el joven ruso vio cuando llegó a ese lugar más allá de las calderas lo maravilló, una sala de baile completamente equipada, con todas las paredes forradas de espejos, parquet pulido y brillante en el suelo, barras de madera en una de las paredes, era perfecta y lo suficientemente grande para bailar como quisiera. Tampoco le pasaron desapercibidos el piano y el violín y fue a sentarse en la banqueta del piano, levantando la tapa y acariciando las teclas con delicadeza, sin llegar a hacerlas sonar. — ¿Sabes tocarlo?—Preguntó levantando la vista para verlo desde allí, los mejores recuerdos que tenía de su antigua sala de baile eran de él bailando mientras su madre tocaba para él. — Si, por supuesto, que sé usarlo, tanto el piano como el violín, seré yo quien toque para ti mientras bailas.—No lo diría, pero desde que había descubierto que él bailaba, ansiaba tocar mientras el joven bailaba y observarlo moverse a través de la melodía que salía de sus dedos. — ¿Intentas seducirme, Ethan?— preguntó llamándolo por su nombre por primera vez desde que se habían vuelto a ver — ¿Cómo has logrado esto en solo tres días? Su sonrisa resplandecía en su rostro, sincera, no había corazas en ese momento. Por un instante volvía a ser ese adolescente locamente enamorado de él y si no le hubieran temblado las piernas, al darse cuenta de que no sería capaz de proteger su corazón. Porque este no había dejado de pertenecerle, se levantaría de la banqueta y correría a sus brazos para besarlo de verdad, con ese sentimiento que podía notar desde el fondo de su ser. — Anda porque no lo haces mientras yo interpreto algo para ti, déjame verte bailar. El chico asintió feliz y se levantó para empezar a desnudarse sin malicia con la inocencia de un niño. Porque esa ropa no le dejaba moverse con la flexibilidad que necesitaba, también se quitó los zapatos quedando tan solo en bóxer, mostrándole un cuerpo mucho más adulto que el que Russell había visto años atrás, todavía conservaba la delicadeza de un bailarín, pero era un hombre, ya no estaba frente a un niño y eso quedaba claro. — Baila para mí entonces Le pidió sin apartar su vista de la silueta del joven mientras se quitaba la ropa, pensó que ahora se le veía un poco más maduro, aunque todavía demasiado débil para lo que debería ser un futuro jefe de la mafia, sobre todo de la rusa, tenía mucho trabajo por delante y muy poco tiempo para adiestrarlo como necesitaba hacerlo. — Me encanta la idea, pero hace mucho que no bailo para nadie.—Era cierto, desde que había abandonado la idea de ser bailarín profesional para la que había trabajado durante media vida como la mitad de los jóvenes de Rusia, de hecho ser bailarín o bailarina profesional en su país era una fantasía muy extendida. La mitad deseaban ser bailarines y la otra mitad maestros de ajedrez Empezó a preparar sus músculos calentándolos y estirándolos, dándose cuenta de que aquella sala, además, tenía la temperatura óptima para que pudiera estar así sin pasar frío, pero sin que el calor fuera sofocante en el momento en que su temperatura subiera al ejercitarse. Russell no pudo aguantarse. Caminó hasta él. Tomándolo de la cintura por detrás, recorriendo sus hombros con sus labios, besando la unión entre su hombro y su cuello, subiendo por este hasta su oreja, provocando que Vladímir cerrara los ojos para disfrutar de su toque por un breve instante, del roce de esos labios sobre la piel y el calor de su aliento despertándole las ganas. — A partir de ahora solo baila para mí, y yo solo tocaré para ti, si aceptas no tocaré para nadie más, así me lo pidan.— Ese chico tenía algo que doblegaba a Russell sin saberlo, solo necesitaba externar sus deseos para que él deseara cumplir cada uno de ellos.— ¿Entonces tenemos un trato? — Acepto el trato…—Se mantenía con los ojos cerrados, completamente abrumado por su cercanía, recordando cuánto había deseado años atrás aquello, cuanto había fantaseado con él, incluso cuanto se había enamorado de aquel hombre. Se giró sin apartarse de él y pasó los brazos alrededor de sus hombros para pegarse más a su cuerpo — ¿Y si añadimos algo más?— rozó sus labios, aguantando la tentación de besarlo, con algo de miedo, porque los besos que habían compartido hasta entonces habían sido pasionales en las duchas y de posesión cuando lo besó en el comedor, pero en ese instante su corazón estaba completamente abierto y sabía que un beso significaría entregarlo. — ¿Y si también me tocas, solo a mí? Si Vladímir supiera que lo que proponía ya era algo que él había hecho sin que se lo pidiera, ¿Sabría lo mucho que influía sobre su persona? ¿Qué era su única debilidad? Y lo era desde hacía mucho tiempo, a pesar de la distancia y de que ni siquiera se hubieran visto una sola vez en esos cuatro años. — Así que deseas poner más términos en el trato, me agrada, pero si no puedo tocar a nadie más, entonces no podrás conservar este culo virgen. — Llevó las manos hasta su trasero, tomándolo de las nalgas y apretándolo con fuerza, eliminando cualquier tipo de distancia por mínima que fuera entre ellos. —No pretendo ser virgen eternamente. En realidad ni siquiera había estado en una situación íntima con nadie, la máxima intimidad que había tenido era los besos de Russell aquel verano, no había tenido mucha suerte conociendo a nadie las dos veces que se había interesado en hacerlo, desde entonces los chicos desaparecieron de su vida tal y como llegaron y a Vladímir. Simplemente, le había servido para blindarse más, ser más y más fuerte, entender que así era la vida y la gente, se iba antes, incluso de que pudieran llegar a importarle. Pero ahora lo único que sabía era que Russell no podía abandonarlo y largarse como la última vez, al menos no en unos años. — Entonces tenemos un trato, yo no tocaré para nadie más y tampoco tocaré a nadie que no seas tú. Pero eso no es justo para mí, yo también deseo que tú no puedas tocar o estar con nadie más, el día que rompas ese trato, ese día yo romperé mis promesas. Susurró contra su boca, manteniendo su mirada azul fijamente en la de su príncipe, después los labios de Ethan se apoderaban de sus labios, en un beso apasionado que terminó cuando ambos quedaron sin aliento. Vladímir estuvo tan contento de su respuesta que no pudo ocultarlo y saltó sobre él, rodeando su cintura con las piernas y abrazándose fuertemente a su cuerpo mientras lo besaba y sentía esas manos, amasándole el trasero y haciéndole gemir contra su boca. —No pretendo tocar a nadie más. Se bajó de él posando los pies en el suelo y lo observó caminar hasta su piano mientras se mordía el labio inferior y es que todo en ese hombre lo calentaba, la forma en que se movía, como se sentaba frente al piano y lo observaba a través de él y entonces solo quiso hacerle sentir lo mismo al bailar para él. — Baila mi príncipe, baila para mí.—solo entonces Ethan se alejó de Vladímir dirigiéndose hacia el taburete frent e al piano, empezando a tocar el lago de los cisnes de Chaikovski.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD