5

1033 Words
Había escuchado en alguna parte que los familiares de las personas desaparecidas nunca logran mudarse de casa por la esperanza de que esa persona regrese. Con eso mismo en mente, nunca habían querido tocar las cosas de Kerensa, de esa manera la habían inmortalizado en la persona que era. Kesean había entrado a su habitación muchas veces a solo sentarse en una esquina a hablar con la nada, imaginando que ella le escuchaba, sin embargo, nunca tocaba sus cosas, no era capaz de hacerlo porque pensaba, de alguna extraña manera, que ella regresaría y le gustaría encontrar todo donde lo dejó. Al llegar a casa, Kesean dejó su bolso junto a la puerta de su habitación, fue al baño, lavó su rostro, y respiró profundo. No podía procesar del todo lo que había sucedido, ni mucho menos aceptar sus propias ideas, todos esos pensamientos llenos de esperanza eran difíciles de asimilar, pero es que eran contrarrestados con miles de preguntas. Miró su reloj de mano, eran las cinco y veintidós de la tarde, lo cual le dejaba dos horas para dirigirse a la agencia a reunirse con el agente Lennon. Dejó salir aire contenido y luego se controló a sí mismo pensando en que todo tenía que tener una respuesta razonable y lógica, por lo que salió del baño y sin dudar se dirigió a la habitación de su hermana. No quería comentarles nada a sus padres todavía, no hasta que las cosas estuviesen un poco más claras porque era algo que los alteraría causándoles conmoción, primero con el hecho de que casi había muerto en la cafetería y segundo con todos los detalles de Kerensa que lo envolvían. Ellos ya habían sufrido demasiado durante años. Sus padres no volvieron a ser los mismos y no los culpaba, ni siquiera él había podido ser el mismo. Su hermana era alguien a quien admiraba, en quien se refugiaba, quien siempre le apoyaba y trataba de hacerle reír con muchas tonterías que le sorprendían cada vez. Así que les había costado encontrar un nuevo ritmo de vida luego de la perdida de Kerensa. El primer año había sido una tortura, los años siguientes aprendieron a sobrellevarlo y a aceptarlo eventualmente, pero al principio habían pequeñas cosas que los rompía a todos un poco más, como el hecho de que a alguien siempre llamaba a Kerensa para comer, olvidándose de su ausencia. Otras veces la llamaban para que fuera a ayudar con algo, o tocaban a la puerta de su habitación para preguntarle cosas… había sido difícil porque eran una familia bastante unida. Su madre había caído en depresión y no era para menos, su padre la entendía y trataba de ayudarla, al igual que Kesean. Ellas eran un equipo para muchas cosas así que ella había perdido a su hija y a su gran compañera. Pasaron meses hasta que la hermana de su mamá fue a visitarles y en algún momento comenzó a sermonear a su madre diciéndole que debía levantarse porque aún tenía un hijo y un esposo y no podía abandonarlos también. Kesean se había molestado por ello porque no le parecía justo que si madre estaba mal, su hermana la regañase, entendía su punto, pero no quería presionar a su madre, fue por eso que se tomó un año sabático de la escuela, para cuidar de sus padres, así que eso le había hecho enfrentarse a su tía. Sin embargo, eso pareció sacudir a su madre porque al día siguiente ella se levantó antes que él y empezó a hacer el desayuno. Fue ese día que notó que su madre había encontrado fuerzas para seguir y le agradeció a su tía por ello, supuso que un sermón era lo que necesitaba. Así que su madre comenzó a hacer cosas de día, a pesar de llorar por las noches en el cuarto de Kerensa hasta que eventualmente no lloró más y fue cuando Kesean retomó las clases. Por eso no quería decirles nada de lo sucedido, no tenían por qué enterarse todavía, no podía darles falsas esperanzas cuando ni siquiera entendía por qué su hermana estaría envuelta o siendo utilizada por alguien con una mente lo suficientemente retorcida como para hacer explotar una cafetería llena de gente. Así que debía buscar rápido, primero porque debía reunirse con el agente Lennon y segundo porque su padre estaba trabajando y su madre debía estar en una reunión en la iglesia a la que asistía, pero normalmente ninguno de los dos llegaba después de las seis de la tarde. Kesean se encontró parado frente a la puerta del cuarto de Kerensa. —Lo siento, hermana — dijo en voz alta —, pero necesito encontrar respuestas así que revisaré tus cosas. Y sin darse tiempo a pensar en algo más, Kesean giró el pomo de la puerta, la abrió y finalmente entró a la habitación.             No supo bien por qué o qué era, pero algo se percibió diferente.             Miró en todas direcciones, no había nada fuera de lugar, todo estaba perfectamente en su lugar como recordaba, pero algo sencillamente le daba un aire diferente.             Concluyó en un instante que eran sus ideas, eran los pensamientos, las dudas y las esperanzas tratando de hacerle ver a su hermana más que como un recuerdo.             El primer lugar que revisó fue el escritorio.             Antes de mover algo, Kesean tomó una foto, cualquier detalle que no viese al momento podría notarlo después si revisaba con detenimiento, así que             Revisó con mucho cuidado, volviendo a colocar las cosas exactamente en el mismo lugar para que su madre no lo notase tampoco.             Movió los adornos, algunos lápices regados, revisó dos libros que estaban sobre el escritorio, movió las hojas y no encontró nada resaltante, luego buscó en las gavetas del escritorio y fue que encontró algunas de sus libretas de la universidad.             Kesean tomó una entre sus manos, su respiración era irregular, estaba consciente de eso, estaba consciente de los nervios que hacían sus manos temblar y del escalofrío que recorrió su espalda.             Sin querer retrasarlo más, Kesean abrió la libreta en el primer lugar que cayese.             Observó la letra y entonces no supo qué pensar o sentir:             No era la misma.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD