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1463 Words
—Siempre lo ha estado. Siempre lo ha estado, y eso no es un secreto para ambas, él necesita ayuda y la que viene a un grupo de apoyo soy yo. Que irónica me saliste, vida. —¿Cómo puedes ser tan fría? Finjo que no me dolió esa pregunta. Claro, yo siempre soy la fría, la inútil, la que no importa. ¿Cómo no puedes ver todo lo que me han dañado? Mi visión se nubla, no me permitiré autoarruinar mi flow, si Nick no pudo nadie podrá. —No lo entiendes. —susurro menos firme que antes. Ariadna da un paso al frente y toma mi mano. Ya me estoy asustando, ¿Ariadna considerativa? ¿Estará bien? Su visión también se torna líquida. Ahora sí, que corra el pánico. —Papá tuvo una recaída. —informa seriamente. Evaluando mi reacción. No. —¿Qué? —emito quieta. —Está muy ausente. —solloza en mi hombro. No puede ser Sigo rígida. ¿Papá? ¿Tan grave está? —¿Qué tan grave está? —debo de saberlo, mis ojos se cristalizan. Ariadna se aleja, no me gusta su cara. —Si no lo convencemos de que vaya a rehabilitación… lo podríamos perder. —No, no, no, no —repito derrumbándome—. No él también, no podemos. Ella me congela con su mirada. —Estás contenta ¿no? Esto es lo que querías. Pero qué… —¿Qué? —frunzo mi ceño. Tan cruel me cree. —Todo esto es tu culpa —una lágrima baja por su mejilla, y me duele mas a mí que a ella. —¡¿Mi culpa?! —perdí el control—. Yo que siempre estuve ahí y no lo vieron. Yo que insistía en la rehabilitación. Yo intenté hacer algo por él. Mi rabia y prepotencia brotaban por mis ojos y caían como gotas por mis mejillas. ¿Cómo puede ser tan indiferente conmigo? Soy su hermana, sé que mi decisión la ve como un abandono. Pero yo no los dejé, ellos me alejaron. Y llegar al grado de hacerme sentir culpable, me debe de estar odiando mucho. Y no, no quiero que me odie, la quiero a mi lado, conmigo en todo como las hermanas que somos, y duro saber que los problemas nos separan, desatan ese lazo que siempre nos unió. —Desde que te fuiste papá ha tomado más de lo usual. Bien, ahora sí me siento miserable, no me arrepiento de haberme ido sino de irme en malos términos. Igual no es mi culpa, era ella quien alimenta su adicción, no yo. —Y de seguro le sigues comprando Whisky. —zanjo dolida porque no soy la única culpable. —No tengo energía para pelear contigo —cierra sus ojos cansados—. Papá quiere verte, quiere saber de ti. Ve a verlo, no te pido más. Miro su silueta irse, me deja. La necesito conmigo, pero es mejor así, no nos dañamos ni herimos mutuamente, al menos yo no tengo la resistencia para seguir peleando. Y eso es lo que pasa cuando estamos en el mismo lugar. Peleas. Desde que me fui he tenido mas peleas que ganas de pelear. Lo acepto, me rindo, debo ir a verlo. “Todo es tu culpa" No, no puede ser mi culpa. “Desde que te fuiste ha tomado más de lo usual" No, el hecho de que haya colaborado no me hace culpable. No, no soy culpable. —No lo soy. —me susurro y es inútil gastar mis ánimos en eso. Si no soy culpable porqué me siento como si en verdad todo fuera por mi culpa. —Sí lo soy. —no me contengo más, me dejo fluir. Ojalá mi manera de fluir fuera llorando como todos, para mí la única forma de poder lidiar con el dolor era golpeando cosas, destruyéndolas. Quizá quiero dejarlas como yo. Rotas. Tomo mi patineta, y la tiro contra el suelo con mucha fuerza, con mucho odio. Lágrimas me impiden ver, pero de nada sirve cuando es la ira quien me ciega. Siempre he sido “Ariana, la chica de los problemas" y cargar con esa etiqueta nunca me ha parecido. Soy caótica, problemática y conflictiva. Muy mala para ser buena. Esa es la gran Ariana. La Ariana de la cual lloro y golpeo. No sé cuantos golpes ha tenido mi patineta, pero sigo arrojándola al suelo, cada vez con más ira. Quisiera ya no ser yo. Nadie quiere ser ni la mitad de lo que soy. No soy admirable en nada, soy un desastre en todo. He roto la patineta en dos, y ¿me basta? Oh, no, claro que no. La rabia es tanta que desconozco como detenerla, como deshacerme de ella. Nadie se ha sentido afortunado ni seguro a mi lado, nunca enorgullezco a alguien, jamás me ordeno, jamás tengo control, jamás puedo sanar, jamás puedo olvidar. ¿Rencorosa? Y a grandes escalas. No recuerdo cuando empezó esto, solo sé que parece no tener final. Y sí lo tiene yo no estaría ni cerca de él. Sigo golpeando, golpe tras golpe y no paro ¿para qué? Soy tan caótica que daño a todos los que me rodean. El dolor en mi pecho me comprime en mi totalidad. Ya no duele, ahora arde y quema. Como si fuese un incendio. Entonces, justo donde mi enojo disminuía, alguien me roba la patineta o los trozos de ella. Sé quien es, por su ropa y vestimenta, se agacha igualando alturas. —Que culpa tiene de no ser un monopatín ¿Eh? No quiero responderle. Limpio mis mejillas y mis manos duelen, las muevo y veo zonas rojas, nudillos hinchados, tendría unos moretones fastidiosos toda la semana. Lo que me faltaba. Enfrento su mirada dulce. No, dulce no, patética. Su mirada patética. Ash, ¿Por qué sonríe siempre? Patético servicio. De: mí. Para: Derilf. —¿Cómo lograste pasar? —Unos cincuenta dólares siempre abren todas las puertas. Me fallas Derilf, como me traicionas así. —¿Cincuenta? Zedd tenía que darme la mitad, se aprovechó el muy sínico. —Te daré el doble si me respondes algo. Por su voz y cara me niego a responder, me va a preguntar por algo muy personal, como lo que acaba de presenciar. —No quiero hablar sobre eso, Nick. Me pongo de pie y lo esquivo, no estoy para sus payasadas. Si solo no me retuviera del brazo, solo así hubiese sido feliz y libre. —Respóndeme. —su voz sonó dulce, casi adorable. La miel de sus labios no toca mis oídos. Conservo mi cara de “Suéltame y conocerás la paz". —¿Qué? Juro que su rostro se solidificó, parecía ser pavimento duro, así de serio estaba. —¿Te autolesionas? De un tirón le arrebato mi brazo, me ofendió, qué clase de imbécil es este. —Tantos payasos sueltos y los circos en quiebra. —niego indignada, retomo mis planes que hasta ahora no son… ningunos, solo salir de este hospital. —Solo me preocupaba por ti. —Sí y patricio es un círculo. Por fin, la salida se abría ante mis ojos, y bueno, aquí le llegó su momento al Nickcito. Se atraviesa. Como en todo el día, como en mi vida. —Ariana. Cierro los ojos. No lo golpees, sé amable. —¡QUÉ QUIERES! —¿Almorzar contigo? —Por qué aceptaría. —Porque no tienes comida en la tienda, vives de la comida de este hospital y hoy se te olvidó ir por tu porción. —Aún estoy a pasos de la cafetería. —cruzo brazos. —Se acabó el pastel de pollo. —No —lamento bajando la mirada, me quedé sin almuerzo… Esperen… elevo mi cara mirándolo perpleja— ¿Cómo sabes todo eso? Me está asustando todo lo que sabe, ¿cómo logró obtener tanta información sobre mí? —Te lo dije, soy espía. Me guardo la bofetada. —Eres espía y me crees estúpida. Eres una mala persona. Aléjate de mí y déjame en paz. —Tenemos un proyecto juntos. —Tienes —le corrijo—. Yo nunca acepté. —Almuerza conmigo y te dejo en paz. —No puedo, no te conozco. —Conóceme. —No, gracias. Tengo que trabajar porque mi vida no se sostiene sola. Hasta nunca, que te vaya de maravillas friendo espárragos en algún bosque. —me marcho sin ver atrás, con la seguridad de que ese sería un día normal. En serio pensé que ese era fin. Que ya no me lo volvería a topar. Pero, siempre, pero, odios los pero. PERO… no fue así y como en todo me equivoqué. Si hay algo que deben saber de Nick es que… no sabe rendirse.
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