03. Mentiras piadosas

1132 Words
Pellizcarme, por favor. Necesito que alguien me pellizque para saber que esto es real y no es otro de mis sueños en los que soy una diseñadora famosa, me caso con Ian Somerhalder y vivo en una gran mansión de Miami. —Un momento —le pido un tiempo muerto a Chrystal, la cual espera impaciente para que responda a su pregunta. Voy hacia la mesa suya, viendo que tiene un vaso de agua, le agarro y me le tiro a la cara—. ¡Siiiii! —grito de felicidad, sabiendo que estoy despierta. —Señora Pascal… ¿Está segura de que quiere contratarla? —escucho que Roxy le habla— En vez de diseñadora tiene más pinta de haberse escapado de un manicomio. —Perdona, es que no me lo creo —me vuelvo a acercar a ella, notando como las gotas de agua resbalan por mi rostro —Estaría encantada de trabajar con usted, señora Pascal. —Bien —chasquea sus dedos—. Roxy, trae una toalla para que… —Nadia Estébanez —digo mi nombre sabiendo que era eso lo que estaba esperando. —Para que Nadia se seque —ella hace lo que le pide y me da una toalla rosa de algodón. —Señora Pascal, el desfile va a empezar en quince minutos y tiene que estar lista para presentarle. —De acuerdo, me da tiempo a hacerle una entrevista rápida a Nadia —¿Una entrevista? Ay, madre mía—. Déjanos solas, por favor. —Sí, señora —asiente y sale aceleradamente de la habitación. Nos quedamos solas mientras ella me analiza, yo me limpio la cara en silencio. Jamás he tenido una entrevista de trabajo, espero que me salga bien y no me trabe con mis palabras. Eso siempre me pasa cuando tengo que hablar en público o cuando tengo que decir algo importante. —Siéntate, por favor. Señala el lugar vacío que tiene el sofá a su lado. Me siento donde me indica y ella se separa unos centímetros, agarrando a Coco entre sus brazos. Esta mujer es un tanto… Especial. Y creída. —Cuando usted me diga, no quiero hacerla perder el tiempo. —Dime tu edad, estudios, lugar de nacimiento y lugar de residencia. —Tengo veintidós años, cumplo el veintidós de diciembre y soy capricorniana. Supongo que lo ha podido deducir por mi carácter y creatividad… —No te enrolles en detalles, no me interesan —vuelve a chasquear los dedos—. Continúa con el resto de las cosas que te he pedido. —Ehh… Acabo de terminar la carrera de diseño en la universidad de Madrid. Nací en Barcelona, pero me mudé aquí a los diecisiete años y… Vivo aquí desde entonces en un piso alquilado con mi mejor amiga. —¿Y cuál es tu experiencia laboral? —¿Experiencia qué? —En qué sitios has trabajado —me explica ante mi cara de no entender una mierda—. Supongo que sepas que no acepto a mi empresa a nadie que no haya trabajado ya en alguna marca famosa o tenga influencias en otros ámbitos relacionados con el diseño o modelaje. —Oh claro, claro… Mierda. —¿Y? ¿Qué experiencia tienes tú? —Haber ayudado a mi madre a hacer los disfraces de carnaval de mi hermano pequeño con bolsas de basura no cuenta, ¿no? —Nadia —se cruza de piernas y me mira—. Si me conoces, ya sabrás que mi empresa se fundó desde abajo, me costó mucho crearla y meterla en el mercado como una de las más antiguas y famosas de España. Todo el mundo habla de mi marca y eso es porque aquí cuidamos hasta el mínimo detalle para que nuestros productos sean impecables para el público. Los trabajadores son conocidos influyentes de la moda española y no puedo permitir que alguien con perfil bajo se cuele a trabajar con ellos. —Entiendo… —Por lo que, vuelvo a repetir mi pregunta… ¿Cuál es tu experiencia laboral? Piensa, joder. —Bueno, yo… Ehh… Participé en la elaboración de las famosas plataformas en las zapatillas de la diseñadora Susan Dixson y… Fui modelo de lencería en Hot Lady… —¿Algo más? ¿Más? Si solo me falta decir que fui modelo de pañales. Que acabo de terminar la universidad, joder. ¿Cómo voy a tener experiencia trabajando si llevo solo dos meses en búsqueda de trabajo? —Oh y también fui cocreadora de las botas altas que cubren hasta la rodilla —me estoy inventando completamente todo. Ni siquiera sé de lo que hablo, solo recuerdo algunos de los titulares sobre moda que leo en Internet. —Vaya, sí que has hecho mucho para tener veintidós años. —Sí… Ya sabe, vocación. Y saber mentir. —¿Y cómo es que no estás trabajando en otra empresa de moda, calzado o lencería? —Porque… Ahora me quiero dedicar más a las prendas de vestir, creo que son mi principal fuente de inspiración. Además, las otras diseñadoras no se comparan con usted, señora Pascal. —Estás en lo cierto —sonríe colocando su pelo y observa la hora en su reloj—. Como ya tengo que irme y esto ha sido muy rápido, te ofrezco la oportunidad de trabajar en mi empresa como becaria hasta que observe si realmente tienes el potencial que dices. —Claro que sí, lo que usted diga. —Te quiero mañana a las ocho en mi despacho —Se levanta cargando a su perro, achino los ojos hacia él cuando vuelve a gruñirme —Ah y espero que vengas con una ropa menos… —me observa de arriba abajo —De mendiga. —No se preocupe, mañana llevaré el atuendo perfecto para trabajar con usted —Tendré que pedirle ropa prestada a Nat—. Es un honor que me dé esta oportunidad, gracias. —De nada —Camina delante de mí para que salga de la habitación. —Oiga… ¿Será mucho pedir que me invite a quedarme a su desfile? —¿Tienes entrada? —No, pero… —Entonces no, fuera —chaquea sus dedos y señala la puerta. —Okay, hasta mañana señora Pascal. Corro hacia la puerta y me apoyo en la pared cuando llego al pasillo. Pego saltitos silenciosos de alegría y me toco el corazón, el cual bombea de felicidad y adrenalina. Conseguí trabajo mintiendo, pero lo conseguí. Solo es una mentira piadosa, no se tiene por qué enterar y seguro que cuando se dé cuenta de lo buena diseñadora que soy, no dudará en que me merezco ese puesto más que nadie. Puede que no sea famosa ni conocida, pero lograré serlo y este es el primer paso de mi éxito.
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