—¡Ay madre mía que se muere una persona en mi trabajo! —Nat camina nerviosa y agarra su teléfono mientras yo me acerco al chico que cada vez está más rojo e hinchado— ¡Hay que llamar al 666! —Será al 061, el 666 es el número del diablo. —Claro, quiero llamar al demonio para pedirle que no me lleve al infierno cuando me muera, odio el calor. —¿Qué narices dices? —Si mato a un hombre voy al infierno de cabeza y no quiero —se pone a marcar y desde este ángulo veo que, efectivamente, está marcando el número del diablo. —Mira que eres tonta —bufo y saco mi móvil para llamar a una ambulancia—. Tranquilo, vas a estar bien. —Te creo —dice este hombre con voz débil mientras tose. —¿¡Hay algún médico en la cafetería!? Nat grita mientras yo marco el número correcto que no nos hará entrar en

