Daniel se turnaba con sus compañeros del taller, un sábado cada uno libre. En uno de estos que libraba quedaron los cuatro para ir a la piscina juntos. Carlos se comprometió a proporcionar el almuerzo, le pidió a la cocinera de su casa si podía preparar canapés en abundancia para cuatro personas, de la nevera, en vez de robarle a su padre una botella, le robó dos, de buen vino blanco de las Rías Baixas. Lo llevaba todo metido en la mochila extraña, preparada para transportar comida y bebida manteniéndola en buen estado y sobre todo, el vino fresco. Además de los cubiertos, copas y todo lo necesario para el picnic.
Estuvieron un buen rato los cuatro tomando el sol en las hamacas, los chicos se pusieron de acuerdo para bañarse, cuando se metieron en el agua, Carly se incorporó y se sentó, le tocó un brazo a Sabrina que seguía estirada con los ojos cerrados.
—Escúchame Sabrina una cosita ¿Daniel besa bien?— Preguntaba Carly con cierto rintintín.
Sabrina abrió un ojillo mirándola, la cara que le vio ya le indicaba que lo sabía. Se sentó también, cara a cara con Carly.
—No se ha podido olvidar y te lo ha soltado el hombre.— Le confirmaba Sabrina.
—Daniel tiene muchas virtudes, pero la de ocultar algo, no es precisamente una de ellas, más tarde o más temprano lo pillo. Tú me dijiste que no había pasado nada, pero algo hubo.— Empezaba su interrogatorio Carly.
—No hubo nada Carly, no te comas la cabeza tú ahora.— Le quitaba importancia Sabrina.
—No pasó nada dice, bien que os metisteis la lengua hasta la garganta ¿No?
—No fue tanto coño, él me besó…
—Y tú no le dijiste que no, le devolviste el beso.
—Un poco…
—¿Un poco?—Seguía presionando Carly.
—Le di la puntita de la lengua…
—La puntita, eso dicen muchas, me ha metido solo la puntita, y luego resulta que se la habían metido hasta… pues eso, que habían estado follando como locas.
—¡Carly ya está bien! Habíamos bebido bastante, él más que yo, en un momento de la noche quiso besarme, yo pensé que si lo rechazaba, si le hacía una cobra, él se sentiría mal, ya lo estaba pasando fatal por ti. Así que preferí no apartarme, sí es verdad, el me metió la lengua en la boca, pero yo solo saqué la puntita, además me agarró una teta. Nos separamos, el mismo se dio cuenta que había hecho una tontería, quedamos en que nunca más hablaríamos de lo ocurrido y seguimos con la fiesta. Eso es todo, se acabó.— Le dio explicaciones Sabrina.
—¿Se acabó?— Preguntaba Carly sonriendo, las dos versiones, la de Daniel y la de Sabrina, coincidían, eso era lo que quería saber ella.
—Se acabó hasta hoy, que a ti te ha picado por hablar de esto.— Le acusaba Sabrina.
—Gracias.— Se las daba Carly.
—¿Gracias de qué?
—Por no decirme que yo tengo mucho más que callar, que fui una imbécil que os abandoné a los dos…
—¡Ey vale ya!— La cortó Sabrina abrazándola.— Somos amigas ¿No? Mas que hermanas— Le susurraba al oído.
—Tú, mejor amiga que yo, lo reconozco.— Se disculpaba Carly. Las dos se abrazaban sentadas.
Carlos y Daniel las miraban desde el agua.
—¿Qué debe pasar?— Preguntaba Carlos.
—Cosas de ellas, tienen una amistad muy especial…
—De eso ya me he dado cuenta ¿Has visto la foto de cuando eran pequeñas?— Preguntaba Carlos.
—¿Esa que tienen en su habitación? Vestidas de ballet, la vi en la casa de Carly.
—Sí, es que a mí me gustó tanto, se les ve tan felices de pequeñas.
Las chicas se tiraron al agua y ellos se callaron, se abrazaron, cada una con su pareja, y siguieron hablando los cuatro dentro del agua, sofocando el calor de una mañana en pleno verano. Al medio día, se comieron los canapés y se bebieron las dos botellas de vino, con todo eso entre pecho y espalda se pegaron una siesta en las hamacas debajo de una sombra.
Más tarde estaba Sabrina en su habitación, en la cama con Carlos, habían pegado un buen polvete. Ella estaba tranquila, sabía que su padre cuando acabara de trabajar visitaría a la folli folli, como ella la llamaba. Carlos miraba una vez más la foto de las niñas.
—Te gusta esa foto ¿Eh?— Confirmaba Sabrina.
—Me encanta, se os ve tan naturales y felices.
Sabrina se acurrucó, Carlos la abrazaba haciendo la cucharita. Sabrina pensaba en la relación con Carly, se conocían de toda la vida. Parte de la historia se la contaron, era tan pequeña que no tenía uso de razón.
Cuando ella nació solo tenía a su padre, él la cuidó los dos primero meses, después tuvo que buscarse un trabajo, el dinero se acababa, Con lo que ganaba tenía que pagar el alquiler y gastos de la casa, comida para los dos, pañales y otros gastos de un bebé, y como no, a una vecina jubilada que la cuidaba mientras Victor trabajaba. Cuando volvía después del trabajo, siempre se cuidó él de su hija, tampoco tenía presupuesto para hacer nada más.
En el trabajo conoció a un compañero, a otro obrero que el primer día le encargaron que le enseñara la obra y le indicara las tareas para hacer, se pasó varios días con él, se cayeron bien, ese hombre le explicó media vida, se llamaba Josh y estaba casado con Higinia, su mujer también trabajaba para poder tirar la casa hacía delante. Curiosamente, ellos también tenían una niña pequeña de cuatro meses, dos meses más grande que Sabrina.
Un día Josh, sabiendo la situación de Victor, le propuso que se vieran en el parque para pasear a sus hijas juntos. Allí se encontraron, le presentó a su mujer Higinia, pasearon un rato, se sentaron en una sombra y dejaron los dos carritos juntos, uno al lado del otro, de cara a un parque de juegos de niños, para que los bebés se distrajeran. Las niñas giraron las cabecitas, se miraron, estiraron un brazo y se agarraron de las manitas. Higinia, que se dio cuenta, avisó a los padres.— Mirar que están haciendo esas dos.— Los adultos reían de lo que hacían ellas, las niñas seguían mirándose con las manos juntas, como si estuvieran sellando un pacto, el pacto de que nunca se separarían, que siempre se mantendrían juntas como hermanas.
Cuando tuvieron edad de poder ir a la guardería, Victor dejó de pagarle a la vecina para que cuidara de Sabrina. Higinia se preocupó de buscar una cerca de su casa, donde fueran las dos. Como ella en ese momento trabajaba el turno de mañanas, a primera hora de la tarde las iba a buscar a la guardería, se las llevaba a su casa, mientras ellas jugaban con sus juguetes, Higinia aprovechaba para limpiar la casa o hacer la cena. Por la tarde se quedaban dormidas, compartiendo la cuna, muy juntas, agarraditas de la mano y con el bracito de una por encima de la otra. Cuando acababan de trabajar Victor y Josh llegaban a la casa, Victor recogía a Sabrina y se iba a la suya.
A partir de ese momento Carly y Sabrina fueron como hermanas, a Higinia, cuando iba con los dos carritos por la calle, más de una vez se lo habían preguntado. Victor solo tenía tiempo de trabajar y cuidarse de su niña, Higinia, si iba de compras y veía un paquete de braguitas a buen precio, compraba dos, uno para su hija y otro para Sabrina, igual que algún vestidito o ropa que encontraba. Más de una vez vestían iguales, hasta las braguitas llevaban igual.
