—Entonces si alguien te dejó esa nota para que salieras — confirmó el agente Lennon —. ¿Qué pasó con la nota?
—La entregué como evidencia a la policía — contestó como si fuese obvio.
Miró a su alrededor, los rescatistas seguían buscando entre los escombros, no habían encontrado sobrevivientes, pero sí muchos c*******s.
Según podía ver, era como si la cafetería hubiese sido derrumbada, probablemente utilizando la técnica de hacer fallar las columnas, pero también había tenido lugar una explosión.
Pero a esas alturas no tenía un reporte completo, porque lo habían hecho repetir el testimonio como único sobreviviente unas tres veces ahora, y sumando que había estado un poco abrumado, no había tenido el momento para indagar.
Continuaban de pie junto al auto de su profesor.
—Comprendo, luego me la harán llegar, ¿pero estaba escrita a mano? — quiso saber el agente Lennon — ¿Estaba impresa o eran letras recortadas?
Ya había pensado en eso minutos atrás.
—Está escrita a mano — contestó informando —, pero no estoy seguro de que sea su letra — trató de no mostrar su preocupación y confusión, sino mantenerse en control y objetivo.
El agente Lennon lo miraba con atención, como si estuviese analizándolo, aunque no era como si lo estuviese haciendo, era un hecho. Y es que debía ser algo natural para un agente experimentado analizar a las personas con las que hablaba.
—Bueno, es que cómo podría ser, tu hermana no se supone que esté viva.
Aquellas palabras hicieron que su corazón le golpeara el pecho, sin embargo, no había dicho nada fuera de lugar ni mucho menos lo había dicho como intentando herirlo, así que no estaba incómodo, ni mucho menos intimidado, no tenía por qué estarlo, así que se colocó más derecho cruzando los brazos por encima de su pecho, sosteniendo la mirada del agente Lennon.
—Así es, se supone que está muerta — concordó —, y ese es precisamente el punto de todo esto — continuó su explicación —, nadie más aparte de mis padres, puede saber lo que ella específicamente me repetía en los últimos meses antes de desaparecer y morir.
—¿Estás seguro de eso?
—Completamente.
—¿Y estás irrevocablemente seguro de que tu hermana está muerta?
—Yo vi su cuerpo — respondió tajante —, acompañé a mi madre a reconocer su c*****r y tengo la imagen grabada en mi mente. No es posible que esté viva.
El agente Lennon asintió y miró en dirección a la cafetería.
—Entonces, ¿quién podría saber que estarías en esta cafetería y te haría salir justo antes de la explosión? — planteó — Como si estuviera evitando que murieras, porque mira — señaló a los escombros —, no quedó nadie vivo, excepto tú.
Kesean sintió un escalofrío en su espalda, no necesitaba de mucho entrenamiento para saber que podía ser considerado sospechoso porque la verdad era que la casualidad era muy grande.
—No lo sé — respondió con franqueza y determinación —, yo también quisiera sabe quién utilizó a mi hermana para sacarme de allí.
El agente Lennon lo miró por un par de segundos, continuaba estudiándolo, seguramente buscando algún indicio de nerviosismo, pero no estaba nervioso en lo absoluto.
—¡Agente Lennon! — le llamó una mujer.
Al mirarla, se trataba de alguien de su equipo.
—Dígame, Terra — solicitó él en respuesta.
—Disculpe — dijo al llegar más cerca —, le solicitan porque han encontrado algo, no parece ser muy importante, pero quieren que lo vea.
—Todo es importante, por más pequeño o irrelevante que parezca — indicó él —. Iré en un momento.
—Sí, señor.
Con eso, la mujer se retiró. Kesean estaba intrigado, quería saber de qué se trataba, pero no era acorde solicitar esa información.
—No te vayas — pidió el agente Lennon—, espera aquí, por favor, ¿puedes hacerlo?
Aunque no estaba dándole una orden, lo cierto es que no se sentía como una petición, al final Kesean era estudiante en el FBI y el agente Lennon era un superior, además su profesor le había indicado que debía colaborar. Y finalmente, también necesitaba respuestas.
—Sí, señor — contestó simplemente.
—Gracias, Kers. Trata de recordar lo más que puedas, seguro hay más detalles— asintió en su dirección y luego se retiró rápidamente al punto donde le estaban solicitando.
Kesean respiró profundo, miró a su alrededor, la calle estaba cerrada y acordonada, alrededor habían reporteros y personas curiosas. Era el caos que acompañaba a las tragedias como esas y no estaba alterado por ello, lo que lamentaba era que su primer momento en el campo como un estudiante del FBI había resultado con él como único sobreviviente y casi sospechoso.
