No fue algo grande. No hubo discusión. Ni una frase mal dicha. Fue un detalle. El primer mensaje que no llegó cuando solía llegar. La respuesta que tardó más de lo habitual. La mirada que, en clase, pasó de largo una vez. Al principio no le di importancia. Pensé que estaría ocupado. Que tendría un mal día. Que a veces las cosas simplemente se desacomodan un poco y luego vuelven a su sitio. Pero no volvieron. En el instituto, Dante se sentó en su lugar de siempre, pero ya no giró la cabeza para buscarme al entrar. Cuando nuestras miradas se cruzaron, sonrió… tarde. Como si hubiera tenido que recordarse hacerlo. —Hola —le dije al pasar. —Hey —respondió. Nada más. No me esperó a la salida. No me escribió al llegar a casa. Esa noche miré el móvil más veces de las que quería adm

