Despedida

1945 Words
― Nyxara, ven aquí, cariño. Quiero hablar contigo ― dijo con una voz tranquilizadora Nyxara se detuvo en seco, recogiendo un puñado de hojas que había estado jugando a lanzar al viento. Corrió hacia su madre con una sonrisa inocente y se sentó frente a ella en la hierba, con los ojos brillando de curiosidad. ― Mamá, mira lo que puedo hacer. ¡Las sombras me siguen! ¡Es como si quisieran jugar conmigo! ― dijo la niña con entusiasmo La niña levantó una mano, y las sombras a su alrededor respondieron, ondulando como si fueran olas en un lago oscuro. Celestia sintió un escalofrío, pero no dejó que su rostro traicionara su preocupación. Tomó las pequeñas manos de su hija entre las suyas y las apretó con suavidad. ― Lo que haces es... impresionante, mi pequeña. Eres especial, más de lo que puedo poner en palabras. Pero quiero que escuches algo muy importante ―comenzó Celestia con un tono serio pero amoroso Nyxara ladeó la cabeza, sus ojos negros llenos de curiosidad y un toque de incomprensión ― ¿Es malo que juegue con las sombras? No quiero que estén solas... Me hacen sentir menos sola también ― Celestia tragó saliva, sintiendo el peso de sus palabras antes de pronunciarlas ― No es malo, mi amor. Pero las personas no siempre entienden las cosas que son diferentes, y a veces, lo que no entienden les da miedo. Tu magia es poderosa, y aunque yo sé que nunca harías daño a nadie, otros no lo ven así ― Nyxara frunció el ceño, bajando la mirada hacia sus manos confundida ―Entonces, ¿no debería usarla? ¿Soy mala por tenerla? ― El corazón de Celestia se rompió al ver la incertidumbre y el dolor en los ojos de su hija. Rodeó a Nyxara con sus brazos y la abrazó con fuerza, dejando que el calor de su amor se transmitiera en ese gesto Celestia acarició el cabello de su hija con amor ― No, Nyxara, nunca pienses eso. No eres mala. La magia no es ni buena ni mala, pero cómo la uses es lo que importa. Por ahora, quiero que seas cuidadosa. Quiero protegerte, porque este mundo no siempre es justo ― Nyxara levantó la mirada hacia su madre, buscando entender ― ¿Entonces no debería mostrarla? ¿Ni siquiera cuando estoy sola? ― Celestia asintió, aunque con tristeza ― No por ahora, mi amor. Hasta que sepas controlarla completamente y sepas cuándo es seguro, prométeme que tendrás cuidado ― Nyxara asintió, aunque un brillo de tristeza y confusión permaneció en sus ojos ― Lo prometo, mamá ― aceptó la pequeña en un susurro Celestia sonrió y le dio un beso en la frente, sintiendo que cada palabra de advertencia que pronunciaba era como cortar una parte de la inocencia de su hija. Nyxara no entendía por qué debía esconder lo que era, pero confiaba en su madre lo suficiente como para obedecer. Esa noche, mientras Nyxara dormía, Celestia se quedó junto a su cama, observándola con un peso en el pecho que no podía ignorar. Sabía que la magia de su hija crecería, y con ella, también lo harían los peligros. Pero también sabía que, sin importar lo que ocurriera, no dejaría de protegerla mientras tuviera fuerzas. Los días transcurrieron en la villa con un aire cada vez más sombrío. Nyxara, ahora con seis años, había comenzado a comprender mejor su magia, aunque solo se atrevía a usarla cuando estaba completamente sola. A pesar de las advertencias de su madre, su curiosidad la empujaba a experimentar. Las sombras le susurraban cosas que ella aún no entendía del todo, pero sentía un extraño consuelo en su presencia. Una tarde, mientras jugaba en los jardines abandonados de la villa, se concentró en un pequeño charco de agua. Con un leve movimiento de sus dedos, vio cómo las sombras a su alrededor fluían hacia el charco, cubriéndolo hasta que el agua parecía haber desaparecido en un abismo oscuro. Su rostro se iluminó de fascinación, pero antes de que pudiera seguir experimentando, el crujir de unas ramas a sus espaldas la hizo sobresaltarse. Se giró rápidamente y encontró la figura imponente de su padre, el Rey Trevan, observándola con una mirada fría y calculadora. Sus ojos se posaron en el charco ennegrecido, luego en las alas negras de Nyxara, y finalmente en sus pequeños ojos llenos de miedo. ― Así que es verdad. No solo llevas la marca de esa maldición, sino que también la usas ― su voz era fría Nyxara retrocedió un paso, su corazón latiendo con fuerza. Nunca había hablado con su padre, y su presencia era más intimidante de lo que había imaginado. ― Yo... solo estaba jugando... ― Nyxara trato de explicarse con su dulce voz temblando Trevan avanzó hacia ella con pasos firmes, sin detenerse. Su figura eclipsaba la pequeña silueta de Nyxara, y su mirada era como hielo. ― ¡Esto no es un juego, niña! Esa magia es una abominación, una amenaza para todo lo que representa nuestro reino. ¿Cuántas veces te han dicho que no la uses? ― gritó el Rey haciendo estremecer a Nyxara Antes de que Nyxara pudiera responder, Celestia apareció corriendo desde la villa. Su rostro mostraba una mezcla de pánico y determinación mientras se interponía entre Trevan y su hija ― ¡Trevan, por favor! Es solo una niña. No entiende lo que hace ― suplico Trevan miró a Celestia con desprecio, su mandíbula apretada ― ¿Y de quién es la culpa? Tú has sido demasiado blanda con ella, permitiéndole hacer lo que quiera. Esto se acaba hoy ― su tono despectivo y lleno de furia Se inclinó hacia Nyxara y la agarró bruscamente del brazo, haciéndola soltar un pequeño grito. Levantó su mano libre y, sin dudarlo, le dio un fuerte golpe en la mejilla. La niña cayó al suelo, sus ojos llenos de lágrimas, mientras se llevaba la mano al rostro. ― ¡Trevan, no! ¡Es tu hija! ― ― No aceptaré una hija que traiga desgracia al reino ― dijo con desprecio. Se volvió hacia Celestia, su voz más gélida que nunca ― No puedes controlarla, Celestia. Y ya no confío en que lo intentes. A partir de ahora, no tendrás nada que ver con ella. Me ocuparé de esto personalmente ― Celestia retrocedió, su rostro pálido por el miedo y la desesperación ― Por favor, Trevan. No la castigues por algo que no eligió. Es nuestra hija ― suplicó desesperadamente ― ¿Nuestra? Ella es un error que no debió existir. Si no haces lo que digo, no dudaré en deshacerme de ella ― Nyxara, aún en el suelo, miraba a su madre con lágrimas deslizándose por sus mejillas ― Mamá... ― susurro ella con dolor Celestia cayó de rodillas junto a su hija, abrazándola con fuerza mientras las lágrimas corrían por su rostro. Trevan observó la escena con indiferencia antes de dar media vuelta y marcharse hacia la villa, dejando una amenaza en el aire ― Empaca tus cosas, Celestia. Esta noche, te vas ― El silencio que quedó fue pesado y cargado de dolor. Celestia sostuvo a Nyxara contra su pecho, susurrándole palabras de consuelo que apenas podían tapar la dureza de las palabras de Trevan. Celestia trató de calmar a su pequeña hija ― Todo estará bien, mi pequeña. Siempre estaré contigo, incluso si no puedo estar a tu lado ― Nyxara no respondió, pero en su mente infantil, algo comenzaba a quebrarse. Por primera vez, entendió que el odio hacia ella no era pasajero, y que incluso su propio padre la veía como un monstruo. Sin embargo, también sintió el inmenso amor de su madre, un amor que ahora se llevaba consigo La noche había caído sobre la villa, pero el aire estaba cargado de una tensión insoportable. Las