—¿Qué pasa ahora, muñequita? —Nada, ¿por qué la pregunta? —Llevas en silencio cerca de cinco minutos desde que volviste de la farmacia. Es cierto lo que dice, aproveché para que él me esperase mientras cogía el medicamento para sus ojos que nos ha recetado la señora del hospital. Mientras esperaba a esto, me quedé debatiendo y pensando en mi mente todas las opciones posibles para conseguir las llaves que están dentro del coche. No he llegado a muchas conclusiones, me he quedado atascada en romper la ventanilla con una piedra. —Hay un problema, Sergio. —¿Cuál? —suspiro y se lo digo, no hay forma de ocultar esto por mucho más tiempo. —Me he dejado las llaves puestas dentro del coche cerrado —me sorprendo al verle soltar una carcajada—. ¿He dicho algo gracioso? —Sí linda, no pasa nada

