Mysterium Puella

1947 Words
El entusiasmo de los jóvenes ante la llegada del regreso a clases cesó después de las primeras dos horas. Al sonar el timbre para dar inicio al tiempo de almuerzo, la multitud despavorida de bestias feroces salieron de sus aulas y se dirigieron directo al comedor. El salón inmenso contaba con varias mesas y con una comida, no tan mala, por así decirlo. Nick se había sentado en la mesa junto a su hermano y su pareja, era su primer día así que no conocía a nadie, el grupo se completó con la llegada de la joven pelirroja y Trevor. En medio de todo aquello, nuestro joven buscó desesperado con la mirada a su chica misteriosa, cuando la encontró, reparó que estaba sentada sola, en una de las mesas alejadas del comedor, exactamente igual que como había estado durante estos primeros turnos de clase, apartada del mundo. Intrigado comentó al grupo: —Oigan chicos, ¿qué es lo que le ocurre a Emma eh? —Ah no te preocupes por eso, ella siempre es así —respondió Trevor. —Si, nunca deja que nadie se le acerque y eso que todos en clase hacemos lo posible por integrarla pero no sirve de nada —dijo nuestra chica de rizos rojos -Por cierto, no tuve el placer de presentarme, soy Sara, bienvenido. -Gracias, un placer conocerlos... a todos -contestó mientras observaba al novio de Nathan -Y tú debes ser mi querido cuñado. -Encantado, mi nombre es Isaac, Nathan me ha hablado mucho de ti estaba deseando conocerte -habló el chico de cabellos rubios y ojos claros. Todos terminaron su almuerzo como una nueva gran familia y se dirigieron de regreso al salón de clases, por supuesto, Nick pendiente de Emma en todo momento. Al terminarse la escuela, se volvió a observar a las fieras saliendo enérgicamente de la edificación, algunos se dirigían a sus casa y otros, como Nicolás y su grupo, se dirigían al puerto para hacerle honor al pescador muerto del que tanto se hablaba, parece que era muy amable con todos y a pesar de Nick no conocerlo, fue y acompañó a sus amigos. A la entrada del puerto, en un pequeño bar a la derecha perteneciente a la familia de Sara según le habían dicho, se encontraba un enorme mural lleno de flores y fotos del fallecido con los habitantes del pueblo, se dio a entender que era una persona muy querida por todos; historias alegres, graciosas y tristes sobre nuestro pescador se escuchaban cada 5 segundos. En medio de todo aquello, Nick contempló a la orilla del muelle a su joven doncella de largos cabellos, alejada de la multitud, como siempre. -Oye Nathan, te acuerdas de ayer cuando estábamos hablando sobre las chicas del pueblo -comentó a su hermano en voz baja -Pues no te conté todo lo sucedido, verás, cuando estaba de camino a casa me tropecé en el puerto con una chica y la verdad no he podido sacármela de la cabeza -se acarició el cuello ansiosamente. -Así que ya tenías a alguien en la mira y no me habías dicho nada -contestó mientras le hincaba el codo a su hermano en el brazo de forma burlona -Y quién es. -Es -se detuvo causando tensión en el ambiente -es Emma -¿Emma? ¿en serio? - dijo sorprendido -Olvídalo Nick no tienes ninguna oportunidad con ella, ni la más remota. -¿Por qué? -Porque Emma Taylor es la segunda chica más codiciada de todo Foxbury después de Alice, la mayoría de los chicos han ido tras de ella y literalmente, romperías el record si duras más de 10 minutos en una conversación con la reina del hielo. -Yo no soy como los demás chicos -respondió a su hermano con una mirada y una sonrisa pícara que dejaban bien claro cuáles eran sus intenciones. Sin nada más que decir, dio una palmadita a su hermano en el hombro y se dirigió confiado hacia la que sería su primera conversación con la chica del muelle, y posiblemente la última. El crujir de las viejas tablas del muelle resonaba con cada paso que daba, el balanceo de los barcos con las olas, el aroma salado del mar, y tan solo a unos metros, los largos cabellos negros de la joven que se mecían suavemente con aquella brisa vigorosa. Se colocó junto a ella, sin decir nada, miró durante unos segundos el horizonte azul que se extendía frente a él y habló: -Hola. -Hola -respondió la chica -¿Nick verdad? -Si -contestó encantado al oír la dulce voz de su adorado tormento. -Eras tú el chico con el que me tropecé acá a la entrada del puerto cierto, me parecías conocido cuando te vi en el salón de clases, yo soy Emma -dijo mientras se ponía de cara a cara a su acompañante. -Lo sé, la profesora y Trevor mencionaron tu nombre -sonrió Verdad --exclamó -¿No deberías estar con tus amigos? -insinuó, volviendo a mantener su actitud calmada y seria mientras señalaba con la mirada a los demás en el bar. -Si... pero la verdad es que tú me pareces más interesante -seguía respondiendo sonriente. -Esa frase te funciona con muchas. -Mmm, si, la verdad es que sí. -Como sea -se limitó a decir sin descubrir siquiera una leve sonrisa y devolvió la mirada al mar. -Y tú que haces acá, sola -preguntó observando el rostro pensativo de la joven, los ojos verdes que pedían a gritos ayuda, no entendía su soledad así que no iba a marcharse de ahí sin averiguarlo. Notó que en las gélidas manos que recordaba sostenía una foto de ella con el difunto, mostrándose alegre -¿Lo conocías? -Si -respondió débilmente -Creo que es una de las pocas personas que he dejado que se acerque a mí -sonrió con tristeza a la fotografía. -Y por qué no la pones en el mural. -Haces muchas preguntas. -Lo siento, solo quiero llegar a