GABRIELA
La semana de vacaciones me la pase en las oficinas, a comparación de Boston aquí se laboraba con normalidad. Al llegar tuve la bienvenida más seca que se ha podido ver, Erick ni siquiera se inmutó cuando me vio llegar, algo que en el fondo de mi ser había hecho sentir mal. Pero supongo que es el estrés de tanto trabajo.
Por otra parte, había algo que me estaba fastidiando desde hace días atrás, y era Markus, cada día que pasaba con él se me hacía más complicado el hecho que se vaya y una parte de mí, esa parte super oculta, no quería que se vaya. Su rostro estaba rondando por todos mis sentidos, la barba y el bigote que tenía le daba un aire mucho más mayor, me había hecho respirar agitadamente en más de una ocasión.
Sin embargo, con todas mis fuerzas trataba de convencerme que lo odiaba, sí, lo odiaba, por haberme puesto de su maldita asistenta, durante el primer mes trabajando habíamos hecho un cambio. Maya había regresado a New york y Angie había ocupado su puesto, allá en Boston.
–¿Cómo van los preparativos? – preguntó mi madre, la miré y sonreí. Había cosas más importantes que mi jefe, sí, mi maldito jefe.
–Dani se está encargando de todo, quiero que la ceremonia se haga aquí– dije señalando la mansión de mis padres.
–Seria genial, y tu vestido, ¿ya lo tienes?
–Aún no mamá, centro de un mes iremos a buscarlo, no quiero apresurarme.
–Son una gran pareja, pero Erick no ha estado viniendo a visitarnos, se pasa los días con su asistenta de un lugar en otro, pero es solo trabajo– asentí lentamente, ¿juntos? Entendía que era su asistente y que tiene que estar pegada a él, pero no creo que eso sea siempre.
–¿Cómo está papá? – pregunté, al parecer mi padre había vuelto a la empresa.
–Contento, las cosas están yendo bien en todas las sucursales y mucho más en Boston.
–No lo dudo, Markus está que trabaja duro– mi madre me mantuvo la mirada un momento–, ¿qué?
–No, nada. han congeniado, ¿verdad? – preguntó interesada mientras se ponía de pie y me servía más tortitas. Mañana tenía que volver al trabajo, pero creo que no lo haré, quiero darle un pequeño coraje a mi jefe.
–Un poco, digamos que no lo soporto y él a mí, menos.
–Entonces falta poco para que se vaya de la empresa, tu padre estará muy contento con esa noticia– no dije nada, ¿cómo le digo que ahora trabajo como su asistenta?
–Sí, su salida está muy cerca, no lo dudes– dije y bebí mi jugo.
Cuando llegó la noche conduje hasta el apartamento a esperar a Erick. Ya iba a dar la media noche y no había rastro de él, me había empezado a preocupar, y cuando me dispuse a salir a buscarlo llegó todo ebrio.
–Joder Erick– dije mientras lo ayudaba a caminar–, no me digas que has venido conduciendo en este estado.
–¿Qué haces aquí? Ya deberías de largarte a Boston, no haces falta…ducha…una ducha– dijo arrastrando las palabras.
–Estás muy mal, lo que dices no tiene sentido– dije y lo llevé hasta la habitación, le quité la camisa y el pantalón.
–¿Crees que no sé cómo te mira? Trabajar de su asistenta, ¿Cuánto tiempo crees que me lo habrías ocultado? – me quedé quieta, eso solo lo sabían los de Boston, aunque no, también lo sabía Alessia.
–¿Cómo…te enteraste? – pregunté nerviosa.
–Alessia, mi guapa y jodida asistenta, la que tú me pusiste– dijo y se tumbó en la cama.
–Será mejor que descanses, mañana hablaremos– dije, pero aún me respondió.
–¡No! Vete, sí, vete. Lárgate a Boston con tu jefe ese, ¿sabes? No sé si sea buena idea casarnos, me tienes demasiado descuidado, y yo necesito atención.
Me quedé mirándolo sin poder creer lo que decía, apagué las luces y me fui hasta el salón. Me recosté en un sillón diciéndome a mí misma que todo lo decía por el alcohol, no sé cuánto pasó, pero me quede dormida.
–Gabriela– escuché entre sueño, solté un gruñido y seguí durmiendo–, Gabriela j***r, tienes que levantarte.