Pasó el tiempo, Higinia era como una madre para Sabrina, otra madre, porque su tía María cuando podía se cuidaba de ella, el problema es que María trabajaba casi todo el día. Con Carly y su madre, Sabrina encontró de pequeña la familia que no tenía en su casa. Volvía Higinia de un centro comercial, donde había estado mirando cosas para las niñas, cuando vio un local, se fijó, vio fotos de niñas haciendo ballet, le hizo gracia, tanta que llevó a las niñas a probarlo, como les gustó, las apuntó a las dos. De ahí la famosa foto que tanto le gustaba a Carlos, les regaló a las niñas una a cada una, con su marco y todo, se las pusieron en la habitación y allí seguían unos quince años después.
Y allí seguían Carly y Sabrina como amigas, desde que se vieron por primera vez en el parque, en la guardería, en cada uno de los cursos del colegio, incluso como le explicó a Carlos, en uno que las quisieron separar Higinia no lo permitió, en el instituto. Salían siempre juntas, con las amigas comunes, después con amigos, con los primeros amores de la adolescencia, de hecho, perdieron la virginidad la misma tarde, una en cada habitación de una casa, donde las invitó uno de los chicos con los que salían.
Vidas paralelas, complicidad sin fin, cariño entre ellas como verdaderas hermanas, o como decían ellas, más que hermanas, porque ellas lo habían escogido, no había sido obligado por ser familia.
Carly escogió estudiar arquitectura por no separarse de su amiga, Sabrina lo tenía claro desde pequeña, ella realmente no sabía que seguir estudiando, así que tampoco se lo pensó mucho. Se fueron a matricular las dos juntas y empezaron su etapa universitaria.
Estaban en primero, necesitaban estudiar mucho, así que pasaban horas en la casa de una o de la otra haciéndolo. Una tarde de esas, que estaban en la habitación de Carly.
—¿Te puedo preguntar algo Carly?
—¡Joder! Me lo dices como si no tuviera confianza conmigo, siempre nos lo hemos contado todo ¿A qué viene eso?— Se extrañaba Carly.
—Bueno, es que es algo delicado, nunca hemos hablado de esto, y mira que hemos hablado de cosas.
—Me extraña que no lo habláramos en algún momento, venga suéltalo.— La animaba Carly.
—Tú… ¿Tú has pensado alguna vez como debe ser con otra chica?
—¿Te refieres a follar con otra chica?
—Carly, desde luego hablas claro tía.— Las dos reían.
—¿No lo has pensado nunca?— Insistía Sabrina.
—Te refieres a… besarse, tocarse, masturbarla, comerle el chichi, que te lo coma a ti y esas cosas.
¡Joder Carly! Me estás, me estás… que calor tengo, me voy a duchar.
Sabrina se fue desnudando, Carly la miraba con una sonrisilla, la misma sonrisilla que tenía Sabrina, cuando la vio desnuda a ella en aquel momento que lo estaba pasando tan mal. Caminó en pelotas y se metió en el cuarto de baño, entró en la ducha, un plato de ducha que no hacía mucho había instalado Josh quitando la bañera que había antes, a Carly le gustaba bañarse cuando era pequeña, pero llegó un momento que no cabía en la bañera, así que su padre se la cambió por un plato de ducha grande, era más práctico para ducharse. Sabrina cerró la mampara, puso el agua en marcha, se aseguró que la temperatura del agua era la correcta y se metió debajo, dejaba caer el agua por su cabeza, colocándose el pelo hacia atrás.
Escuchó que se abría la mampara, vio entrar a Carly en pelotas, se conocían demasiado, sabía a lo que venía, igual que Carly sabía que si entraba en aquella ducha desnuda Sabrina lo entendería. La rodeó con un brazo, apoyando la mano en la parte baja de la espalda, se giraron e Carly quedó debajo del agua. Sabrina se apretó a ella, así el agua les caía a las dos. Al ser de la misma estatura más o menos, las tetas se tocaban, se miraron a los ojos con una sonrisa, acercaron los labios y se besaron, se sabrosearon los labios, se entregaron las lenguas, se morrearon bien. Con las manos se fueron acariciando, las tetas, los pezones se los pusieron duros. Se metieron un dedo en la rajita del coño casi a la vez, se masturbaban mutuamente.
—¿Vamos a la cama?— Preguntó Carly sabiendo la respuesta.