—¿¡Hay alguna ambulancia en la sala!? —grito y pregunto llegando al lugar donde hay varias personas tomando café. Creo que dije mal la frase. —Sí, mira —Diego, el cual miraba algo en su móvil con mucha concentración, me contesta levantándose de la silla en la que estaba apoyado—. Nino, nino, nino —se pone a imitar el sonido de una ambulancia, yo ruedo los ojos—. La luz la tengo apagada porque la factura de la electricidad ha subido mucho. —Diego, joder —tiro de su brazo para que venga conmigo a la sala de fotografía. En cuanto vi que la había liado y el líquido había salpicado los ojos de Sergio, que al parecer ya sabemos que hace daño a esa parte del rostro, me he puesto nerviosa y he salido a buscar ayuda. Como no conozco a mucha gente aquí, así que no me ha quedado otra que ir a bu