pocas sirvientas que quedaban se habían encerrado en sus habitaciones, temerosas de cualquier estallido que pudiese surgir entre el rey y su familia. Nyxara permanecía sentada en la pequeña habitación que compartía con su madre, abrazando una muñeca de trapo que Celestia le había hecho. A pesar de su corta edad, había comprendido que algo terrible estaba ocurriendo. Celestia empacaba sus pocas pertenencias con manos temblorosas, luchando contra las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Cada prenda que doblaba, cada objeto que guardaba, era un recordatorio de la decisión que no podía evitar. No podía enfrentar al Rey Trevan; su amenaza había sido clara, y no estaba dispuesta a arriesgar la vida de Nyxara. Cuando llegó el momento, Trevan apareció en el umbral de la habitación. Su figura parecía más imponente que nunca, sus ojos brillaban con una mezcla de frialdad y determinación. ― Es hora. No alargues esto más de lo necesario ― Celestia se giró hacia él con una mirada de súplica, abrazando a Nyxara con fuerza ― Trevan, te lo ruego. No me hagas esto. Ella es solo una niña. Me necesita ― El rey dio un paso adelante, su semblante inquebrantable ― Lo que necesita es disciplina, algo que tú no has sabido darle. Te advertí que no mostraras debilidad, y mira lo que has hecho. Su magia está fuera de control ― Celestia negó con la cabeza, sus ojos llenos de lágrimas ― ¡Es mi hija! Nadie puede cuidarla como yo lo hago. Por favor, Trevan, no la dejes sola en este lugar ― El rey la miró con frialdad, como si sus palabras no significaran nada ― Si de verdad la amas, harás lo que te digo. Mantente alejada y vive. De lo contrario, no dudaré en acabar con ella. Haré lo que sea necesario para proteger el reino ― amenazó Nyxara, que había estado observando la conversación sin comprender del todo, se aferró al vestido de su madre. Sus grandes ojos negros estaban llenos de miedo y confusión. ― Mamá... ¿hice algo malo? ¿Por qué estás llorando? ― Celestia se arrodilló frente a ella, sosteniendo su pequeño rostro entre sus manos ― No, mi pequeña. Nunca hiciste nada malo. Tú eres mi luz, Nyxara. Siempre lo serás ― La abrazó con fuerza, susurrándole palabras de amor al oído mientras las lágrimas caían silenciosas por sus mejillas ― Eres fuerte, mi niña. Más fuerte de lo que yo jamás seré. Nunca olvides lo mucho que te amo ― Trevan, visiblemente impaciente, hizo un gesto para que se apartara ― Basta de sentimentalismos. Celestia, fuera ― Celestia se obligó a separarse de Nyxara, aunque su corazón parecía romperse con cada paso ― ¡Mamá! ¡No te vayas! ¡No quiero quedarme sola! ― grito la dulce niña tratando de aferrarse a su madre Celestia miró hacia atrás una última vez, sus ojos brillando con un amor infinito ― Nunca estarás sola, Nyxara. Siempre estaré contigo, aunque no puedas verme ― Con esas palabras, desapareció por la puerta, dejando a Nyxara llorando desconsolada. Trevan observó la escena con indiferencia antes de cerrar la puerta tras de sí Esa noche, Nyxara permaneció despierta en su cama, abrazando la muñeca que su madre le había hecho. El eco de las palabras de Celestia resonaba en su mente, pero no podía sofocar el dolor de su ausencia. Por primera vez, entendió lo que significaba la soledad absoluta. Y aunque aún era muy joven, una pequeña chispa de resolución comenzó a arder en su corazón. Nyxara se prometió a sí misma que haría todo lo posible para demostrar que no era la criatura malvada que todos temían. Se esforzaría por ser buena, por ser digna del amor que su madre le había dado, incluso si el resto del mundo la odiaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD