Pásatelo Bien

1016 Words
Se secaron con prisas, se agarraron de la mano y caminaron hasta estirarse en la cama. Siguieron besándose, se sobaron las tetas, se las comieron una a la otra, se masturbaron una a la otra, se comieron un rato el coño una a la otra, practicaron el 69, cambiándose de abajo arriba y de arriba abajo. Al final, se hicieron una paja una delante de la otra para correrse, de ninguna otra manera lo consiguieron. Cuando acabaron se quedaron una al lado de la otra. —Pues que quieres que te diga, psss.— Opinaba Carly. —Creo que esto no es lo nuestro.— Confirmaba Sabrina. Las dos reían. Higinia abrió la puerta de la habitación de su hija sin llamar, allí estaban las dos chicas, recién duchadas, en camiseta y braguitas, boca abajo, una al lado de la otra en la cama, estudiando. —¿Cómo va chicas?— Preguntaba Higinia, mientras recogía ropa para meter en la lavadora. —Estudiando mamá. —Ya, eso ya lo veo. En braguitas como siempre. —No son braguitas, son tangas, mamá. —Qué más da, braguita, tanga, tanga, braguita, sirve para lo mismo, para tapar el chirri ¿No? —¡Hostia mamá!— Empezaba a decir Carly. —Qué culos tenéis, si no cagaran.— Se cachondeaba Higinia. —¡Mamá que dices!— Se quejaba su hija. —Ahora te vas a alarmar niña, yo le he quitado mucha mierda a ese culo, así que no digas nada.— Sabrina se partía de risa. —Y tú no te rías tanto, que a ti también te la he quitado, cuando os traía aquí después de la guardería, parecía que os poníais de acuerdo coño, se cagaba una, se cagaba la otra. —Éramos bebés Higinia.— Se defendía Sabrina. —Si yo tuviera un culo como el vuestro… —¡A ver qué dices mamá! —Eso Higinia ¿Qué harías con un culo como el nuestro?— La provocaba Sabrina. —¡Sabrina coño! No le estires de la lengua mujer.— Volvía a quejarse Carly. —De entrada a Josh lo tendría más contento, y mira que ya lo está con el que tiene, es que no me deja tranquila… —¡Mamá calla!— Decía Carly. —Carly, no pasa nada, es normal en una pareja que se quiere tenga…— Intentaba argumentar Sabrina. —No, no, no quiero oírlo.— Se ponía nerviosa Carly. —Esta se cree que nació por obra del espíritu santo Sabrina.— A Sabrina le daba un ataque de risa. —Ya sé que no fue por eso.— Intentaba defenderse Carly. —Fue, porque tu padre me pegó un buen polvazo nena. —¡Mamá hostia! —Que mojigata eres en casa hija, seguro que cuando te gusta un chico no lo eres tanto. —No, entonces no es nada mojigata.— Decía sin parar de reír Sabrina. —¡Joder! Entre las dos me estáis dando la tarde ¡Eh!— Les decía Carly. Sabrina la abrazó, se abrazaron las dos en la cama. —¡Ay nenas! Ya os abrazabais en la cuna y seguís haciéndolo.— Higinia salía con la ropa sucia en las manos riendo. Lo que pasó esa tarde, no volvió a pasar, ni volvieron a hablar de ello, lo mantuvieron en secreto siempre. —Tengo que decirte algo.— Le dijo Sabrina a Carlos, mientras se giraba agarrándole la cara besándolo. —Tú dirás.— Respondió él prestándole atención. —Carly, ya lo sabe, así que no quiero que te enteres de otra manera. Cuando Carly estuvo con Santiago, Daniel estaba hecho polvo, salimos varias noches para animarlo básicamente, pues una noche que estaba muy borracho, me besó y me tocó una teta, solo un instante, pero ocurrió. —En ese tiempo, tú y yo… —Tú y yo nada Carlos, tú te acercabas para hablar conmigo y yo te daba conversación… —Yo te ayudaba a llevar lo de Carly, que tú también lo estabas pasando muy mal ¿O es que ahora no quieres reconocerlo? —Lo siento, es verdad, me apoyaste mucho y te lo agradezco.— Reconocía Sabrina. —Yo te apoyaba y tú besabas a otro. Qué triste es la vida. —No lo besé, fue él y duró unos segundos, ya está, lo olvidamos. —A mí, tardaste bastante en besarme. —Pero cuando lo hice no duró unos segundos, nuestros besos duran bastante más… —Besos de segundo plato. —¡Oye niño! ¿Te estás haciendo el mártir? ¿Quieres darme pena? —Sip. Respondía Carlos riendo, ella se le tiraba encima haciéndole cosquillas. En esas estaban cuando escucharon la puerta de entrada, Sabrina le puso un dedo en la boca a Carlos para que se callara, miró la hora, las cinco y media.— Coño que tarde, yo pensaba que estaría con la folli folli.— Pensaba Sabrina mientras escuchaba los pasos de Victor por el pasillo. —¿Estás aquí Sabrina? —Sí papá, ahora salgo. Le hacía a Carlos una señal para que estuviera en silencio, ella se ponía unas bragas y una camiseta larga. Los pasos de Victor se alejaban. —Quédate calladito, no haga ruido, ahora vuelvo.— Le susurró Sabrina a Carlos. Recorrió el pasillo y entró en el comedor, Victor estaba en su habitación, Sabrina se asomó. —¿Qué haces aquí?— Le preguntaba a su padre. —He venido a buscar algo de ropa, esta noche la pasaré fuera. —¿Vas con la folli folli? —¡Sabrina! ¿Qué es eso de folli folli? —Bueno, está claro que no se llama María, así que la he bautizado yo. —Si vas a cenar aquí me quedo, hace tiempo que no hablamos. —No, no, tranquilo, yo también saldré de aquí un rato. —Vale. Victor cerró la cremallera de una bolsita de ropa, agarró la bolsa, pasó por el lado de Sabrina dándole un beso en la frente de despedida. —Vale cariño, pásatelo bien. —Igualmente papá.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD