—Se nota que no tenéis la misma sangre —hablo cuando nos volvemos a quedar solos. —Parece muy bruja, pero en el fondo es buena persona —se gira para que le quite de una vez la etiqueta y se abrocha los botones de la camisa en cuanto consigo quitársela. —Espero descubrirlo antes de que me eche. —No te va a echar, tonta —lo dice con tanta seguridad, que por un momento lo creo de verdad—. Si te dice o hace alfo feo, me lo dices y ya hablo yo con ella. —No necesito que me defiendan —se remanga las mangas de la camisa. —Lo sé, pero yo quiero ayudarte. —Van a pensar que soy una enchufada si te tengo a ti ayudándome en todo —digo medio en broma al mismo tiempo que salimos y volvemos a la parte donde queda la cocina, la apodada por Diego sala de relax. —Que no te importe lo que piense la ge

