El jueves llamó Carly a Sabrina.
—Tenemos una celebración pendiente nena, me gustaría hacerla antes de que os vayáis la semana que viene.— Le dijo a Sabrina.
—Celebración ¿Qué celebración?
—Te lo dije hace tiempo, la de la reconciliación de Daniel y yo ¿No te acuerdas?
¡Ah sí! Ya no me acordaba ¿Cuándo quieres que nos veamos?
—Pues tendrá que ser mañana viernes, Daniel no trabaja este sábado, tú tienes vacaciones del bar y te vas con Carlos el domingo.
—Vale, por la mañana podríamos ir a la piscina.
—Hecho.
El viernes por la mañana, Carlos fue a buscar a Sabrina a su casa, después pasaron por la de Carly a recogerla. Al sacar los bolsos del coche, antes de entrar al recinto de la piscina, Carlos agarró dos mochilas, una era la habitual donde llevaba la toalla y las cosas para la piscina, la otra era muy rara.
—¿Qué llevas en esa bolsa Carlos?— Le preguntó Sabrina solo verla.
—Es una sorpresa, luego lo veréis.
Las dos amigas se miraban y reían, les hacía gracia el secretismo de Carlos, como si en esa mochila llevara una bomba atómica oculta o algo así. Pasaron la mañana tostándose al sol y bañándose, cada vez que lo hacía Sabrina, Carlos la acompañaba, les había gustado a los dos morrearse en el agua. Ella se apoyaba en la pared y él se ponía delante, se besaban acaloradamente, Carlos, con la confianza de que la semana siguiente la pasarían solos en un hotel, y teniendo muy claro que esa semana iban a follar sí o sí, se atrevía a acariciarle a Sabrina el lateral de una teta, o a bajarle una mano por la espalda hasta apoyarla en la parte superior del culo. Ella viendo que él se lanzaba, también le acariciaba la espalda con más intensidad, incluso agarrándole el culo de vez en cuando. Tiene el culo duro, pensó Sabrina en más de una ocasión.
—Veo que esto de la piscina te sienta bien, cada día te lanzas un poco más, pero aun te falta un poquito.— Reía Sabrina diciéndoselo mientras lo tenía abrazado por el cuello.
—¿Me falta un poquito? ¿Qué quieres? Que te aparte la braga del bikini, me saque la polla y te folle aquí mismo, contra la pared.
—¡Uff! Carlitos que te pierdes, que sensual suena eso ¿Te imaginas? Tú aquí, empotrándome contra la pared sin compasión.
Carlos se separó de ella de golpe.
—Desde luego Sabrina, que poca sensibilidad tienes conmigo.— Carlos nadaba a braza, alejándose de Sabrina, ella lo alcanzó nadando a su lado.
—No te enfades ¿Salimos y tomamos el sol?— Se disculpaba Sabrina.
—Sal tú guapa, yo esperaré un ratito.
A ella le daba un ataque de risa, Carlos sonreía sin parar de nadar. Sabrina salió de la piscina y se estiró al lado de su amiga.
—¿Ha estado bien el bañito?— Le preguntaba Carly. Viendo que Sabrina no paraba de reír giró la cabeza mirándola.
—¿Pero qué te pasa criatura?— Volvía a preguntar Carly.
—Nada, que Carlos tiene un problema y no puede salir de la piscina.— Seguía riendo sin poder parar.
—¿Un problema? ¿Qué le pasa?— Preguntaba inocente Carly.
—Es que nos hemos estado sobando un poquito debajo del agua, y el pobre, pues…
—¡No me jodas! ¿Lo has dejado ahí dentro con la polla tiesa?
Sabrina seguía sin parar de reír.
—¿Y qué quieres que haga? Si el chico reacciona así no es mi culpa.
—No, será culpa mía si te parece, algo le has hecho.
—Más que hacerle le he dicho, le he preguntado si se imaginaba empotrándome dentro de la piscina.
—¡Joder Sabrina! Pobre chico, encima que no te lo follas le dices esas cosas, le podías haber hecho una paja o algo.
—¡Si hombre!
—Sabrina, te voy a decir una cosa, si no te conociera pensaría que eres una calientapollas, que es lo que seguramente estará pensando él, no sé cómo te aguanta.
—Porque está enamorado, igual que yo de él, además, sabe que en el hotel vamos a follar como locos.
Carlos salía del agua dirigiéndose a la hamaca.
—Mira, ya ha podido salir.— Decía Carly aguantándose la risa las dos.
Carlos llegó y se estiró boca arriba.
—¿Estás bien cariño?— Le preguntaba Sabrina.
—Sí, parece que sí.— Respondía él mirándose el paquete. Las dos chicas volvieron a reírse.
—No te habrás hecho una pajita en la piscina.— Le dijo Sabrina, Carly se sentó de golpe en la hamaca partiéndose de risa.
—¡Sabrina! Ya está bien no.— Se quejaba Carlos.
—Perdona, perdona, no quería…— Se intentaba disculpar Sabrina sin parar de reír.
—¿No querías qué?
—Provocarte cariño, no quería que te pusieras así.— Ella seguía riendo y Carly se aguantaba la risa como podía.
—Pues para no querer, hay que ver cómo me has puesto, y luego ahí te dejo, ya te espabilarás.— Argumentaba Carlos con cierto mosqueo.
Las chicas volvían a partirse el pecho riendo. Sabrina acercó su boca al oído de Carlos.
—Lo siento cariño, te prometo que te compensaré en el hotel, recuperaremos todo el tiempo perdido…
—¡Sabrina coño!— Levantaba la voz Carlos, dándose de golpe la vuelta en la hamaca, poniéndose boca abajo. Ellas volvían a reír como locas.
—¿Pero que le has dicho?— Preguntaba entre risas Carly.
—Nada, que le compensaría en el hotel, y mira como se ha puesto, a este chico está a punto de salirle humo por la cabeza.
—El humo está a punto de salirme de otro sitio guapa, no de la cabeza.
Las carcajadas de las chicas se podían oír por toda la piscina.
—Sabrina por favor, para ya, va a perforar la hamaca como sigas diciéndole cosas.— Remataba Carly, las dos se volvían a reír como locas mirando a Carlos.
—Cabronas que estáis hechas las dos coño.— Cerraba los ojos Carlos, como si quisiera dormir. Mientras Carly y Sabrina no paraban de reírse.
Estuvieron un rato más tomando el sol, Carlos parecía que se había dormido, o estaba tan cabreado que no quiso abrir los ojos y hablar con ellas. Sobre la una, Carly comentó que sería buena hora para comer algo, Carlos abrió los ojos.
—¿No es un poco pronto para comer?— Preguntó Carlos.
—Es que esta tarde, tenemos que hacer la siesta, ducharnos, secarnos el pelo, escoger la ropa…— Le explicaba Sabrina a Carlos.
—Vale, vale, ya sé, necesitáis tiempo para vuestras cosas. Pues comemos ahora, hoy tengo una sorpresa para vosotras, vamos a la zona de picnic.
Carlos se levantó y agarró la mochila aquella tan rara, las dos chicas le acompañaban.
—¿Has traído comida para los tres?— Preguntaba Carly. Carlos le guiñaba un ojo confirmándoselo.
—Ves que chico mas majo, Sabrina, este hombre vale mucho.— Seguía diciendo Carly.
—Ya lo sé ya, es un artista.— Respondía Sabrina, volviéndole la risita tonta, pensando en lo de antes.
Se sentaron en una mesa de madera, con bancos a los lados también de madera, Carlos colocó la mochila encima de la mesa.
—¿De qué te ríes ahora?— Le preguntaba Carly a Sabrina.
—Es que me estoy acordando de lo de antes, lo siento Carlos.— Contestaba Sabrina volviendo a reírse a carcajadas. Carly la acompañaba en las risas.
—Como sois ¿Qué queréis que vuelva a…?— Decía Carlos mientras sacaba paquetes de dentro de la mochila.
—Sabrina, porque no te lo llevas detrás de un árbol de esos y le haces una paja, que se tranquilice ya el pobre.— Aconsejaba Carly sin parar de reír.
Carlos paró de manipular dentro de la mochila mirándolas muy serio, las dos pararon de reír en seco.
—No quiero una paja Carly, la quiero entera a Sabrina, me la quiero comer entera.— Se sentó de golpe, al notar que le empezaba a crecer la polla otra vez. Las chicas volvieron a reír de verlo.
—Pues yo creo que no sería una mala solución.— Decía Carly.
—¿El qué?— Preguntaba entre risas Sabrina.
—Lo de la paja.
Carlos torció la mirada cargándose de paciencia. Las chicas reían como descosidas.
—Ya está bien chicas, mirar lo que he traído.
Consiguió por fin Carlos que dejaran de reír y le prestaran atención. Abrió un paquete, había canapés de salmón, en otro de foie y en el último de jamón de bellota. A las chicas se le abrieron los ojos, tenía muy buena pinta aquella comida. Carlos sacó, también de la mochila, tres copas y tres servilletas de papel que fue repartiendo, colocándolas delante de las chicas y de él, luego platos de plástico más un tenedor y un cuchillo para cada uno. Las chicas lo miraban sorprendidas, para acabar, de una funda sacó una botella de vino blanco, todavía se notaba que estaba frio, metió la mano por un bolsillo y sacó un sacacorchos, muy profesional abrió la botella y les sirvió a ellas primero, se sirvió él y levantó la copa.
—Brindemos por nosotros y por este verano tan interesante que se está poniendo.— Las chicas no reaccionaban, todavía estaban digiriendo lo que habían visto.
—Venga chicas, reaccionar coño.
Brindaron los tres.
—¿Cómo se te ha ocurrido hacer esto?— Preguntaba Sabrina.
—Apañado que es uno ¿No os gusta?
—Claro que nos gusta ¿Te crees que somos tontas o qué?— Respondía Carly.— Si esto parece un restaurante de primera.
—Para restaurante, el que me llevó el otro día, para alucinar nena.— Le contaba Sabrina a Carly.
—No, si al chico ya se le ve que tiene gustos finos.
—Por cierto Carlos, estos canapés tan buenos ¿Los has comprado? O como sospecho, te los han hecho en tu casa.— Preguntaba Sabrina.
Carlos hacía una mueca poniendo cara de niño bueno.
—Me has pillado, los ha hecho la cocinera de casa, y el vino se lo he robado a mi padre de la nevera.— Admitía con una sonrisilla Carlos.
—Pues felicítala de mi parte, están buenísimos.— Le decía a Carlos Carly sin dejar de comer.