Vi cómo aquel malnacido se acercaba a donde estaba mi hermano y no podía permitir que se lo llevara, así que me interpuse entre ellos.
Yo sabía que no era contrincante para Scott, y menos en el estado en el que me encontraba, con aquella herida supurando sangre como un caño abierto, mi falta de alimentación y mi tamaño. Pero, así fuera lo último que hiciera, no dejaría en sus manos o del tal lobo a mi pequeño Mikhail.
Sí, así se llamaría mi pequeño hermano, y yo lo defendería como la madre que nunca tuvo ni tendrá.
Alcé las manos y formé puños con ellas para defenderme por primera vez y le lancé uno, pero él lo esquivó fácilmente. Luego, sin verlo venir, me lanzó un puñetazo en el estómago que me tiró al piso sin aire, jadeando.
Como pude, quise ponerme de pie nuevamente, pero Scott no me lo permitió: me lanzó una patada que me dejó completamente tirada en el piso y luego me pateó las costillas una y otra vez. El dolor fue terrible; seguramente me había roto algo, una costilla, si no es que todas. Grité por el dolor y escupí sangre. No sé de dónde saqué fuerzas, pero me aferré a su pierna. Él se agachó y, sin ningún esfuerzo, se deshizo de mí; me escupió en el rostro y me dijo:
Te voy a follar hasta que me canse. Voy a tomarte por cada uno de los agujeros que tengas y luego te convertiré en mi puta personal.
Yo quería defenderme, pero ya no tenía fuerzas. Había perdido mucha sangre por la herida de la cabeza y, además, por los golpes que me había propinado. Ya no podía más. Lo vi ponerse sobre mí y comenzar a desabrocharse los pantalones; se los bajó y vi cómo tomaba su m*****o para internarse en mí sin que yo pudiera hacer nada más que suplicar, rogarle que no lo hiciera, mientras las lágrimas caían por mis mejillas, mezclándose con mi sangre.
No podía terminar así, No podía, por favor alguien que me ayude, pedí en mi interior, fue más un ruego a lo divino.
Entonces escuché un sonido atronador, como un trueno antes de la tormenta. Vi salpicar sangre de su boca y sobre mí; sus ojos, aún abiertos por la impresión, fueron perdiendo el brillo de la vida. Su cuerpo cayó flácido a un lado, inerte.
Me aparté como pude y me arrastré hacia Mikhail. El dolor que sentía en mi cuerpo era atronador, pero necesitaba llegar a mi pequeño, que seguía llorando, y no me detuve hasta tenerlo en mis brazos
Lo tomé en brazos, y poco a poco su llanto se fue apagando al sentir mi calor.
Ya está… —susurré, sin saber si lo decía para él o para mí.
Levanté la vista.
Una figura se alzaba en la entrada. Un hombre de traje oscuro guardaba un arma mientras hablaba por un dispositivo en su oído.
Aquí está… —dijo en ruso.
Lo entendí.
Siempre lo había entendido, el idioma, después de todo era mi lengua materna.
Cuando intentó acercarse, retrocedí de inmediato, pegándome a la pared. El miedo me recorría entero. No sabía quién era… ni si venía a hacer lo mismo.
Apreté a Mikhail contra mi pecho.
Solo quiero ver si estás bien —dijo en inglés.
Pero otra voz lo interrumpió.
Una mujer.
Déjame a mí —dijo en ruso—. Después de lo que pasó aquí… es mejor que no se acerque ningún hombre.
El hombre obedeció.
Entonces la vi.
Rubia, ojos verdes, traje oscuro. Pero su mirada… no era como la de los otros.
Se acercó despacio.
Tranquila —dijo con suavidad—. No voy a hacerte daño. Estamos aquí para ayudarte.
Su voz era cálida… demasiado para ese lugar.
Dame al bebé. Necesitas atención médica. Te lo prometo… nadie volverá a tocarte.
La miré, buscando alguna señal de mentira.
No la encontré.
¿Lo juras…? —susurré—. ¿Nos ayudarás… a él y a mí?
Asintió.
Y en ese gesto… creí.
Le entregué a Mikhail.
Y entonces el dolor regresó.
No, no regresó… explotó.
Como fuego dentro de mi cuerpo.
Tosí.
Sangre.
Cada respiración me dolía más que la anterior.
La mujer reaccionó de inmediato. Le pasó el bebé a su compañero y me levantó ella misma, cuestas, mientras maldecía en ruso
¡Consigue un médico! —gritó en ruso—. ¡Ahora! ¡Tiene una hemorragia interna!
El mundo comenzó a oscurecerse.
Aguanta, printsessa… —su voz sonaba lejana—. Eres fuerte…aguanta..
Quise creerle, el que yo era fuerte.
Pero todo se volvió n***o.
Y lo último que sentí… antes de caer en el silencio…
fue que, por primera vez,
alguien se preocupa por mí, que era importante para alguien.