En el interior, se encontraron con su hermano Juan y su mujer María.
—He traído unos pastelitos y un poco de cava para los postres.— Mientras le entregaba el paquete y la botella a su hermano.
—No tenías que haber traído nada, tenerte a ti aquí ya es suficiente, que no vienes nunca.— Le acusaba su cuñada María.
—Vienes muy poco, sino te llamo yo, no hay manera de que vengas.— Insistía su hermano.
—Tendrá cosas mejor que hacer.— Le defendía su sobrina.
—No, no es eso, el trabajo, la casa, Sabrina, en fin, se me ocupa el tiempo.— Se disculpaba Victor.
—Seguro que tiene alguna novia por ahí.— Reía su sobrina diciéndolo.
Victor abrió mucho los ojos, María se dio cuenta.
—¿Tienes una novia Victor? ¿Y no nos has dicho nada?
—Yo… yo… yo que voy a tener mujer.
—Pues te has puesto nervioso ¿Nos lo estás ocultando?— Le atacaba su hermano.
—Que no coño, que no. Tú también podías estar un poquito más calladita guapa.— Acusaba a su sobrina Vero.
—¡Eh! Que no pasa nada porque tengas una novia tío.
—Eso, tú sigue insistiendo.— Se desesperaba Victor.
María vio que Victor se estaba tensando.
—Vamos a sentarnos a hacer el aperitivo.— Intervino su cuñada.
Se sentaron en la mesa, Vero tenía una sonrisilla maliciosa, de saber que había incomodado a su tío.
—¿Y tú Vero? ¿Cómo vas de novios?— Intentaba devolverle la pelota Victor a su sobrina.
—Bueno, como bien dices, tengo novios, con uno no tengo bastante…
—Vero por favor, no te pases.— Intervenía Juan, su padre, él si que se ponía tenso, pensando que a su niña la pudiera estar tocando algún chico.
—Tiene amigos.— Intentaba tranquilizar su madre.
—Pero, son amigos, o amigos con derecho a…
—¡Victor! Vale ya, por favor, no me gusta esta conversación.— Se alteraba Juan.
—Es que papá se pone muy nervioso con estas cosas, nunca puedo hablar con él de chicos.
—Ni falta que hace Vero, ya lo hablas conmigo.— Intervenía María viendo la cara de su marido.
Victor bebía, su hermano Juan comía y María miraba fijamente a su hija, haciéndole gestos con la cabeza para que se callara.
—Bueno, me voy a cambiar, he quedado con unos amigos para comer.— Decía levantándose de la mesa Vero.
—No me has dicho nada.— Comentaba su padre mirándola.
—Me lo ha dicho a mí, que a ti no te puede decir esas cosas sin que le hagas un interrogatorio ¡Pesado!— Intervenía su madre.
Victor no decía nada, pero miraba a su hermano con una sonrisilla burlona.
—Y tú no digas nada, que te conozco.— Amenazaba Juan a Victor.
—Si no estoy diciendo nada hombre, tranquilízate.— Se defendía Victor riéndose.
—No entiendo como le cuesta tanto aceptar estas cosas de verdad.— Decía María levantando las cejas.
—Sabrina hace lo mismo, Vero es mayor que ella ¿Qué quieres?— Intentaba calmar Victor a su hermano.
—Pues me gustaría que estuviera más tranquilita, que estudiara una carrera como hace tu hija, o… yo que sé…
—Que se quedara en la casa, eso es lo que le gustaría, de casa al trabajo y del trabajo a casa sin hablar con nadie. Si por él fuera la encerraría en un convento.— Acusaba María a su marido.
—No seas exagerada María, yo no he dicho nunca nada de eso.
—Pero sé que es lo que te gustaría.
—¿Qué te pasa? ¿Tienes ganas de discutir hoy?
—Tranquilos, tranquilos, no pasa nada ¿Vais a discutir hoy que estoy yo aquí?— Intentaba poner paz Victor.
—Nada nuevo, discutimos siempre por cualquier chorrada.— Respondía María a Victor.
En ese momento apareció Vero, se había puesto una minifalda, tan corta que faltaba poco para que se le vieran las bragas, un top apretado que se le marcaban hasta los pezones y para rematar unas botas de plataforma.
—Adiós familia.— Se despedía alegre Vero, saliendo por la puerta.
Su padre la vio, miró al techo torciendo los ojos, se mordía los labios para no gritarle que se fuera a cambiar, que así no la dejaba salir de su casa. Victor la miraba por detrás, para confirmar que no se le veía el culo, se sorprendió que con aquella falda no lo enseñara directamente. María miraba a su marido y su cuñado con una risilla, sabía perfectamente lo que estaban pensando.
—Está guapa.— Dijo María para romper el hielo.
—¿Guapa? ¿Está guapa? Pero si parece una…
—¡JUAN!— Gritó María.— No te atrevas a acabar la frase.— Le amenazaba apuntándole con el dedo directamente a la cara.— Empieza a respetar los gustos de tu hija. Voy a buscar la comida, no levantaros, así pierdo a este de vista un rato.
María se levantó y los dejó a los dos sentados en la mesa, Victor no se atrevía a decir nada, él estaba de acuerdo en dejar que los hijos tuvieran su libertad y decidieran… Pero, no tenía claro como reaccionaría él si viera a Sabrina salir de su casa como lo hizo su prima Vero.
—¿Lo has visto no?— Preguntaba amargamente Juan.
Victor movía la cabeza confirmándolo.
—¿Y a ti? ¿También te parece normal?
—No te preocupes Juan ¿Qué podemos hacer? Nuestras hijas son mayores de edad, viven, visten y lo hacen como quieren. Y a nosotros no nos queda otra que aceptarlo. Ya sabes lo que tengo yo con Sabrina.
María salía de la cocina con una bandeja de comida.
—El viernes, cuando vino a comer con nosotros, estaba radiante.— Aseguraba María con una sonrisa.
Victor la miró interesado, cuando hablaban de su hija siempre lo hacía. Sabrina le contaba más cosas a su tía María que a él mismo.
—¿La visteis bien?— Preguntó intentado que le explicaran algo.
—La verdad es que estaba sonriente y se le veía contenta.— Apuntaba Juan.
María se había sentado y servía los platos.
—Me dijo que iba a dejar definitivamente al novio, yo la animé claro, ese chico no le conviene.— Decía María.
—Pues ya lo ha dejado, no os podéis imaginar lo contento que estoy.— Confirmaba Victor con una sonrisa.
—Le volvimos a insistir para que hablara más contigo.— Comentó Juan.
—Y creo que por primera vez, se lo estaba pensando.— Seguía María.
—Sabéis, ayer, por primera vez en mucho tiempo tuvimos una conversación, fueron unas cuantas palabras, no penséis que fue una conversación larga, pero me gustó, la vi con ganas de ir cambiando. Estoy muy contento.
—Todo irá bien hermano, Sabrina es lista, está estudiando una buena carrera, trabaja para sus gastos y… y viste como la gente normal.
—¿Quieres dejar a tu hija en paz con sus gustos?— Le insistía María.
—¿Es qué no has visto como se ha ido hoy? Por Dios…
—¡Vale ya Juan! No quiero pelearme hoy contigo.— Sentenciaba su mujer.
—María tiene razón, al final hacen lo que quieren, es mejor no enfrentarse.— Intentaba convencer Victor a su hermano.
Juan volvía a mirar al techo, levantando las cejas resignado.
—Así, que ya te hablas con Sabrina.— Cambiaba de conversación María.
—Mujer, hablarnos siempre nos hemos hablado, a veces con monosílabos, otras veces para meterse conmigo y provocarme, pero de hablarnos nos hablábamos.
—Todabía no entiendo como llegasteis a estar de esta manera.— Apuntaba Juan.
Victor dejó de comer, miró la pared fijamente, ordenando sus pensamientos.
—Sabrina de pequeña, era tan dulce, tan cariñosa. La quiero tanto, esa niña me ha dado la vida. No sé en qué momento empezó a dudar.
—Fue cuando le vino la regla, me acuerdo perfectamente.— Recordó María.— Yo en ese momento estaba mucho con ella, sabía que de un momento a otro le vendría, ya lo había pasado con Vero y creí que me necesitaría. Esas cosas es mejor hablarlas entre mujeres.
—Y te estaré siempre muy agradecido María, le has hecho de madre cuando lo ha necesitado.
—Pues imagínate, yo hablándole de compresas y tampones, cuando la niña me sale con que quería conocer a su madre. Se empezó a reír mirándome la cara, no quiero ni imaginarme el careto que puse.
—¿Así? ¿Tal cual? ¿De golpe? Es que nunca lo he entendido.— Preguntaba extrañado Victor.
—Sí, así fue, me lo soltó tal cual. Supongo que ella debía de estar pensándolo hacía tiempo.
—¿Por qué no le dijiste que se olvidara?— Preguntó su marido.
—¿Cómo le iba a decir que se olvidara Juan? ¿Estás tonto o qué te pasa?
—Claro hombre, era mejor hablar con ella.— Opinaba Victor.
—La niña se crio sin madre, ni la conocía, ni tenía noticias suyas. Solo quería saber lo que pasó con ella. Le expliqué tu versión…
—Perdona, perdona.
Victor la interrumpió, levantando la mano, como si fuera un guardia urbano parando el tráfico.
—¿Qué quieres decir con lo de…? ‘Mi versión’
—Bueno… lo que tú nos explicaste que había pasado con su madre.
—María, es que lo dices como si no te lo creyeras.— Le acusaba su marido.
—Lo siento…
Empezó a decir María, dejó de hablar y desvió la vista a un lado pensando.
—No me hagas caso Victor, sabes que siempre he intentado que os llevarais bien Sabrina y tú, te aseguro que intento que te hable y se comunique contigo…
—Pero…— Dijo Victor buscando respuestas.
María miraba a Victor en silencio, pensando.
—Mira Victor, hemos hablado tanto con Sabrina de este tema, tanto, que… sinceramente… yo tampoco entiendo lo que pasó. Ya sé que ella se fue y tal, como tú dices, pero, no me cuadra, ni me cuadra a mí, ni le cuadra a Sabrina.
Victor miraba a su cuñada sin decir nada, pensando, preocupado.
—No te preocupes, yo también le he mentido, o mejor dicho, no le he dado toda la información. Como sé que tú no quieres que lo sepa, nunca le he dicho el nombre y apellidos de su madre. Sé que ha ido a buscar información, pero no ha encontrado mucho, casi nada, solo tiene su certificado de nacimiento y no consta el nombre de la madre. Sabes, me llegó a preguntar si era verdad que sus abuelos estaban muertos, tampoco te creía en eso. Se lo confirmé, le dije que el abuelo murió cuando tú eras pequeño, y la abuela, llegó a conocerla cuando nació, la pena es que no vivió mucho más tiempo, se quedó tranquila, al menos por esa parte.— Le siguió explicando María.
—Yo sí te creo Victor, siempre he creido en lo que nos dijiste, pondría la mano en el fuego por ti.— Le decía Juan apoyándole la mano en el hombro.
—Lo siento, es como lo veo yo… y es como lo ve tu hija.— Remataba María, a la vez que se levantaba recogiendo la mesa.
—Vamos a sentarnos en el salón, he comprado un brandy que te gustará, seguro que este no lo has probado.— Animaba Juan a su hermano.
Juan abrió un armario y sacó una botella de brandy, la misma que compró su amigo Josh el día anterior.
—¿Qué te parece?— Le preguntaba Juan enseñándole la botella.
—Bueno, me parece muy bueno.— Respondía Victor con una risilla pensando en el día anterior.
María, en la cocina, miraba por la ventana al exterior resoplando, era la primera vez que le decía a su cuñado lo que realmente pensaba. Sabía que no le había sentado bien que fuera tan sincera.
Un par de horas más tarde, Victor salía de la casa de su hermano. Con un par de copas de brandy y una conversación, sin entrar en temas espinosos, había acabado la tarde.
Saliendo de la casa de su hermano, se sentó en el coche, cerró los ojos y respiró profundamente. Sacó del bolsillo el móvil.
—Hola ¿Cómo es que me llama el señor?
—Estaba pensando, si te vendría bien tomarte algo conmigo, en el Bar Mariah si quieres, o donde tú quieras.
—Uuumm, buena idea, pero me apetece pasear por el centro un rato. Y si queremos nos sentamos en una terraza y tomamos algo.
—En veinte minutos estoy en tu casa.
—Mejor media hora, me tengo que poner guapa, me gusta como me miras cuando te sorprendo.
—De acuerdo, de acuerdo, en treinta minutos te recojo.
Se encontraron en la puerta del bloque de su casa, ella se metió en el coche, donde la esperaba él. Victor le dio un tierno beso en los labios.
—Estás guapísima.
—Así me he puesto para ti ¿Te gusta?
—Claro que me gusta, estás preciosa…
—¿Me tengo que empezar a preocupar? Últimamento me lo estás diciendo mucho, no sé, no sé.
Se cachondeaba ella. Victor había puesto el coche en marcha y circulaba en dirección al centro de la ciudad.
—No, no tienes que preocuparte de nada, todo sigue igual.
Le respondió Victor, el resto del camino estuvo en silencio, ella se dio cuenta que algo le pasaba. Cuando salieron del coche y empezaron a pasear, ella se agarró a su brazo, él le sonrió con cariño.
—Venga dispara, a ti te pasa algo, lo noto.— Con la misma sonrisa, Victor movió la cabeza confirmándoselo.
—Mi cuñada María, me ha dejado caer que no me cree, está de parte de Sabrina. A las dos les parece poco creible lo que les dije que había pasado con la madre.
—Pero, les dijiste la verdad ¿No?— Le preguntaba ella mirándole directamente a los ojos.
—Sí, claro que sí.
Victor desvió la mirada, ella se dio cuenta que no quería seguir con la conversación.
Pasearon en silencio un buen rato.