Bien Folladitos

2123 Words
Daniel la colocó de lado, se puso él detrás, se agarró la polla gorda, con saliva se mojó la punta, se la acercó al culo, y despacio pero sin pausa, se la metió y siguió empujando hasta tener la polla entera dentro del culo de Carly. Ella gemía levemente, mirando para atrás para verle la cara a su novio, él sacó un poco la polla y se la metió de golpe, a ella se le escapó un pequeño grito. —Esto te gusta desde que te folló Santiago con su amigo. —No me hables de eso por favor, quiero olvidarlo.— Le pedía Carly. —¿Olvidarlo? Seguro que fue la experiencia más fuerte de tú vida. Jugar con dos pollas… Carly se callaba y pensaba, se acordaba de cuando tenía en sus manos las dos pollas, como se la chupaba a uno y después al otro, como las pajeaba, como se ponía de cachonda en esa situación. —Seguro que te las comiste con ganas, sé que te gusta, se te nota cuando me la chupas a mí ¿Cómo lo hacías? Primero a uno un buen rato y después te sacabas una polla y te metías la otra hasta la garganta… Daniel se iba excitando cada vez más, a la vez le sacaba la polla del culo y se la metía con más intensidad, Carly no decía nada. —Luego que tocó, te follaste a uno mientras se la comías al otro, o te follaba uno de ellos y el otro te la metía en la boca ¿Te gustaba? Que te follaran la boca y el coño a la vez, respóndeme. Le decía Daniel gimiendo, cada vez que le enterraba la polla en el culo, Carly se limitaba a acariciarle el culo a su novio. —Ya sé yo que es lo que más te gustó, a ti lo que te gusta, lo que te vuelve loca, es que te follen por el coño y por el culo a la vez. Daniel metió una mano entre los muslos de Carly, llegó hasta el coño y le metió dos dedos dentro. Carly gritó de gusto, volvió a girar la cabeza mirándolo. —Ves como tengo razón, si te vieras la cara de cachonda que haces… Aumentó los pollazos por el culo y la intensidad de penetración con los dedos. Carly gritaba de gusto. —Y tanto que te gusta, dime una cosa ¿De quién te gustaría que fuera la polla? La que sustituiría mis dedos ¿De quién?— Preguntaba Daniel sin respuesta de Carly, concentrada en disfrutar del gusto de la follada.—Vamos dímelo, seguro que tendrás alguna en la cabeza, sé que tienes imaginación, no creo que estés así de excitada pensando en mis dedos. Ella seguía sin decir nada, cada vez gritaba más, los dedos de Daniel la follaban a buen ritmo, por el culo la empalaba sin piedad, a todo lo que le daban su cintura. El orgasmo les atraparía pronto, los ojos de los dos se torcían, Carly se agarró al culo de Daniel con la mano para atrás apretándolo, para que se la metiera más duramente, él ya no sabía si le metía o sacaba los dedos del coño o le daba vueltas. Se empezaron a correr, grito detrás de grito. —Dímelo ¿Quién te gustaría que te follara conmigo?— Preguntaba Daniel una última vez levantando la voz, entrecortada por el efecto del orgasmo. —Carlos. Se escuchó como un susurro entre los gritos orgásmicos de Carly. Daniel siguió, él también se estaba corriendo. Cuando acabaron se quedaron en silencio. Carly de lado sin moverse, Daniel detrás, pasándole un brazo por encima dejando caer una mano en la barriga de Carly. —¿Has dicho Carlos?— Preguntaba suavemente Daniel. Carly se giró, le puso una mano a cada lado de la cara y le besó los labios. —No lo sé cariño, me estaba corriendo, descontrolaba, has insistido tanto que podía haberte dicho cualquier nombre. —Ya, podías haber dicho el nombre de cualquier actor de esos que te gustan, pero has dicho Carlos.— Le decía suavemente Daniel. —No sé que he dicho.— Se defendía Carly, siendo plenamente consciente del nombre que se le había escapado. —¿Te gusta Carlos?— Insistía Daniel. —Claro que me gusta, es guapo, tonta no soy. Pero al que quiero y me follaría es a ti, te quiero solo a ti, entiendo que hoy te has excitado, me has estado hablando de cosas que yo quiero olvidar, no me ha importado, porque he visto que te gustaba pensarlo y te ponías cachondo, pero ya. —Vamos Carly ¿De verdad no te follarías a Carlos? Imagínate que te pidiera hacer un trío con él. —¿Y tú? ¿Lo harías con Sabrina? La tía esta buenísima ¿Te la follarías?— Cambiaba Carly de conversación para no seguir con la de antes. Daniel dudaba, Carly, que lo conocía como la madre que lo parió, arrugó el entrecejo. —Oye Daniel ¿Pasó algo con Sabrina? Quiero decir, durante esos días que salisteis cuando yo estaba haciendo la gilipollas por ahí. —No, no pasó nada ¿Por qué lo preguntas?— Se le notaba nervioso, Carly sabía que lo había pillado. —¡Daniel! Que te conozco tío, no me mientas ¿Qué pasó?— Daniel resoplaba mirando al techo del coche. —Fue una tontería Carly, nada importante, ya lo hemos olvidado… —Déjame decidir a mí si fue importante o no ¿Qué pasó?— Insistía Carly apretándolo. —Nos… nos besamos. —¿Os besasteis? ¿Cómo? Porque como amigos no sería, no estarías así.— Daniel se cagaba en todo, porque no podía ser más falso y que no se le notara cuando ocultaba algo, pensaba. —Nos morreamos…— Decía nervioso. —¿Y qué más?— Le apretaba Carly sin dejarlo pensar. —Le sobé una teta.— Respondió rápidamente Daniel soplando, como si se hubiera quitado un peso de encima. Carly se dio cuenta de que Daniel se relajaba, eso quería decir que solo pasó eso. —Así, que os morreasteis y le sobaste una teta… —Carly, fue una tontería, estábamos algo bebidos, nos miramos y lo hice, fui yo, o eso creo. —Ella no te rechazó, le debió de gustar. —Si no se apartó lo hizo para no hacerme daño, para que no me sintiera como un gilipollas. —Pero la lengua bien que te la metió en la boca. —Solo la puntita, nos separamos rápidamente, nos dimos cuenta que era una tontería, que no podía pasar a más. —¿Solo la puntita? Que golfo eres. —¡Carly!— Se quejaba Daniel. —Sí, tranquilo, es broma, ya sé que yo hice mucho más la gilipollas que tú ¿Cómo te voy a decir nada hombre?— Le sonreía Carly. —Que tranquilo me he quedado, soy tan idiota, que esa tontería me rondaba por la cabeza por no poder decírtelo. —Tranquilo cariño. —Vale. —Entonces, sí que te la follarías. —¡Carly coño! Esa misma tarde, Victor, con una bolsa colgando del hombro para pasar el fin de semana, llamó a la puerta del apartamento de su amiga íntima, le abrió ella con una sonrisa. Él entró, cerró la puerta, dejó en el suelo la bolsa, le pasó los brazos por la espalda besándola, ella le respondía con pasión al beso. Le metió las manos por debajo de la camiseta, de un tirón le arrancó las bragas, él sí que tenía práctica arrancando bragas, no como Carlos, que le costó horrores poder hacerlo, al menos en aquella ocasión con Sabrina. Ella le miró a los ojos excitada, él se desabrochaba el pantalón, la agarró y la subió, ella enrolló las piernas alrededor de la cintura de Victor, se bajó de un tirón el pantalón y la ropa interior, se agarró la polla, la apuntó y de un golpe de cintura, penetró a su amiga, ella gritó mirando el techo, sujetándose con fuerza rodeando con sus brazos el cuello de Victor. Él parecía tener fuerzas renovadas, la movía a ella arriba y abajo, movía su propia cintura follándola con dureza, ella le mordía el hombro, él gritaba, por el mordisco y por el gusto que sentía de estar follándose a aquella mujer de aquella forma. Así se corrieron los dos. Cuando acabaron Victor la dejó en el suelo suavemente, volviéndola a besar. —Hombre por fin, esta semana estabas apagado. —¿Yo apagado? ¿Qué dices? —Venga Victor, desde el domingo pasado que fuiste a aquella comida, que no dabas pie con bola. —¿Pie con bola? Venga va. —Te afectó Victor, tener que dar explicaciones de mí te afectó, has estado toda la semana sin pedirme para follar, raro, raro. Suerte que hoy parece que te has despertado. Victor hacía una mueca caminando en dirección a la habitación, para dejar la bolsa. —¿Quieres una cerveza?— Suavizaba la amiga la tensión. —Por supuesto. Josh, también llegó aquella tarde de trabajar, entró en la cocina, donde estaba Higinia, dejó la bolsa de la ropa sucia encima de una silla. Se acercó a su mujer, que le miraba con una sonrisilla y las manos ocupadas preparando algo para la cena. Josh le dio un beso, se puso detrás de ella, Higinia sonreía, le levantó la falda, a su mujer se le escapó una risa, le miró y le bajó las bragas, ella, teniendo claro que era lo que su marido buscaba, apoyó las tetas en la encimera sacando el culo, él empezó a jugar con su coño, acariciándolo con dos dedos, con la otra mano se desabrochaba el pantalón y se lo bajaba con la ropa interior, se empezó a pajear para ponérsela dura. —Estas bragas son demasiado grandes Higinia. —Joder que manía.— Susurraba ella. —Sigo pensando que un tanga te sentaría muy bien.— Insistía Josh. —¡Que pesado eres! No me puedo poner un tanga, ya lo dije, se me mete entero en la raja del coño, no voy cómoda.— Le repetía Higinia. —Pues yo, estoy pensando en comprarte uno. —Te lo pones tú para ir a trabajar, verás que bien iras todo el día con eso metido por el culo, los huevos se te saldrán por un lado y la polla por el otro, cómodo de cojones. —Vale, ya hablaremos.— Decía Josh, con la esperanza de ganar tiempo con el tema tanga. —¿Y tú? ¿Piensas follarme? O seguirás jugando con esos dedos, que ya tengo el coño hecho agua de tanto sobetéo. Josh se centró en lo importante, le apuntó la polla en el coño y la penetró, Higinia gimió levemente. —¿Eso es todo lo que sientes?— Preguntaba Josh desilusionado. Se la sacó y se la volvió a meter, de un golpe seco y duro, Higinia gritó. —Así está mejor.— Confirmó Josh. Siguió follándola duro, Higinia gritaba de gusto, él resoplaba y gruñía. —Aguanta, aguanta que me corro.— Gritaba Higinia. Josh seguía dándole fuerte, esperó que su mujer se corriera, después se corrió él. Le subió las bragas y le bajó la falda. —¿Te crees que no aguantaré lo suficiente? Por eso me lo pides. —Ya sé que aguantas, siempre lo has hecho.— Respondía Higinia. Josh empezó a caminar, Higinia detrás de él. —Me voy a duchar otra vez— Decía Josh.— Y a mí no se me va la idea del tanga. —Mejor te compraré uno yo a ti, con puntilla y todo. La semana que viene, te lo pones para ir a trabajar, te aseguro que al final del día se te habrá pasado la puta manía que tienes con el tanga. Josh se moría de risa sin dejar de caminar, no podía dejar de pensar en el tanga metido por el culo, y por delante saliéndole los huevos por un lado y la polla por otro. —¿Te metes conmigo en la ducha?— Le preguntaba a Higinia. —¿Vas a aguantar otro?— Se cachondeaba su mujer. —Señora ¿Está usted menospreciando a este hombre? Métete en la ducha conmigo y te vas a enterar. —¿Seguro que quieres más jaleo? —Ven que te voy a dar lo tuyo. —Vale.— Acababa diciendo Higinia mientras se desnudaba partiéndose de risa. Todos los que se sentaron alrededor de la mesa, celebrando el domingo anterior el compromiso entre Carly y Daniel, acabaron la semana bien folladicos.
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