*MARCO*
No seré blando con ella, es una mujer muy astuta y le gusta llevarme la contraria, lo único que la hace sumisa a mí es cuando amenazo a su padre.
—Ni modo, es tu destino —dije, tratando de mostrar mi autoridad—. Pero necesitamos mantener las apariencias, al menos por ahora. Esta reunión es importante para mis negocios y no la vayas a echar a perder.
Sophie suspiró y asintió lentamente.
—Está bien, iré —dijo finalmente, levantándose de la cama—. Pero no esperes que disfrute de esto.
La observé mientras se dirigía al vestidor, sabiendo que, a pesar de nuestras diferencias y el resentimiento mutuo, estábamos en esto juntos. La reunión sería un desafío, pero también una oportunidad para demostrar que podíamos trabajar como un equipo, aunque fuera solo por conveniencia.
La esperé en la sala, mientras mi tío me explicaba los detalles sobre las navieras que el padre de Sophie había enviado. Este contrato era crucial para nuestros negocios, y saber que el cargamento estaba listo para salir me ahorraba tiempo y dinero. Mi mente estaba absorta en los números y las estrategias, sin embargo, de repente, mis ojos se desviaron hacia la figura femenina que descendía la escalera de caracol de lujo de mi casa.
Sophie, con un vestido elegante que resaltaba su figura, parecía un verdadero ángel. Cada paso que daba, la luz de los candelabros reflejaba en su cabello, creando un halo casi celestial. Por un momento, olvidé nuestras diferencias y el motivo de nuestro matrimonio. Solo podía admirar su belleza y la gracia con la que se movía.
Mi tío, notando mi distracción, sonrió y se despidió, dejándonos a Sophie y a mí solos en la sala. Ella se acercó, su expresión seria, pero con un destello de desafío en sus ojos.
—¿Lista para la reunión? —le pregunté, tratando de mantener mi tono neutral.
—Sí, estoy lista —respondió, su voz firme, pero con una nota de resignación.
Era consciente de que no tenía la oportunidad de disfrutar de estas reuniones, pero también comprendía la relevancia de mantener las apariencias. Le otorgué mi brazo y nos trasladamos a la residencia, preparados para enfrentar a nuestros colegas y continuar el viaje. A pesar de todo, en ese momento, éramos un equipo, unidos por un propósito común, aunque nuestras motivaciones fueran completamente diferentes.
—Compórtate a la altura —le dije antes de bajarnos del auto. Ella pujó de mala gana, sin embargo, no dijo nada más.
Nos mezclamos con los otros invitados, presentándonos. Ellos, sus esposas y yo a Sophie como la mía. Todo iba bien; ella amablemente conversaba con las otras esposas, sonriendo y asintiendo en los momentos adecuados. Luego, llegó el momento de bailar.
La música suave llenaba el salón, y las luces tenues creaban un ambiente íntimo. Tomé a Sophie de la mano y la llevé a la pista de baile. Ella me miró con una mezcla de resignación y desafío, pero siguió mi paso. Nos movíamos al ritmo de la música, y por un momento, casi parecía real. Sus ojos se encontraron con los míos, y por un segundo, vi algo más allá de la fachada que ambos manteníamos.
—Estás haciendo un buen trabajo —le susurré al oído mientras girábamos. Ella soltó una risa suave, casi imperceptible.
—No te acostumbres —respondió, pero había un brillo en sus ojos que no había visto antes.
La noche continuó, y con cada interacción, cada sonrisa falsa y cada palabra medida, nos íbamos sumergiendo más en nuestro papel. Pero en algún lugar, entre las risas y las miradas furtivas, algo genuino comenzaba a surgir. Tal vez, solo tal vez, esta farsa estaba empezando a convertirse en algo más. Ya llevaba tres copas de vino, y me estaba molestando la mirada de un tipo que desnudaba a Sophie con la mirada, ella sonreía cada vez que lo miraba.
La velada terminó y yo la tomé de la mano apretando un poco más, no sé qué demonios me estaba pasando, tal vez los tragos. Ella me tenía enfadado, porque sonreía descuidadamente a otro hombre. —Vamos a casa. —ordeno al chofer, el silencio era sepulcral, hasta que nos bajamos. Ella solamente se quejaba cuando apretaba su muñeca.
—¿Qué te pasa? ¡Suéltame!
—Entra al dormitorio. —el empuje hacia dentro.
