UN JUEGO QUE LASTIMA

1393 Words
*SOPHIE* El calor sofocante de la habitación me envuelve, y mi mente lucha por despejarse. A mi lado, él duerme profundamente, su respiración tranquila y regular. La luz tenue de la mañana se filtra por las cortinas, iluminando su rostro. Sus rasgos son suaves, como si el sueño hubiera borrado cualquier preocupación o tensión. Me pregunto qué estará soñando en este momento. Mis pensamientos oscilan entre la ternura y la frustración. ¿Cómo es posible que alguien pueda verse tan apuesto incluso cuando está completamente indefenso? Su cabello desordenado cae sobre su frente, y sus labios están ligeramente entreabiertos. Me pregunto si alguna vez ha tenido una pesadilla, si ha despertado sudando y asustado en medio de la noche. Pero ahora, aquí yace, sereno y ajeno a mis conflictos internos. ¿Por qué no puedo simplemente disfrutar de este momento? ¿Por qué mi mente insiste en recordarme todas las razones por las que debería estar molesta? Tal vez sea porque sé que esto no puede durar. Que cuando abra los ojos de nuevo, él seguirá siendo el mismo hombre complicado y distante que conocí. El mismo que me hace sentir como si estuviera caminando sobre vidrios rotos. Me muerdo el labio inferior, indecisa. ¿Debería despertarlo? ¿Decirle lo que siento? ¿O simplemente quedarme aquí, observándolo, antes de que el mundo exterior nos arrastre de nuevo a la realidad? No tengo respuestas, solo emociones confusas y un corazón que late demasiado rápido. Así que me quedo quieta, sintiendo el calor de su cuerpo junto al mío, preguntándome si alguna vez podré encontrar la valentía para decirle lo que realmente pienso. Por ahora, solo puedo quedarme aquí, atrapada entre el deseo de empujarlo fuera de la cama y la necesidad de mantenerlo cerca. Pero, a pesar de todo, sigue siendo el hombre que me hace sentir viva, incluso cuando todo lo demás parece desmoronarse. Mi mirada recorre su cuerpo tan solo cubierto por el bóxer que lleva puesto y debo respirar profundo para intentar mantener la coherencia. Es tan perfecto… Espalda ancha y trabajada, la línea baja de su espalda está perfectamente marcada y hasta sus glúteos están tonificados, sus piernas trabajadas y masculinas me son difíciles de ignorar y únicamente puedo imaginarlo sin ropa para seguir descubriendo sus atributos. —¿Qué haces en mi dormitorio? —el imbécil se ha despertado. Me quedo inmóvil, sintiendo el peso de su mirada sobre mí. ¿Cómo llegué a esta situación? ¿Cómo es que este hombre, con su actitud arrogante y su sonrisa burlona, ha logrado invadir mi espacio de esta manera? —Lo siento —murmuró, tratando de encontrar una respuesta coherente—. Me equivoqué de habitación. Pensé que era la mía. Él se cruza de brazos, sus ojos oscuros escudriñándome. —¿En serio? —dice con sarcasmo—. ¿Y cómo explicas que estabas a punto de empujarme fuera de la cama? Trago saliva, sintiéndome atrapada. —Eso… Bueno, fue un impulso momentáneo. No sabía que estabas aquí. —¿Un impulso momentáneo? —se burla—. Interesante. ¿Y por qué estabas tan cerca de mí? ¿También fue un impulso momentáneo? —No lo sé —confieso—. Supongo que… me pareciste guapo dormido. Pero eso no significa nada. Él sonríe, y mi corazón da un vuelco. —Así que me encontraste, guapo, ¿eh? —dice—. Tal vez deberíamos seguir explorando este impulso momentáneo. Me ruborizo, sintiéndome atrapada en una conversación que no sé cómo manejar. Pero algo en su mirada. Su agarre en mi muñeca es firme, y me encuentro atrapada en una especie de juego de voluntades. ¿Quién se rendirá primero? ¿Quién cederá ante la tensión que flota en el aire? —¿Por qué eres tan terco? —le preguntó, tratando de mantener mi voz tranquila. Él sonríe, y sus ojos se entrecierran ligeramente. —No es terquedad, es determinación. —Sus dedos acarician mi piel, enviando un escalofrío