Porque en realidad, el único sobreviviente siempre era sospechoso.
Pensó de nuevo, ¿qué había pasado?
Repasó cada momento, cada paso que dio y trató de posicionarse de nuevo en aquel instante intentando encontrar detalles en su memoria.
Lo primero fue la canción que le recordó a su hermana, lo segundo fue la mesera trayendo un mocaccino que no había pedido, este tenía una letra K, y una nota, luego vio a la chica salir con la gorra en su cabeza.
La chica.
¿Cómo había olvidado ese detalle?
Quizás solo era una joven más saliendo tranquilamente de la cafetería, o quizás podría saber algo.
—Disculpe, Joven — una voz masculina le llamó.
Kesean le miró, era un hombre en sus cincuenta, también vestía uniforme del FBI.
—¿Sí?
—¿Usted es Kers?
—Sí.
—Le solicita el agente Lennon — informó al fin —, acompáñeme por aquí, por favor.
Kesean no dijo nada, solo asintió y caminó detrás de él, pasaron a través de las personas trabajando, los bomberos, rescatistas, fotógrafos del FBI, policías y demás.
Si algo había heredado de su madre era las emociones saturantes y a lo largo de los años había ido aprendiendo a no mostrarlas y controlarlas, pero en ese instante caminando hacia el agente Lennon, su piel se erizó y un presentimiento se posó en su pecho, y lo peor es que cuando percibía algo, tenía razón; lo complejo del asunto era cuando no sabía si era bueno o malo como en ese instante.
—¡Kers! — llamó el agente Lennon — Denle unos guantes, por favor — pidió a un asistente.
Kesean trotó a su encuentro, luego piso con cuidado sobre algunos escombros.
—Joven — el asistente, que tenía más edad que él, le extendió un par de guantes —, aquí tiene.
—Gracias.
Los tomó en sus manos.
Su corazón estaba acelerado produciéndole emoción, estaba en una escena real, a punto de colocarse unos guantes para evitar dañar la evidencia, y por más que las circunstancias lo envolvieran en el caso, no podía dejar de sentirse emocionado como iniciante del FBI.
—¡Kers, rápido! — ordenó el agente Lennon.
—Oh, sí, lo siento.
Kesean colocó los guantes con un poco de torpeza y entonces caminó los últimos metros hacia el agente.
—¿Esto te parece familiar?
El agente Lennon tenía una pequeña caja aplastada en su mano.
—No lo sé.
—Parece la caja de un tinte para el cabello — informó y se colocó más cerca para que pudiese observarlo con detenimiento.
Al mirar el color de la caja y la marca, Kesean sintió como un si le fuese conocido, pero no alcanzaba a recordar de dónde.
—Moviste la cabeza — señaló el agente Lennon —, ¿recordaste algo?
Kesean lo pensó solo unos segundos más.
—¿Quizás es una marca reconocida? — pensó Kesean en voz alta.
El agente Lennon suspiró como cansado.
—Está bien, no sé por qué tuve la sensación de que sería algo importante, quizás que tendría que ver algo contigo — expuso ligeramente frustrado, pero comprensivo —. Está bien, Kers, puedes retirarte — extendió la mano tomando la caja.
Pero fue en el momento en el que notó uno de los lados que el recuerdo llegó a su mente de una manera más vívida de la que imaginó.
Kerensa había estado inventando con su cabello en los últimos meses antes del suceso, lo decoloraba y se colocaba colores en la parte de debajo de la cabeza, y era tan quisquillosa que solo usaba una marca.
La recordó pidiéndole que saliera rápido a comprarle el tinte en tono rosa un domingo en la tarde mientras terminaba una tarea para la universidad:
—Recuerda que la caja es plateada aquí — le había indicado mostrándosela —, y debe decir rosa pastel, ¿entendido?
—Agente — llamó reaccionando —, permítame.
Entonces tomó la caja apresurado, la desdobló un poco y buscó el lado.
Era plateado y decía precisamente: rosa pastel.
Una sonrisa intentó formarse en sus labios, pero la frenó, aunque lo cierto era que no sabía cómo se sentía exactamente.
—¿Qué? — Preguntó él — ¿Qué es?
Kesean le miró y mostró el lado de la caja.
—Es este — dijo seguro —, este es el tinte que mi hermana solía comprar tiempo antes de… bueno, morir.
El agente le miró con sus cejas alzadas y ojos sorprendidos, luego su expresión cambio a una más pensativa.
—Esto ya no puede ser una coincidencia, Kers.