—No soy de juzgar a las personas, lo que son acaba demostrándose con el tiempo y no hubiese cambiado mi opinión sobre ti si me hubieses dicho tu apellido. —¿Seguro? —Segurísimo. —Entonces siento haberte ocultado eso. —No pasa nada, entiendo que lo hayas hecho —me mira y sonríe, haciendo que sus ojos se achinen. Me encanta su sonrisa. —Eres muy buena, ¿lo sabías? —Sí, pero no me gusta presumir —bromeo. —Yo que tú lo haría, no hay mucha gente como tú por el mundo. —Pues yo acabo de conocer a alguien que sí que lo es —ríe con suavidad y lame sus labios elevando la mano hacia mi cuello, arreglándome esa parte de su camisa— Hay otra razón por la que me fui corriendo cuando te vi. —¿Cuál? —¿No la sabes o te estás haciendo el tonto? —cuestiono con esa duda, me parece extraño que no me