por mi espalda—. Además, este colchón es mucho más cómodo que el suelo. —¿Y qué pasa conmigo? —replico—. ¿No merezco un poco de comodidad? —Tú mereces muchas cosas —dice, su tono suavizándose—. Pero no puedo prometer que siempre serán cómodas. La ambigüedad de sus palabras me desconcierta. ¿Qué está tratando de decir? ¿Es una advertencia o una invitación? Mi mente da vueltas, buscando respuestas que no puedo encontrar. —Esto no tiene sentido —susurró—. No deberíamos estar aquí, discutiendo sobre colchones y comodidad. —Tienes razón —admite—. Pero a veces, las cosas más inesperadas son las que más sentido tienen. Y así, nos quedamos allí, enredados en una conversación que no tiene lógica, pero que parece inevitable. Dos almas chocando en medio de una habitación, luchando contra la gravedad que nos atrae el uno al otro. Y aunque no sé cómo terminará esta historia, estoy dispuesta a oponerme. Pero a veces, incluso los errores pueden llevarnos a lugares inesperados. El aire se espesa a nuestro alrededor, y siento que el mundo se tambalea. ¿Cómo es posible que mi pasado y mi presente colisionen de esta manera? Mi ex, el hombre que alguna vez amé, y él, el desconocido que ha irrumpido en mi vida de la manera más inesperada. —No entiendo —musito—. ¿Qué trato? ¿De qué estás hablando? Él se acerca, su mirada intensa. —Tu ex, estaba obedeciendo sus órdenes. Algo que involucra a mi familia. Pero no podía seguir adelante. No podía romper el trato que tenía contigo. Mis pensamientos se agitan. ¿Qué trato? ¿Por qué mi ex no me lo dijo? ¿Y cómo es que este hombre sabe tanto sobre mí? —¿Qué tiene que ver todo esto conmigo? —preguntó, sintiendo que el mundo se desmorona a mi alrededor. —Tú eras mi objetivo desde el principio —dice—. La razón por la que no podía seguir adelante. Porque se enamoró de ti, y no podía traicionarte de esa manera. Las lágrimas caen por mis mejillas, y mi corazón late con fuerza. ¿Cómo llegué a este punto? ¿Cómo es que mi vida se ha convertido en un enigma imposible de resolver? —¿Qué quieres de mí? —susurró, temiendo la respuesta. Él sonríe, pero no hay alegría en su expresión. —Quiero que seas una esposa obediente. Asiento, sintiendo que estoy en un abismo sin fondo. Pero también sé que no puedo dar marcha atrás. Por otra parte, de alguna manera, este hombre y yo estamos conectados por algo más grande que nosotros mismos. Y aunque no sé si puedo confiar en él, sé que no tengo otra opción. Así que me seco las lágrimas y me preparo para enfrentar lo desconocido. Porque, al final del día, todos tenemos secretos. Y algunos de ellos pueden cambiar nuestras vidas para siempre. Mi mente es un caso y no tengo fuerza para luchar en contra de la manera que él hace que yo vuelva a acostarme sobre la cama. El aire se vuelve denso, cargado de tensión y desafío. Sus rodillas aprisionan mi cuerpo, y su mirada me atraviesa como un cuchillo afilado. ¿Quién es este hombre? ¿Por qué ha irrumpido en mi vida de esta manera? —¿Tonto? —replico, mi voz más firme de lo que siento—. No sé quién eres ni qué trato tienes con mi ex, pero no me subestimes. Él sonríe, y su aliento roza mi piel. —No subestimo a nadie —dice—. Pero tú… Tú eres diferente. Esa mirada tuya, esa mezcla de inocencia y determinación, es peligrosa. Y no voy a caer en tus juegos. Mis emociones se agitan. ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué siento que estamos en medio de una partida de ajedrez, moviendo piezas invisibles en un tablero que no puedo ver? —No quiero nada de ti —le digo, mi corazón latiendo con fuerza—. Pero si crees que puedes intimidarme, estás equivocado. Él se inclina aún más cerca, su aliento rozando mis labios. —¿Intimidarte? —susurra—. No, preciosa. Esto no es intimidación. Es un desafío. Y estoy dispuesto a jugar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD