Carly y Sabrina se tapaban la boca escandalizadas, Daniel y Victor se aguantaban la risa, y Josh, Josh se descojonaba de risa. Higinia de estar seria, empezó a reírse como su marido, los demás estallaron en una carcajada.
Se acabaron el postre, las chicas se disculparon, se fueron a la habitación de Carly a prepararse para salir. Daniel se quedó solo en la mesa, o esa era la sensación que tenía él. Josh se levantó, agarró la botella de cava y su copa, se acercó a Daniel.
—Coge tú copa y ven conmigo.— Le dijo serio.
Daniel, como no podía ser de otra manera, le hizo caso. Se sentaron los dos en el sofá, Josh sirvió cava en la copa de Daniel, después se sirvió en la suya.
—Sé que no hace mucho tuvisteis… digamos que una crisis, vi a mi hija pasarlo muy mal, lloró como en mi vida la había visto llorar. También sé que fue por culpa suya, Daniel ¿Tú crees que lo vuestro funcionará?
—¿Me permites que te llame Josh?
—No quiero que me llames de otra manera, contéstame.
—Es cierto que hemos pasado por un mal momento, pero lo hemos superado, y te aseguro que si lo hemos hecho es porque nos queremos mucho. Yo no te puedo asegurar que pasará de aquí un tiempo, nadie lo sabe, pero sí puedo decirte que aquí y ahora, tú hija es lo más importante en mi vida. La semana que viene iremos a comunicárselo a mis padres, para que toda la familia esté al día.
Josh lo miraba fijamente, apretaba los labios y movía la cabeza de abajo a arriba lentamente, confirmando que le gustaba lo que había oído. Le dio un buen golpe en el hombro y agarró la copa para brindar, Daniel también la agarró, brindando con Josh y bebiendo los dos a la vez.
Se volvieron a sentar en la mesa, Higinia hacía gestos hablando con Victor, Josh entendió que le estaba hablando de la novia. Higinia se giró mirándolos a los dos.
—Qué Daniel ¿Has pasado la prueba del polígrafo? ¿O tengo que ir preparando el calabozo?
—Que graciosa que eres cariño.— Se quejaba Josh.
—Escucha Daniel ¿Tú conoces a Carlos?— Insistía Victor.
—¿Tú quieres que Sabrina me mate?— Le preguntaba Daniel.
—¡Joder! Os tiene a todos acojonados coño.— Se desesperaba Victor.— Yo solo quiero saber si ha escogido bien, o es un patán como el último que tuvo, solo es eso.
—Pues tranquilo Victor, es un buen tío y tiene mucha pasta ¡Coño se me ha ‘escapao’!
—Vale, vale, solo quería saber eso, ya me quedo más tranquilo ¿Así que es de buena familia?
—¡Victor por favor! Que Sabrina me corta los huevos como se entere que se me ha escapado.
—¡Hostia puta! Esta niña es peor que Vito Corleone.— Se lamentaba Victor.
Higinia y Josh se morían de risa. Las chicas salieron arregladas, Daniel se levantó, se despidieron de todos. Al besar Sabrina a su padre.
—La que me has liado, esta me la vas a pagar.— Amenazaba Victor, medio en broma medio en serio a su hija.
—Papá tranquilo, ha sido en defensa propia, y lo sabes.— Contestó Sabrina, se dio media vuelta, se giró, lo volvió a mirar y le guiñó un ojo.
—La madre que te parió Sabrina, la madre que te parió, anda tira.— Acababa de decir Victor.
Los chicos se fueron. Victor se quedó en silencio.
—Supongo que no te vengarás de Sabrina.— Decía Higinia.
—¿Cómo me voy a vengar Higinia? La quiero más que a mi vida, lo sabes de sobra.
—Eso sí que lo sé, lo que no sé es quien eres tú, ahora me tengo que enterar…
—Higinia por favor, no empieces de nuevo.— Intervenía su marido.
—Te lo explico todo, no te preocupes. Josh ¿Tienes de ese brandy tan bueno?
—Tengo, y si no, salgo a comprarlo ahora mismo, pero tú no te vas de aquí, por una vez que vas a contar algo de tú vida privada macho.
Los tres reían mientras se movían para sentarse en el sofá.
Sabrina llamó a Carlos para quedar en el bar en el que trabajaba, se sentaron tres en una mesa, Sabrina se metió detrás de la barra y agarró cuatro cerveza, para no molestar a sus compañeros, las llevó a la mesa y se sentó con ellos. Carly le enseñaba el anillo a Carlos.
—Tienes buen gusto Daniel, es muy bonito.— Le decía a Carlos.
—Y tanto que tengo buen gusto.— Le contestaba pasándole un brazo por los hombros a Carly besándola.
—Qué bonito.— Opinaba Sabrina.
—Chicos, he pensado que para celebrarlo, os voy a invitar al restaurante donde fuimos Sabrina y yo. He reservado mesa el próximo viernes.— Les anunciaba Carlos.