Abrí los ojos y Erick estaba esperando a que despertara.
–¿Qué pasa? – dije confundida.
–Ya es lunes, son las nueve, tienes que irte– dijo, ¿me estaba botando?
–Quiero quedarme– respondí.
–Es mejor que te vayas, tuve que esperar a que despertaras, ya me hice tarde– dijo y se dirigió al dormitorio.
–Erick– dije siguiéndolo–, pero ¿qué coño te pasa? Desde que llegué te has mostrado indiferente, ni siquiera me has tocado.
–¿Es un requisito? – preguntó y empezó a poner su camisa.
–Llevábamos varios días sin verse, sería lo normal que muestres un poco de interés en mi llegada– dije.
–Nadie te ha pedido que vuelvas, yo estoy bien, tú deberías preocuparte en organizar la puta boda– respondió, lo miré mientras se terminaba de vestir, esto era una puta broma.
–Es lo que hago, pero también te necesito– dije con la voz rota.
–Y yo necesito sacar adelante la empresa– tomó sus llaves y salió.
–¡Erick! – dije y lo empecé a seguir, cuando estaba por salir se giró y me espetó lo más cruel que me ha dicho.
–Cuando regrese no quiero verte aquí, ¿me oyes? – sus ojos verdes se clavaron en los míos, me cerró la puerta en las narices y se fue. Una lagrima rodo por mi mejilla, pero la limpie, no pensaba llorar por él. Lo pudo querer, pero en estos casos no merece mis lágrimas. Cogí mis cosas y las llevé hasta mi coche, estás vacaciones habían sido una mierda.
Tal y cómo me lo había pedido, me fui de New York hasta Boston, mi nuevo hogar era allá.
Al llegar a Boston pensé en ir a mi apartamento, pero mejor fui directa a las oficinas. Me había puesto un pantalón de vestir n***o y una blusa del mismo color, además mi chaqueta larga y mis tacones Luis Vuitton n***o.
Entré y para sorpresa mía Markus estaba en recepción, lo miré confusa.
–Oh, pero miren quien llegó. Llegas tarde Duncan– dijo mientras rebuscaba entre unos papeles.
–¿Qué haces aquí? – pregunté confundida.
–¿Quién murió? – dijo observando mi atuendo. > me hubiese gustado gritarle.
–Mi tranquilidad, digamos que estar aquí contigo es un martirio– respondí, él sonrió, pero no me respondió.
Me dirigí hacia el ascensor y cuando me dispuse a cerrar las puertas, Markus entró, lo miré frunciendo el ceño.
–¿Cómo estás? ¿qué tal las vacaciones? –preguntó de repente bien interesando, me crucé de brazos.
–¿Qué es lo que quieres? – pregunté sin entender su interés por mi vida.
–Saber cómo te fue, a mí me fue fenomenal, una semana para recodar toda la vida– dijo muy sonriente.
–Qué bueno– miré hacia el frente y me mantuve en silencio hasta llegar a mi oficina.
–¿Qué tal la boda? – preguntó, me giré bruscamente, ¿de qué iba?
–¿Qué es lo que quieres Markus? – volví a preguntar, las puertas se abrieron y salí inmediatamente.
Me dirigí hasta mi oficina y mi móvil sonó, lo saqué y vi que era una llamada de Erick, ¿le contestaba? Di aceptar.
–¿Diga? – me acerqué hasta mi escritorio y me senté.
–Oye, lo siento, ¿vale? No debí comportarme así, no mereces ese trato, yo estoy muy arrepentido, en estos momentos estoy yendo a Boston, te mereces mucho más, te quiero– no espero que le conteste y colgó, ¿vendrá? Sin querer sonreí como una idiota, ¡vendrá!
–Gabriela– escuché una voz, me giré y era mi jefe.
–¿No sabes tocar?
–Eh, sí– dijo y cerró la puerta, unos segundos después llamó–, ¿puedo pasar?
Sonreí y me acerqué abrir la puerta.
–¿Qué pasa? – dije.
–Te recuerdo que hoy tenemos audiencia, empieza a las doce– me quedé de piedra, no podía ir a la audiencia, Erick vendrá y tengo que estar con él.
–No podré– dije sin más. Markus que ya estaba saliendo de mi oficina, me miró esperando una explicación–, Erick está en camino y voy a estar con él.
–Tu trabajo está primero Gabriela– respondió irguiéndose en todo su resplandor.
–Mi prometido está primero– dije y su semblante cambió.
–Te espero en veinte minutos, nos vamos a la audiencia. Si han querido estar cerca, pues han tenido toda la semana.
Después de unos minutos mi puerta se abrió y allí todo guapo y con un ramo de flores estaba Erick, sonreí y corrí hacia él, inspiré su fragancia y lo rodeé con los brazos, lo tenía al fin conmigo, y yo lo quería tanto.
–Te quiero preciosa– me susurraba.
–¡Pero que sorpresa! Muchas gracias por venir– dije y le di un beso en los labios, empezamos lento, pero luego introdujo su lengua en mi boca y el ambiente empezó a subir de temperatura.
–Disculpen– dijo alguien a la vez que carraspeaba, me separé de Erick y vi de quien se trataba, como no, Markus.
–¿Necesitas algo? – pregunté furiosa.
–Nos vamos a la audiencia, el coche está esperando, apresúrate. Que tal– dijo mirando a Erick.
–¿Te irás? – preguntó mi novio con cara de pocos amigos.
–Claro que no, mejor vayamos a mi apartamento– dije, me dirigí hacia mi bolso y juntos salimos. Cuando ya estábamos cruzando la gran puerta Markus volvió aparecer.
–¡Gabriela! El coche esta por allá– dijo apuntando hacia la otra puerta de salida, me giré y lo vi con superioridad.
–Olvídame– dije y seguí caminando, no me dio tiempo de protestar, ni siquiera lo vi venir. Pero Markus se puso a mi lado y me cogió por el brazo, Erick miro lo que pasaba completamente sorprendido, pero al segundo estaba pisándome los talones.
–Suéltala– dijo, Markus se detuvo y lo miró.
–Está en horario de trabajo, no la vengas a distraer– Erick sin pensarlo se abalanzó sobre Markus.
–¡Erick! – grite al verlos en el suelo, j***r. Erick le estaba dando una masacré. Intente separarlos, pero ambos eran demasiado fuertes, y cuando parecía que Erick ganaba, Markus se levantó y empezó a darle puñetazos a mi novio–, Markus, ¡NO! ¡Ayuda por favor!
Los empleados se acercaron y trataron de separarlos, pero no podían, estos hombres eran demasiado fuertes.
Hasta que los de seguridad aparecieron y dos cogieron por los brazos a Markus, miré a Erick horrorizada, su cara estaba cubierta de sangre.
–¡Maldito! –grité empujando a Markus y agachándome–, Erick, cariño, j***r, vamos levántate.
Poco a poco ayude a Erick a ponerse de pie, ante la mirada atónita de todos los presentes, la verdad es que ambos estaban un desastre, Markus tenía el labio partido, y Erick la ceja.
–Cariño– dije pasando mis manos por sus heridas, pero este me empujo y se dirigió a Markus.
–Te mataré–la voz de Erick estaba contenida de tanto oído que hasta se me rizo los vellos del cuerpo.
–Yo también– respondió Markus con una sonrisa, poco a poco me acerqué a Erick, pero este paso por mi lado y se subió a su coche.
–¡Erick! – grite mientras iba tras él, no podía conducir así, estaba muy herido–, detenlo– dije a Markus, pero ni siquiera se inmutó.
–Si quiere irse, déjalo– se giró y entró, mientras que yo me quedé observado como el coche de mi novio desaparecía.
Entré en la oficia de Markus, una chica le estaba curando las heridas.
–¿Puedes dejarme a solas con él? – ella asintió dudosa, y sin pensarlo cogí un jarrón que había allí y se lo lance, pero Markus tenía buenos reflejos, asique se agachó a toda prisa. El jarrón choco contra la pared y se hizo añicos.
–No me lo puedo creer, segundo intento de asesinato, esto ya no está bien– lo mire fijamente.
–¿Por qué lo hiciste?
–¿Hacer qué? – preguntó aún con la vista fija en el piso.
–¿Por qué le respondiste el golpe? Hubieras detenido esa pelea, ¡pero no lo hiciste y ahora tiene una ceja rota!
–¿Todavía lo defiendes? Créeme que no se me ha pasado desapercibido los empujones que te dio.
–Estaba molesto, ¿qué querías? ¿qué me trate como princesa? – entrecerró los ojos y se apoyó en su escritorio.
–Oye, todo hombre por más molesto que esté debe tratar a su pareja o a cualquier mujer como una princesa– dijo muy serio, solté una risa histérica.
–¿Tú qué sabes de buen trato?
–Mucho más que tu novio– respondió, se me borro la sonrisa.
–¿Piensas ir así a la audiencia?
–No hay ninguna audiencia– respondió muy sonriente, ¿qué?
–¿Cómo?
–Lo que escuchaste, no hay ninguna audiencia.
–Pero ¿qué es lo que te pasa? ¡Eres un imbécil! ¡Yo quería estar con mi novio! – dije respirando agitadamente, y unas ganas fuertes de llorar me atraparon. >
–Porque yo…– dijo, pero dudo al final.
–Pero ¡¡¿tú qué?!! – grité, solo me miraba y no respondió nada–Eres un ser muy malo, no sabes de buen trato, no sabes de amor, ¡no sabes amar!
–¿Y desde cuando a ti te importa si se amar o no? – con el dorso de mi mano me limpie las lágrimas.
–Es una lástima que Alessia te tenga como novio– respondí.
–¿Sabes qué es una lástima? –preguntó con veneno en sus palabras. Y poco a poco se fue acercando hacia mí–Que no te des cuenta que te están viendo la cara de estúpida.
Pestañe varias veces para similar sus palabras.
–Tú no sabes nada sobre mí.
–Puede que no, pero sé lo importante y créeme, no te gustará saberlo– se giró y regreso a su escritorio. Negué con la cabeza y salí de su oficina, corrí hasta la mía y lloré amargamente, después de todo no fue buena idea venir a Boston.
Después de varios minutos pensando, decidí volver a donde estaba Markus, pero cuando entré en su oficina no había nadie. Salí a buscarlo y cuando pasé por la sala de juntas lo vi sentado, estaba solo. Entré y me paré frente a él.
–Renuncio– susurre, él levantó su mirada y me miró confuso–, renunció, no quiero seguir aquí. He decidido volver a New York, tengo una boda que organizar, y quiero céntrame en ella. Mi carta de renuncia esta sobre su escritorio– me dispuse a salir, pero me retuvo.
–Gabriela, espera, no…no puede renunciar, esto también es suyo– dijo preocupado.
–No me interesa, solo quiero volver a casa, con mi novio– me giré y salí en dirección del estacionamiento, puse en marcha el coche y salí disparada. En esta ocasión no volvería con Sam, él se había acostumbrado mucho aquí, así que decidí dejarlo a cargo de mi puesto.
Llegué a mi apartamento y empaqué mis cosas, una vez listo todo, salí con las maletas y recorrí el largo camino hacia New York. Cada cierto tiempo me detenía, la impotencia de no haber logrado mi objetivo en esa empresa me estaba ahogando, sentía que me asfixiaba.
Unas horas después llegué a mi apartamento, había un coche desconocido, estacioné mi coche en su plaza y entré. Al abrir la puerta me lleve una sorpresa grandiosa. Alessia estaba sentada mirando la Tv, y a su lado estaba Erick, dormido. Al verme se puso de pie nerviosa.
–Señorita– dijo mirando a todos lados.
–¿Qué haces aquí? – pregunté, me acerqué hacia donde estaba y observé que Erick tenía las heridas completamente curadas. ¿Fue ella quien lo hizo?
–El señor me comunicó que se había pelado, y me dijo si pudiese venir ayudarlo.
–Se peleo con Markus, ¿también lo sabias? – pregunté, y al ver su reacción era obvio que no.
–¿Cómo dice?
–Que se peleó con Markus– respondí mirándola de pies a cabeza.
–Yo…lo siento tanto, Markus a veces no controla su ira, discúlpelo.
–Necesito que te vayas, ahora seré yo quien se encargue de todo, y, por cierto, ya no hace falta que vayas a la empresa, de ahora en adelante seré yo– anuncié y le abrí la puerta.
–Pero…el señor.
–Ya está dicho Alessia, esta despedida– respondí, ella miro a Erick esperando que despierte, pero no fue así. Salió sin decir nada y la observé subir a su coche, algo no iba bien, ¿se habían liado? Miré a Erick y fruncí el ceño. Sea lo que sea que me oculten lo descubriré.