HUIR ES SU OBJETIVO

1364 Words
*SOPHIE* En la noche, un empleado me notifica que debo arreglarme porque vamos a salir. «No comprendo cómo alguien puede ser tan imbécil como él», pienso mientras me preparo. Ni modo, me toca obedecer. Me dirijo al vestidor y elijo un vestido elegante, uno que sé que le gustara, pero que también me hace sentir poderosa. Mientras me maquillo, no puedo evitar pensar en lo irónico de la situación. Él cree que tiene el control, pero no sabe que cada paso que doy es parte de mi plan. Cuando finalmente estoy lista, bajo las escaleras y lo encuentro esperándome en la sala. Su mirada de aprobación me irrita, pero mantengo una sonrisa en mi rostro. —Estás hermosa —dice, extendiendo su brazo para que lo tome. —Gracias —respondo, tomando su brazo con una sonrisa que no llega a mis ojos. Salimos y nos dirigimos a un restaurante exclusivo. Durante la cena, él habla de sus negocios y de sus planes, mientras yo finjo interés. Pero en mi mente, estoy planeando mi próximo movimiento. Sé que tengo que ser cuidadosa, hasta que menciona a mi padre. —¿Qué opinión tienes? —Estoy pensando quitarle la naviera a tu padre, es la mejor compensación a mi pérdida. —Te volviste loco. Eso no es lo que hablamos. —¿Cuándo escuchas lo que hablamos? —¿Qué quieres que haga? —digo a susurro. —Eso suena mejor. Lo has retrasado un poco. Buena chica. Después de la cena, me lleva a un club nocturno. La música es alta y las luces parpadean. Mientras él se distrae hablando con algunos conocidos, aprovecho para escaparme al baño. Allí, me miro en el espejo y me recuerdo a mí misma que esto es solo temporal. Pronto, todo cambiará. Regresó a la pista de baile y, para su sorpresa, empiezo a bailar con una confianza que nunca había mostrado. Veo la sorpresa en su rostro y sé que he logrado descolocarlo una vez más. Mis caderas se mueven al ritmo de la música y mis manos revolviendo mi cabello con sensualidad. Él me toma de la mano y me lleva a la mesa; de seguro no le gustó mi baile. Cuando uno de los meseros llega a nuestra mesa con una botella de champán, otro llega con algunos aperitivos. —¿Cuál es el plato que está de moda en este sitio? —Este señor. —explicó el mesero. —Te gusta, Sophie. —Ese está bien. —dije señalando. —Gracias. Come lo que quieras — manifiesta. —En mi imaginación creí que eras una bestia tratando con una mujer. —señaló, intentando llevar el juego a mi terreno. —No me conoces aún — dice en forma de broma, y creo que es la primera vez que río de manera sincera con él. —Básicamente, no. —respondí, y ahora es él quien ríe, su risa resonando cálida y genuina. —No soy tan cruel, Sophie. — dice con firmeza, sus ojos brillan con una armonía entre diversión y sinceridad. La conversación continúa mientras una serie de platos exquisitos llegan a nuestra mesa, cada uno más delicioso que el anterior. Me sorprendí a mí misma disfrutando de su compañía más de lo que esperaba. A medida que avanza la noche, me doy cuenta de que hay más en él de lo que había supuesto inicialmente. Su capacidad para hacerme reír y su manera de hablar con tanta naturalidad me hacen bajar la guardia poco a poco. La fiesta se convierte en una experiencia sensorial, no solo por la comida, sino también por la conexión que se va formando entre nosotros. Cada plato que probamos parece ser una nueva oportunidad para descubrir algo más sobre él. Sus historias, sus anécdotas, y la forma en que sus ojos brillan cuando habla de sus pasiones, todo contribuye a que me sienta cada vez más cómoda y abierta. —¿Eres un cautivador? —indagó, en bufa, y en serio, mientras disfrutó un bocado. —Cuando estoy con una persona que merece la pena. — respondió sin perder un segundo y me sonrojé ligeramente. La noche sigue su curso, y mientras brindamos con la última copa de champán, me doy cuenta de que esta cena ha sido mucho más que una simple comida. Ha sido un encuentro que ha desafiado mis expectativas y ha abierto la puerta a posibilidades que no había considerado antes. La conexión que siento ahora es innegable, y me pregunto qué más podría descubrir si continúo dejándome llevar por este inesperado, pero bienvenido giro de los acontecimientos. La música comienza a sonar suavemente en el fondo, y de repente, una de mis canciones favoritas llena el ambiente. No puedo evitarlo, me fascina la melodía y empiezo a corearla con entusiasmo. Mi voz se eleva, siguiendo cada nota con alegría. Él, por su parte, voltea a ver a su alrededor, claramente sorprendido por mi espontaneidad. Sus ojos se abren un poco más y una sonrisa divertida se dibuja en su rostro, aunque también parece un poco avergonzado. —¿Qué? ¿No te gusta mi canto? — le preguntó, fingiendo estar ofendida, pero con una sonrisa traviesa en los labios. —No es eso, es solo que… — responde, tratando de contener la risa. — No esperaba que te soltaras así de repente. —Bueno, alguien tiene que ponerle un poco de diversión a esta noche, ¿no? — digo, guiñándole un ojo mientras sigo tarareando la canción. Poco a poco, su expresión cambia de sorpresa a diversión genuina. Se relaja y empieza a seguir el ritmo con los dedos sobre la mesa, dejándose llevar por la música. La tensión inicial se disipa y la atmósfera se vuelve más ligera y alegre. —Está bien, admito que tienes buen gusto musical. — dice, finalmente, riendo. —Gracias, gracias. —respondí, haciendo una pequeña reverencia desde mi asiento. — Sabía que te convencería. La música continúa, y con ella, la noche se llena de risas y momentos compartidos. La conexión entre nosotros se fortalece, y me doy cuenta de que, a veces, dejarse llevar por el momento puede llevar a las experiencias más memorables. Mientras seguimos disfrutando de la velada, una mujer elegante se acerca a nuestra mesa. Su porte y su estilo impecable llaman la atención de inmediato. Al parecer, lo conoce bien, porque se dirige a él con una familiaridad que me sorprende. Le habla en italiano, un idioma que no manejo bien, así que no logro seguir la conversación. —Ciao, caro! Come stai? — dice ella, con una sonrisa radiante, antes de inclinarse y darle un beso en la mejilla. Él responde en italiano, su tono cálido y amistoso, pero no puedo entender lo que dice. La mujer entonces me mira con desdén, como si mi presencia fuera una molestia. Su mirada me hace sentir incómoda, pero trato de mantener la compostura. —Permíteme presentarte, — dice él, cambiando al español. — Sophie, esta es Loreta, una vieja amiga de la familia. Loreta, esta es Sophie. —Encantada, — digo, forzando una sonrisa mientras extiendo la mano. Ella me mira por un momento antes de estrechar mi mano con una leve inclinación de cabeza. —Piacere, — responde, su tono cortés pero distante. La tensión en el aire es palpable, y me pregunto cuál es la verdadera naturaleza de su relación. Ella se queda unos minutos más, hablando principalmente con él en italiano, antes de despedirse con otro beso en la mejilla y una última mirada evaluadora hacia mí. —Lo siento por eso, — dice él una vez que la mujer se ha ido. — No esperaba que apareciera. —No te preocupes, — respondo, tratando de sonar despreocupada. — Parece que tienes amigos interesantes. —Sí, algo así, — dice, riendo suavemente. — Pero prefiero estar aquí contigo. Su comentario me hace sonreír, y la incomodidad de la visita de la mujer comienza a desvanecerse. La noche continúa, y aunque la interrupción fue inesperada, también me ha dado una nueva perspectiva sobre él y su vida. No sé por qué me molestó, como si me interesara su vida romántica.
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