La soledad de Nyxara

1962 Words
El sol comenzaba a desaparecer en el horizonte, tiñendo el cielo de un naranja tenue que poco a poco se fundía con la oscuridad. En el interior de la villa, el ambiente estaba impregnado de una quietud que siempre parecía envolver a Nyxara. Ella observaba a través de la ventana, como una sombra más, sin que nadie la mirara de vuelta. Los sirvientes que alguna vez la habían cuidado se habían ido, desplazados por el miedo que la magia oscura de la niña había despertado. En su lugar, solo quedaban unos pocos guardias que, cuando no la ignoraban, la trataban con frialdad y desdén. Nyxara, a sus seis años, entendía poco de la razón por la que todos la evitaban. No entendía el temor en sus ojos, ni el susurro de los sirvientes cuando pasaba cerca de ellos. Solo sabía que su madre ya no estaba allí, para llenarla de palabras dulces y de la seguridad de que, aunque el mundo la rechazara, ella siempre sería su pequeña. Celestia, la única persona que le mostró amor, se había ido, y el vacío que dejó parecía engullirla aún más. La madre de Nyxara siempre le había dicho que era hermosa, que su piel de porcelana y sus alas cristalinas eran un regalo del reino de las hadas. A pesar de ser tan diferentes a las hadas de su r**a, Celestia le aseguraba que era única. Sin embargo, la niña nunca comprendió por qué los demás la miraban con temor y se apartaban de su camino. En los recuerdos de su madre, había cariño, pero en la villa, la gente la trataba como una extraña. La magia oscura que comenzaba a despertar dentro de ella era la culpable de ese temor. Por la noche, cuando las luces de la villa se apagaban y todos los habitantes se retiraban a sus hogares, Nyxara caminaba hacia el borde del bosque. Ese lugar, lejos de la mirada de todos, la hacía sentir menos sola. El bosque parecía protegerla, abrazarla en su oscuridad. Era en esos momentos cuando se sentía más conectada a algo, a algo más grande que su miedo. El canto de las criaturas nocturnas, el crujir de las ramas al viento, todo parecía calmar su angustia. Las sombras, aquellas que siempre la habían observado en silencio, parecían responder a su presencia. Poco a poco, Nyxara comenzó a notar que esas sombras no la lastimaban, no la rechazaban como las personas de la villa. De hecho, parecían seguirla, danzando a su alrededor con una suavidad inquietante. Sin comprenderlo completamente, la niña se dio cuenta de que había algo diferente en ellas, algo... especial. ― ¿Podemos ser amigas...? ― murmuro la pequeña mientras estiraba sus manos hacía las sombras En ese momento, las sombras se alzaron a su alrededor, como una capa que la envolvía. Nyxara se echó a reír, su voz suave y temblorosa, como si por fin, en ese rincón oscuro, hubiese encontrado algo que la aceptaba, algo que la entendía. De repente, la niña no se sintió tan diferente, tan rechazada. La oscuridad, que tanto temían los demás, la acogía Pero ese momento de paz no duró mucho. En cuanto la luna alcanzó su punto más alto, una sensación de incomodidad comenzó a formarse en el estómago de Nyxara. Las sombras parecían más densas, más intensas, como si respondieran a su miedo y su soledad. Se concentró en su corazón, en su tristeza, y a medida que lo hacía, las sombras se intensificaron, formando formas que danzaban con ella. Vieron formas humanas, pequeñas figuras que comenzaban a tomar forma frente a sus ojos. No era solo una creación de su mente. Las sombras se convertían en seres, en figuras que se movían, que parecían jugar a su alrededor. ― ¡Miren! ¡Es como jugar con amigos! ―sonrió ella al ver las sombras formando figuras Nyxara jugaba con las sombras como si fueras sus compañeras, corría por el bosque finalmente sintiéndose acompañada por la oscuridad, pronto notó que las sombras no la abandonaban y estaban con ella a cada paso. Las figuras que había formado con su magia oscura comenzaron a moverse de manera más autónoma, y en cuanto una rama de un árbol cercano crujió, las figuras se adelantaron y rodearon a Nyxara. La niña, aterrada, se dio cuenta de que las sombras no solo estaban allí por su deseo de jugar, sino para protegerla, Nyxara tuvo un sentimiento de calidez en su interior, ella era protegida y amada, así fuera por la oscuridad Aquel fue el primer indicio de la fuerza de su magia. Era como si las sombras tuviesen vida propia, como si pudieran responder a sus emociones y protegerla del peligro. Aunque Nyxara no comprendiera su poder, la magia oscura ya había comenzado a manifestarse de formas que no podía controlar. En ese momento, la niña, aún con la inocencia de su edad, no sabía si esto era algo bueno o algo malo. Solo sabía que las sombras, así como su madre le había dicho alguna vez, siempre estarían allí para ella. El viento nocturno acariciaba su rostro mientras Nyxara se adentraba más en la espesura del bosque, más allá de los límites conocidos de la villa. Las sombras de los árboles parecían alargarse a medida que la niña avanzaba, como si estuvieran invitándola a caminar más profundamente en el misterio que se escondía en su interior. Aunque la niña sentía una extraña fascinación por esos lugares, también había una pequeña parte de ella que temía lo desconocido. Sin embargo, las sombras que la acompañaban la hacían sentirse segura, como si su magia las hubiera encadenado a su alrededor, protegiéndola Esa noche en particular sentía que algo diferente estaba ocurriendo, como si el aire se volviera más denso, cargado de una energía que no comprendía del todo. Sin embargo, no podía dejar de sentirse atraída por el llamado de la oscuridad. Caminó durante un buen rato hasta llegar a la cueva que ya conocía. Era su refugio, su santuario, donde nadie podía alcanzarla. En este lugar, lejos de los ojos ajenos, Nyxara podía experimentar sin restricciones, sin el temor constante de ser rechazada o maltratada por su propia gente. Aquí, las sombras no la rechazaban, no huían de ella. Eran parte de su esencia. A medida que se adentraba en la cueva, un susurro se levantó entre las sombras. Algo estaba despertando dentro de Nyxara. Sus pequeñas manos, temblorosas, alcanzaron el aire frío y denso, y las sombras, como si las hubiera llamado, empezaron a moverse a su alrededor. La niña las observó fascinada. Aquel día, las sombras no solo se arrastraban o flotaban; parecían seguir el curso de sus pensamientos, como si fueran sus compañeras. Le daban la sensación de que podían entender lo que sentía, como si supieran lo que necesitaba sin que tuviera que pedirlo. Unos pasos más allá, la niña comenzó a experimentar sin quererlo. Las sombras formaban figuras humanas, pero esta vez no eran solo formas amorfas que bailaban a su alrededor. Estaban cobrando vida, tomando una forma más sólida, más estructurada. Nyxara extendió su mano hacia ellas y las figuras respondieron, al fin sus sombras eran algo tangible, moviéndose de manera más definida, como si la siguieran, como si fueran sus guardianes invisibles… o al menos ella así lo sentía En ese momento, Nyxara sintió una mezcla de emoción y miedo, un impulso innato la llevó a crear una esfera de oscuridad, que flotó frente a ella, suspendida en el aire como una luna en miniatura. La niña la miró fascinada, incapaz de comprender lo que había hecho. Era un poder tan ajeno a todo lo que conocía, tan profundo y oscuro, que no pudo evitar sentirse pequeña ante él. Las sombras que la rodeaban de manera protectora ahora parecían contener una fuerza aun mayor, Nyxara no entendía lo que pasaba, para ella solo era un juego con sus nuevas amigas. En su mente, se formaron imágenes borrosas de la magia que había sentido. Algo había cambiado dentro de ella. Las sombras, que en su vida eran solo oscuridad, ahora eran algo más, algo que la rodeaba y la entendía, algo que no era solo una parte de ella, sino que también parecía darle forma. ― ¿Es esto... lo que soy? ― susurro acariciando la oscuridad de la esfera, sintiendo el poder que emanaba De pronto, un leve ruido la hizo girar. En la oscuridad, un par de ojos brillaban. Nyxara apretó los dientes y dio un paso atrás temerosa. La figura que se acercaba no era una de las sombras que había creado, sino algo más. Algo que no pertenecía a ese lugar. Al principio, no reconoció el rostro que apareció entre la niebla, pero pronto entendió. Era uno de los guardias de la villa. Aunque intentó disimular su presencia, la niña ya había sentido su presencia desde hacía un rato. Él estaba observándola desde las sombras, sin querer hacer ruido, pero su mirada delataba una mezcla de miedo y asombro. El guardia había notado que algo extraño estaba sucediendo con la niña y había decidido seguirla en secreto. Nyxara, al percatarse de que la presencia de ese hombre no era una casualidad, sintió su estómago retorcerse. ¿Qué quería él? ¿Por qué la observaba de esa manera? El guardia, al ver que la niña había notado su presencia, dio un paso hacia adelante. Intentó esconder su miedo, pero la expresión en su rostro era clara: no le gustaba lo que estaba viendo. La esfera de oscuridad flotaba frente a Nyxara, oscura y brillante como un agujero en la noche. Las sombras, que habían sido tan suaves y protectoras hasta ese momento, ahora parecían moverse inquietas El guardia temblaba, pero se mantuvo firme frente a ella ― ¿Qué es esto? ¿Qué has hecho, niña? Tu magia... ― su voz reflejaba el miedo que sentía Nyxara, estaba asustada, ella no quería que le temieran y sabía que había desobedecido las ordenes de su padre, no usar su magia. La esfera que había creado comenzó a brillar intensamente, como si respondiera a sus emociones. El guardia, al ver el poder incontrolable de la niña, dio un paso hacia atrás. ― No lo harás. No dejaré que crezca más. La maldición... debe detenerse aquí ― dijo determinado a detener la maldad que tenía frente a él La niña no comprendía del todo lo que el guardia decía, pero algo en su tono la alertó. En su corazón, un nudo de miedo y tristeza se formó, y las sombras a su alrededor comenzaron a moverse más rápidamente, intensamente. Respondiendo a sus emociones, a su miedo. Sin quererlo, Nyxara dio un paso atrás, pero las sombras reaccionaron antes que ella. Crearon una barrera entre la niña y el guardia, envolviéndolo con su densidad El guardia, asustado por lo que veía, intentó avanzar, pero las sombras lo mantenían alejado. En su desesperación, levantó su espada y trató de atacar a Nyxara, estaba convencido de que matarla sería la única solución a esa maldición. Fue entonces cuando las sombras, como si tuvieran vida propia, lo atacaron, absorbiéndolo lentamente, despojándolo de toda luz. La niña, aterrada, observó cómo el hombre caía al suelo, su cuerpo inerte, cubierto de marcas oscuras. El guardia había intentado matarla, pero el poder de las sombras la había defendido sin que ella lo deseara. El precio de esa protección fue la muerte del hombre. La niña, paralizada por lo que acababa de suceder, comprendió por primera vez el alcance de su magia, y, con un estremecimiento, una terrible conclusión se formó en su mente. ― Soy mala… Soy realmente mala… ― su voz suave y dulce, las lagrimas inundaron su rostro, llena de temor y culpa por lo que pasó
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