Sus ojos se llenan de miedo… no sabe hasta dónde soy capaz de llegar… La distancia desaparece y mi mano acaricia la parte superior de su pierna de manera muy sensual, es como si fuese a colarse por debajo de su sexy vestido, pero cuando se empieza a excitar me detengo. — no te preocupes, no me interesa estar contigo — le digo, mirándole fijamente y luego aparto la mano para irme dejando su corazón latiendo a mil por hora en una mezcla de miedo y deseo
Sophie es realmente hermosa, pero no puedo permitirme caer en la tentación con la hija de mi enemigo. Con el corazón latiendo rápidamente y la mente llena de pensamientos conflictivos, me dirigí a mi dormitorio. Necesitaba un momento para calmarme y ordenar mis emociones. Cerré la puerta detrás de mí, dejándome caer sobre la cama mientras respiraba profundamente, tratando de encontrar la paz en medio del caos interno.
Mientras me recostaba en la cama, mis pensamientos seguían girando en torno a Sophie. Su sonrisa, su risa, la forma en que sus ojos brillaban cuando hablaba… todo eso me perseguía. Pero sabía que no podía dejarme llevar por esos sentimientos.
Me levanté y caminé de un lado a otro en mi habitación, tratando de despejar mi mente. Miré por la ventana, observando cómo el sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. La belleza del atardecer me recordó que, a pesar de las complicaciones, siempre hay algo hermoso en cada día.
Decidí que necesitaba distraerme, así que tomé un libro de mi estantería y me sumergí en sus páginas, esperando que la historia me ayudara a olvidar, al menos por un momento, la encrucijada en la que me encontraba.
—Tú tampoco puedes dormir. —La voz de Sophie me sorprendió.
Me giré rápidamente, encontrándola de pie en la puerta de mi dormitorio. Su presencia llenó la habitación con una mezcla de tensión y algo más, algo que no quería admitir.
—No, no puedo. —respondí, tratando de mantener la calma. —¿Qué haces aquí?
Sophie dio un paso adelante, sus ojos reflejando una mezcla de preocupación y curiosidad.
—Vi la luz encendida y pensé que tal vez necesitabas hablar. —dijo suavemente.
Me quedé en silencio por un momento, debatiéndome entre la necesidad de mantener la distancia y el deseo de dejarme llevar por la conversación. Finalmente, suspiré y asentí, invitándola a entrar.
—Supongo que podríamos hablar un rato. —dije, cerrando el libro y dejándolo a un lado. —¿Qué tienes en mente?
Sophie se sentó en el borde de la cama, mirándome con una intensidad que me hizo sentir vulnerable. Sabía que esta conversación podría cambiarlo todo, pero en ese momento, no me importaba. Necesitaba entender lo que estaba pasando entre nosotros, incluso si eso significaba enfrentar mis propios miedos y dudas.
Ella, con una mirada maliciosa, me invitaba a pecar. Sonreí, no soy un niño para caer en sus provocaciones, nuestra plática es trivial, pero nuestros ojos tienen una pelea sensual.
—¿No vamos a dormir juntos? —preguntó Sophie, su voz suave pero cargada de una mezcla de desafío y vulnerabilidad.
—No me apetece compartir la cama contigo. —respondí, tratando de mantener mi tono firme. Sabía que mis palabras podían sonar duras, pero necesitaba establecer límites claros.
Sophie frunció el ceño, claramente herida por mi respuesta. Dio un paso atrás, cruzando los brazos sobre su pecho como si intentara protegerse de mis palabras.
—¿Por qué? —preguntó, su voz apenas un susurro. —Pensé que… bueno, pensé que tal vez sentías algo por mí. —qué juego está jugando.
Suspiré, sintiendo el peso de la situación. No quería pelear, pero tampoco podía ignorar la realidad de nuestra situación.
—Sophie, no soy tonto. —dije, tratando de encontrar las palabras adecuadas. —Eres la hija de mi enemigo. No puedo permitirme bajar la guardia, no importa lo que hagas, no caeré en tus juegos.
Ella me miró fijamente, sus ojos llenos de una mezcla de disgusto y determinación.
—No puedes controlar el deseo. —dijo suavemente. —Y yo tampoco.
—Es inútil, no te deseo.
Nos quedamos en silencio por un momento, ambos luchando con nuestros propios pensamientos y emociones. Finalmente, Sophie suspiró y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la puerta.
—Supongo que debería irme. —dijo, su voz apenas audible.
La observé mientras se alejaba, sintiendo una punzada de pesadumbre. Sabía que había tomado la decisión correcta, pero eso no hacía que fuera más fácil. Mientras la puerta se cerraba detrás de ella, me dejé caer sobre la cama, preguntándome si alguna vez podré perdonar.