Carly miraba a Sabrina, esperando alguna reacción. Sabrina le devolvía la mirada.
—He decidido que no me voy a meter más en esas cosas, que haga lo que quiera, el dinero es suyo.— Decía Sabrina.
—Así ¿Tenemos cena de gala el viernes?— Preguntaba ilusionado Daniel.
—Siiií.— Le confirmaba Carly contenta.
—Bueno, de gala no es, es recomendable llevar una americana, pero si no, tampoco pasa nada.— Aclaraba Carlos.
—Sabrina, tenemos que ir de compras esta semana.— Le decía Carly.
—No te pongas nerviosa, podemos vestir normal como siempre, un poco más arregladitas y listo.— Proponía Sabrina.
—¡Ah no! Si voy a un sitio así una vez en la vida, quiero ir bien puesta, con un vestido bonito por lo menos.— Se ilusionaba Carly.
—Vale, ya quedaremos un día de estos y nos vamos de compras, a ver si encuentro algo para mí también.— Carly aplaudía sin tocarse las manos contenta. Carlos la miraba pensando que hasta en eso se parecían Sabrina y ella, fue lo mismo que hizo Sabrina cuando le dijo que podrían ir a Menorca sus amigos.
Carly y Daniel se besaban contentos de la decisión de Carlos. Sabrina miraba a su novio.
—¿Se lo digo?— Le preguntaba.
—Díselo.— Le contestaba Carlos.
—¿Qué nos tenéis que decir?— Preguntaba curiosa Carly.
Sabrina los miraba sonriendo, Carly y Daniel la miraban esperando que empezara a hablar.
—Bueno, Carly ya sabe que Carlos, el mes que viene ha alquilado una casita en Menorca, pues… si queréis venir, seréis bienvenidos.
Carly y Daniel se miraron, se giraron mirando a Sabrina y Carlos, se volvieron a mirar entre ellos.
—A ver ¿Nos estáis diciendo que podemos ir a Menorca con vosotros? Es eso.
—Sí Carly, eso mismo.— Contestó Carlos.
—¡Joder Daniel! Hoy nos ha tocado la lotería tío.— Le decía Carly poniéndose las manos en la cabeza, no se lo podía creer.
—Supongo que puedo hablar con mi tío, le preguntaré si puedo tener unos días libres en agosto.
—Daniel, si no has hecho vacaciones nunca, siempre trabajando, es un derecho que tienes hombre, no tienes que pedir nada, solo tienes que confirmarle que días estarás de vacaciones, ya está, tiene que dártelas, te pertenecen legalmente.— Le decía Carly.
—Si quieres vamos nosotras a hablar con tú tío.— Se ofrecía Sabrina.
—No, por favor, si lo hacéis me manda a tomar por culo en el momento. Menudas sois vosotras dos juntas.
Carlos se reía, las chicas también.
Entre piscina, folleteo en la casa de Sabrina, folleteo en el coche de Daniel, salidas por la noche, risas, bromas. Visitas de Victor diarias a su amiga, algunos días con folli folli, no todos que ya tienen una edad, la amiga contenta de ver que Victor se preocupaba de verla y de que estuvieran juntos. Fue pasando la semana y llegó el viernes.
Llegaron los cuatro al restaurante en el coche de Carlos, bajaron y Carlos le dio las llaves del coche al chico, se subió y desapareció con él.
—Empezamos bien, con servicio de parking y todo.— Comentaba Daniel.
—No, es que le he regalado el coche.— Bromeaba Carlos.
—Que va, lo que pasa es que se lo van a pintar.— Seguía la broma Sabrina.
—¿Pero que estáis diciendo?— Preguntaba Carly extrañada por la tontería.
—Sabrina, que la otra vez me preguntó si le había regalado el coche…
—Este niño, que me dijo que no, que se lo iban a pintar
—Vale, son tonterías vuestras.— Aclaraba Carly. Daniel se reía de la broma.
La misma chica, la de la sonrisa falsa como un euro de chocolate, les atendió, los acompañó a la mesa, mientras caminaban las señoras de diferentes mesas las miraban a ellas. Carly se dio cuenta.
—Sabrina ¿Qué le pasa a estas tías? No nos quitan la vista de encima.— Le decía susurrando.
—No te preocupes, tú disfruta del momento.— Le quitaba importancia Sabrina.
Los llevó a un lugar muy parecido a la vez anterior, con una mesa más amplía para cuatro. Mientras Carlos ayudaba educadamente a sentarse a Sabrina, la señorita ayudaba a Carly, Daniel se sentaba él solo.
—Señoras, van ustedes muy guapas y elegantes, ahora mismo vendrá al jefe de sala para atenderles.— Decía la chica, manteniendo aquella sonrisa postiza.
—Muy amable, gracias.— Se despedía Daniel.
La chica se giró, se quitó de la cara la sonrisa falsa y miró al techo mientras caminaba.
—¿Nos lo ha dicho en serio o se pitorreaba?— Preguntaba Carly.