conocerte, estamos en la misma clase es normal -dijo mostrando empatía por la tristeza de Emma -Pues no deberías, no deberías si quiera estar hablando conmigo en estos momentos -lo miró durante unos segundos fijamente, un poco preocupada, dolida, después la expresión de su rostro cambió rápidamente como antes y volvía a adoptar una postura seria. El silencio invadió la atmósfera, Nick no quería molestarla, era un mal día para intentar llegar dentro de ella, y se mantuvo callado. Emma se agachó en el muelle, acercándose al agua, posó su vista sobre su foto con aquel señor canoso y gentil, cansada en ese instante de alejar a todos añadió -Él era como un padre para mí, no tenía hijos, así que yo era como una hija para él también, era el pescador más viejo del pueblo sabías, siempre venía con su oxidada caña y se sentaba a mi lado, a pesar de que yo no le dirigía la palabra, venía una y otra vez, todos los días del verano. Empecé a conversar con él y nos acercamos de un modo que no debí de haber permitido -narraba mientras observaba a Nick pendiente de cada palabra agachado junto a ella -El día que nos hicimos esta foto fue cuando me dijo que, cuando él muriera, deseaba que todo recuerdo de su vida se lo llevara el mar, que sus cenizas fueran esparcidas aquí en el muelle, pero nunca dejó ningún testamentó y la mujer que se encargaba de él decidió enterrarlo, así que ese deseo solo lo conozco yo -sacó un mechero del bolsillo de su abrigo y empezó a quemar la fotografía lentamente. Dejó que el viento se llevara las cenizas de aquel recuerdo y se fundieran con el océano, tal y como él había querido. Mientras una lágrima corría por su rostro dolido susurró débilmente -Murió por mi culpa... Nick había escuchado esas últimas palabras, quiso preguntarle a que se refería pero fueron interrumpidos por el alegre Trevor que venía a presentarle a una compañera más de la clase, arruinando el aura entre ellos, de nuevo. -Hola hola chicos. Oye Nick esta es Alice. -Hola, es un placer conocerte -exclamó la muchacha de cabellos castaños y ropa cara que Nick había reparado cuando llegó a clases, sin mostrar la más mínima señal de notar la presencia de Emma. Su piel era reluciente, impecable, con facciones que parecían hechas por profesionales, ojos cautivadores y apasionados, un físico perfecto resultado de largas horas en el gimnasio, toda una diosa. Ya había entendido la referencia que hizo su hermano al decir que Emma era la segunda más codiciada de la escuela, siendo Alice Kurt la número uno. Reconocía que era realmente hermosa y que a cualquier chico le sería difícil resistírsele, pero prefería a la joven de pelo n***o la cual le empezaba a parecer todo un reto. El grupo con el que había venido tenían pensado darle un recorrido por el pueblo al nuevo inquilino aprovechando la luz del sol que quedaba. -Adelántense, ya los alcanzo -dijo. -De acuerdo, no te demores que ya pronto va a anochecer -respondió Alice mientras observaba con desprecio a Emma y lanzando una mirada seductora a nuestro galán. Se dio media vuelta y se marchó con Trevor hacia el bar del puerto. -¿No quieres venir con nosotros? -preguntó Nick a la chica. -No gracias, no me apetece -contestó Emma contemplando los ojos azules del joven. Se acomodó los desordenados cabellos detrás de la oreja cuando de repente se vio sumergida entre los brazos del muchacho. -Siento mucho tu pérdida -enunció con compasión mientras la abrazaba, tratando de calmar la angustia que sentía por dentro, aunque ella la escondiera y la enterrara en el fondo. Él sabía muy bien cómo se estaba sintiendo, hace tan solo unos meses había perdido a su padre y en aquel momento solo quería que alguien lo abrazara con fuerza, haciéndole entender que no estaba solo. Notó enseguida lo fría que se encontraba y resaltó en ella un perfume tan suave y dulce que mezclado con el aroma salino del mar le resultaba encantador... otra característica más que iba ser incapaz de olvidar. Emma se separó lentamente de entre sus brazos, un poco confundida de lo que había sucedido, por mucha empatía que sintiera, acababa de conocerla, le parecía realmente raro el hecho de que la abrazara, pero a la vez solidario y amable. Nunca nadie se había comportado de esa manera con ella al principio de conocerse, no pudo evitar el enrojecimiento de sus mejillas, pero aun así trató de esconderlas, aunque creo que el joven lo notó ya que se dibujó una leve sonrisa en su rostro. Este se empezó a alejar de muchacha para encontrarse con sus compañeros, al dar tan solo unos pasos se detuvo en aquel viejo muelle, la miró y peguntó: -¿A qué te referías con que el pescador murió por tu culpa? La chica se quedó quieta, perpleja ante la sorpresa de que había escuchado lo que dijo, y más aún que se acordara después de todo lo sucedido. La expresión de su rostro cambió drásticamente, la dulce doncella adolorida que mostraba tristeza y soledad en su mirada, se convirtió en reflejo de miedo y desesperación, con unos ojos llenos de temor, y no por su ser, sino por las demás personas. Las comisuras de sus labios formaron una línea recta, se quedó callada unos segundos, los abrió lentamente y expresó con seriedad: Mejor no quieras saberlo - terminó la conversación retornando la mirada al horizonte. Nick trató de seguir preguntando pero el llamado de sus amigos y la actitud de la joven le hicieron entender que esa conversación era para otro momento.
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