—Morenita, ahora mismo estoy teniendo unos pensamientos muy extraños si no me explicas lo que haces —levanto la vista cuando Sergio habla un tanto desconcertado por haber escondido la cabeza entre sus piernas, literalmente. —¿Ves a esa mujer y niño que hay delante de mi portal? —Sí. —Son mi madre y mi hermano pequeño, no quiero que me vean. —Complicado. —¿Por qué? —Porque vienen hacia aquí gritando tu nombre —gruño golpeándome mentalmente—. Va a ser más preocupante que te vean así. —Ya… —elevo la cabeza y me golpeo con el volante en esta— Auch. —Cuidado —ríe mirando mi cara de molestia—. Espero que no haya sido tan fuerte como el que te diste contra el suelo cuando nos conocimos. —No, no… —me froto la parte golpeada de mi cabeza justo cuando escucho unos golpes en la ventanilla.

