Nyxara permaneció inmóvil, mirando el cuerpo sin vida del guardia frente a ella. Las sombras, que hasta hacía un momento la habían protegido, ahora se retiraban lentamente, dejando atrás una densa oscuridad que parecía devorar todo a su paso. La niña, con el corazón latiendo con fuerza, se arrodilló junto al hombre, observando cómo la luz se desvanecía de su cuerpo, reemplazada por la quietud mortal.
La sensación de que algo estaba terriblemente mal la envolvía. Las sombras, que antes habían sido su refugio, ahora le parecían algo oscuro y ajeno. Algo que no podía controlar. Algo que había causado la muerte de un hombre
― ¿Soy... una maldición? ― su miedo se intensificó
Las lágrimas comenzaban a acumularse en su rostro. Su pequeña figura temblaba, no solo por el frío de la noche, sino por el peso de lo que acababa de hacer. Las sombras se disiparon poco a poco, dejando el aire pesado y opresivo. Nyxara sentía una extraña sensación en el pecho, como si la oscuridad estuviera tomando su lugar, llenando cada rincón de su ser.
A lo lejos, el sonido de pasos le hizo levantar la vista. Al principio, pensó que era una ilusión de la mente, una alucinación provocada por el miedo, pero no lo era. Era otro guardia. Y esta vez, parecía estar acompañado de más personas. El temor creció dentro de Nyxara. No entendía qué estaba sucediendo, pero sabía que el cuerpo del hombre caído no pasaría desapercibido. No quería que los demás vieran lo que había hecho. No quería que la llamaran maldita o que la culparan por lo que acababa de ocurrir. Sin embargo, algo dentro de ella la impulsó a levantarse rápidamente, alejarse de la escena y buscar refugio.
Al principio, sus pasos fueron cautelosos, pero al sentir la creciente presión, la necesidad de huir la obligó a moverse con más rapidez. De repente, sintió la familiaridad del viento en sus alas, que se desplegaron instintivamente, y sin pensarlo más, la niña comenzó a elevarse hacia el cielo nocturno. El aire frío golpeó su rostro mientras sus alas la impulsaban hacia arriba, llevándola más allá de las copas de los árboles.
― ¿Por qué soy así? ¿Por qué no puedo controlarlo? ― murmuro mientras se alejaba
Mientras ascendía en el aire, la densa oscuridad del bosque parecía perseguirla. En sus pensamientos, las sombras se deslizaban con ella, como si no pudieran separarse. El sonido de las alas de los guardias cortando el viento la alcanzó, y se giró por encima de su hombro, solo para ver una figura moviéndose en el aire, más allá de los árboles. Docenas de guardias persiguiéndola
― ¡Maldita! ¡No te escaparás! ― le gritaban con furia
Los otros guardias se unieron rápidamente, rodeándola en el aire. Nyxara, aterrada, aceleró su vuelo, buscando un lugar donde esconderse. Sin embargo, al darse cuenta de que no podía huir para siempre, se detuvo bruscamente entre las sombras de un antiguo árbol, escondida en un pequeño claro donde la oscuridad parecía más profunda.
Los guardias comenzaron a bajar en círculos alrededor de ella, sus alas cortando el aire con rapidez, creando un remolino de viento. Nyxara trató de mantener la calma, pero el miedo era demasiado grande. No entendía lo que estaba pasando ni por qué estos hombres la perseguían, pero sentía que la oscuridad la rodeaba, como si estuviera invadiendo su mente.
Los guardias apuntaban sus lanzas hacia ella ― Tu maldición ha ido demasiado lejos. ¡Es hora de que pagues por lo que has hecho! ― sentenciaron
Nyxara se tensó, mirando la lanza que el guardia llevaba, un arma letal. Instintivamente, las sombras comenzaron a moverse a su alrededor, envolviendo su cuerpo. Los tentáculos oscuros de oscuridad se alargaron, comenzando a formar esferas densas que flotaban a su alrededor.
El guardia, al ver esto, dio un paso atrás, sorprendido ― ¡Es demasiado tarde para ti! ― gritó, levantando su lanza con determinación ― La magia oscura no puede ser permitida. ¡Debemos detenerte antes de que crezca más! ―
― ¡No quiero hacerles daño! ¡No quiero! ― sollozo Nyxara tratando de detener a la oscuridad que trataba de protegerla
Las sombras, sin embargo, no hicieron caso a sus palabras. Protegían a Nyxara, como si tuvieran vida propia, rechazando cualquier intento de acercamiento. En un parpadeo, una esfera oscura se disparó hacia uno de los guardias, quien no pudo evitarla. Fue un impacto directo y brutal. El guardia cayó, su cuerpo suspendido por la fuerza de la magia oscura, antes de desplomarse sin vida en el suelo.
La niña, horrorizada, miró el cadáver del guardia y retrocedió, aterrada por lo que acababa de hacer. Sus manos temblaban ― No... no quise... ―
Un grito de pánico resonó entre los árboles. Otros guardias llegaron al lugar, pero se detuvieron al ver el resultado de la magia oscura que Nyxara había liberado. Su poder había crecido, y con él, el peligro.
― ¡Es demasiado tarde! ¡La maldición está viva en ella! ¡Muere por tu propia oscuridad, niña maldita! ― gritaron los guardias aterrados por lo que veían
Nyxara, llena de desesperación y miedo, comenzó a volar nuevamente, pero ahora sus movimientos eran erráticos. El miedo la empujaba a huir sin rumbo, sin detenerse, mientras las sombras la seguían, como si la protegieran, aunque ella ya no sentía la misma seguridad que antes
La huida de Nyxara no duró mucho. Mientras volaba desesperada entre los árboles, escuchó el sonido característico de las alas de los guardias acercándose a gran velocidad. Estos hombres no eran como los anteriores, esta vez eran soldados del Rey. Sabía que no podía escapar de ellos, y mucho menos enfrentarse a lo que estaba por venir. La magia que había liberado, la magia oscura, ya no la sentía como su aliada. En su lugar, sentía un peso, como si el aire estuviera cargado de desesperación y culpa. Las sombras, que antes la habían protegido, ahora parecían seguirla con más tenacidad, sin importarle la pequeña niña que luchaba por entender lo que sucedía a su alrededor.
De repente, uno de los soldados que volaba tras ella sacó de su cinturón un cristal n***o, un objeto mágico que reflejaba la luz de manera inquietante, absorbiéndola. Nyxara lo vio con horror: los cristales negros eran conocidos por su capacidad para anular cualquier tipo de magia, incluso la más poderosa. Sabía que, si la tocaban, no solo perdería el control sobre las sombras, sino que podría quedar completamente indefensa
El guardia apunto hacia la niña y arrojó el cristal con determinación ― ¡Este será el fin de tu maldición, niña! ―
Nyxara intentó volar más rápido, pero el aire estaba cargado de presión. La tristeza, la ira y el miedo la envolvían, y cada vez que sus alas batían más fuerte, el peso de lo que había hecho envenenaba su corazón. Las sombras, como si pudieran sentirlo, comenzaron a oscurecer el cielo, creando un torbellino de oscuridad que dificultaba la visibilidad. Pero no era suficiente. El guardia con el cristal n***o la alcanzó rápidamente y, con un hábil movimiento, apuntó directamente hacia ella ― ¡Esto acabará contigo! ―
El cristal explotó en una chispa de energía oscura, envolviendo a Nyxara en una ola de vacío. La niña sintió que toda su fuerza se drenaba de su cuerpo, y las sombras se disiparon inmediatamente, como si estuvieran siendo absorbidas por el cristal. Cayó, con las alas arrugadas, al suelo con un golpe seco. El aire se le escapó de los pulmones al chocar contra el suelo, pero no tuvo tiempo de reaccionar.
Los soldados descendieron rápidamente ― ¡Está caída! Rápido, asegúrense de que no escape ―
A duras penas, Nyxara tenía fuerzas y trataba de levantarse, pero su cuerpo se sentía pesado, débil. El cristal n***o le había robado toda la energía mágica que poseía, dejándola completamente vulnerable. Los guardias comenzaron a rodearla, y uno de ellos la sujetó fuertemente por los brazos, inmovilizándola
― ¡No... no quiero hacerles daño...! ¡No soy mala! ― suplicaba la niña ahora indefensa ante el grupo de solados. Pero sus palabras fueron ignoradas.
El capitán de los soldados la miró con indiferencia, sus ojos fríos y decididos ― La maldición ha crecido demasiado. Debemos llevarla al castillo. No podemos permitir que esta oscuridad siga creciendo ― su voz llena de despreció
Nyxara no entendía. ¿Cómo podían llamarla maldita si solo intentaba entender lo que sucedía dentro de ella? Pero su miedo era tan grande que no pudo responder. En su mente, las sombras volvieron a susurrarle, pero ahora parecían distantes, inalcanzables
Con cada paso que daban, Nyxara sentía que algo dentro de ella moría. La oscuridad de su poder parecía apoderarse de ella, pero también la llenaba de una sensación de soledad abrumadora. La habían dejado sola, sin su madre, sin su familia, sin su refugio.
Los soldados la llevaron de vuelta a la villa, dejándola en una celda hecha especialmente para ella, donde las puertas se cerraron tras ellos, dejando a Nyxara atrapada en un mundo que no comprendía. En ese lugar, rodeada de cristales negros que aniquilaban toda magia, la niña maldita fue encarcelada, su futuro incierto y su destino marcado por la magia oscura que ni siquiera ella misma entendía por completo.