Muy Caro

619 Words
—Se pitorreaba Carly— Le aclaraba Sabrina.— esta tía es una amargada, te lo digo yo ¿Sabes lo que pasa? Que los vestidos de las tías esas que nos miraban al entrar, valen de mil quinientos pavos para arriba. —¿Sabes lo que pasa? Que esas tías llevaran vestidos muy caros, pero saben que nunca llegaran a ser tan guapas, ni a tener tan buen tipo como vosotras en la puta vida, eso es lo que pasa.— Argumentaba Carlos. —Bien dicho Carlos.— Animaba Daniel. —Pues mira, a nosotras nos han salido muy bien de precio, estaban de oferta y son muy monos ¿Verdad Sabrina? —Verdad Carly, tú estás cómoda con el ¿No? Pues yo también, que les den.— Sentenciaba Sabrina la conversación de los vestidos. Apareció el jefe de sala, abrió y entregó a Carly la carta, ella empezó a leer, uno a uno la fueron agarrando mirándosela. Cuando se fue el jefe de sala, Carly levantó la vista. —No me entero de nada chicos ¿Esto qué es? —Yo tampoco me entero cariño, ya somos dos.— Le daba la razón Daniel cerrando la carta. —Somos tres ¿O pensáis que yo sí me entero?— Decía riéndose Sabrina.— Aquí el único que sabe como son los platos es Carlos. Carlos levantó la vista de la carta al oír su nombre. La dejó abierta encima de la mesa y les fue explicando. —Mirar, depende lo que queráis comer.— Les fue explicando de lo que iba cada plato, los primeros y los segundos. —Perdona, pero es que no he podido evitarlo, yo lo que sí he entendido es el precio de cada plato, es una puta locura.— Decía Daniel. —Es verdad Carlos, ahora me estoy arrepintiendo de haber venido, ya sé que Sabrina no te dirá nada, pero es que esto es demasiado, te va a salir muy caro.— Le decía seria Carly. —Pensar una cosa…—Les respondía Carlos.— Un solo bolso de los que lleva mi hermana, vale más de lo que me voy a gastar aquí con vosotros, y con la copa incluida, así que tranquilos y pasarlo bien, que para eso hemos venido. —Tiene razón.— Le apoyaba Sabrina. —Perdona ¿Pero qué bolsos lleva tú hermana?— Se extrañaba Daniel. —De dos mil euros para arriba cariño.— Le contestaba Carly. —Y si solo fuera eso, sin ánimo de criticarla Carlos, pero entre el bolso, las pulseritas, los collares o cadenas del cuello, el reloj y la ropa que lleva siempre, porque yo no la he visto nunca repetir casi modelito, esa mujer tiene más valor que un banco. Los cuatro reían. —Y además súmale, peluquerías, cuidados de la piel, uñas y demás parafernalias. Y vosotros preocupados por cenar aquí, estar tranquilos que a mí no me importa.— Les aclaraba Carlos. Daniel pensaba. —¿Qué piensas cariño?— Le preguntaba Carly. Él giró la cabeza. —Estaba calculando, cuantos coches tendría que arreglar, para poder pagarle todo eso a una mujer. —¿Y?— Seguía preguntando Carly. —Que no me da la vida para tanto trabajo, es imposible mantener ese gasto. Volvían a reír. —Conmigo si te dará la vida mi amor, yo no necesito tantas cosas.— Le decía Carly. Llegó el jefe de sala, Carlos pidió para los cuatro, y escogió el vino. Cenaron tranquilamente, conversando y riendo. Cuando estaban a punto de acabar con los postres, Carlos se levantó y pagó la cuenta discretamente, no hacía falta que los demás se enteraran de la cantidad que pagaba.
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