Mientras su padre se lo pasaba bien en la casa de los padres de la Folli Folli, Sabrina follaba en su cama con Carlos cada día. Miraba en el espejo de su habitación, como el culo de Carlos se movía, arriba, abajo, adentro, afuera, tal como lo había soñado muchas veces mientras se hacía las pajas tiempo atrás. Ella le ponía una mano encima, para notar cuando él apretaba clavándole la polla en el coño, a Sabrina le encantaba follar así con Carlos en su habitación, recreando sus sueños eróticos, o poniéndose a cuatro patas, en un ángulo con el cual podía ver por el espejo, como le entraba la polla y como se la sacaba, como se le abría y dilataba el coño para dejar entrar la polla de Carlos, eso la ponía muy cachonda, se corría una vez detrás de otra en la misma posición. Carlos viéndola tan caliente, se había llegado a correr tres veces sin sacarle la polla del coño, como cuando empezó sus juegos sexuales con Catalina.
Como Sabrina sabía que Víctor estaría fuera aquellos días, llegó a dejarle su cama a Carly para que follara con Daniel. Ese día, cuando Carly entró en su habitación, la fue mirando, vio la foto de las dos, sonrió, vio el cesto de mimbre donde Sabrina dejaba la ropa sucia, lo abrió mirando dentro. Se fue desnudando, Daniel la veía y también se desnudaba, Carly iba de un lado a otro de la habitación.
—¿Quieres probar algo nuevo hoy?— Le preguntó Carly a Daniel.
—Lo que tú quieras cariño, ya sabes que nunca te digo que no a nada.— Contestaba Daniel sin saber que estaba pensando Carly.
—Estírate en la cama.— Ordenó ella.
Daniel se estiró, Carly le agarró la polla chupándosela, dejándosela muy dura. Recogió su tanga del suelo, abrió el cesto de la ropa sucia y agarró unas bragas de Sabrina. Se subió encima de Daniel, metiéndose la polla en el coño, empezó a follárselo.
—Este es el olor de mi coño.— Le decía Carly colocándole el tanga en la nariz.
Daniel abría los ojos, olía al coño de Carly.
—Y este es el olor del coño de Sabrina.— Cambió su tanga, por las bragas de Sabrina tapándole la nariz.
A Daniel, se le puso la polla a punto de reventar, al oler las bragas de Sabrina.
—Te gusta cabrito, hay que ver como se te ha puesto la polla.— Decía Carly entre gemidos. Daniel, callado como un puta.
Le volvió a cambiar las bragas por el tanga.
—Ahora te follo yo.— Cambió de nuevo, tanga por bragas en la nariz de Daniel.
—Ahora te folla Sabrina. Te vamos a follar por turnos.
Le fue cambiando los olores, Daniel ya no sabía ni donde estaba y se corrió muy excitado.
—¿Ya te has corrido? No me has dado tiempo a acabar tío.— Se quejaba Carly.
—Es que me has vuelto loco coño.— Se defendía Daniel.
Carly se bajó de encima de él, agarró las dos prendas intimas y se las puso a la vez en la nariz, con la otra mano le agarró la polla pajeándolo.
—Imagínate que nos estás comiendo el coño a las dos, primero a mí.— Le ponía su tanga en la nariz.— Ahora a Sabrina.— Le cambiaba tanga por bragas. La polla empezó a ponerse tiesa otra vez.
—Serás cabrón, te excitas con el coño de Sabrina.
—Es que el tuyo ya me lo conozco mucho.— Respondía Daniel medio ahogado, por la presión de la mano de Carly aguantándole las bragas en la nariz.
Se llevó un golpe de Carly con la mano abierta en medio de la frente.
—Venga, no te enrolles que te voy a volver a follar, y esta vez aguanta hasta que me corra.— Lo amenazaba Carly.
Se volvió a subir encima, se empaló de golpe, dejando caer su culo sobre la polla de Daniel a lo bestia, se movía encima de él como si fuera al galope, culo arriba, culo abajo, ahora para delante, ahora para atrás. Daniel se mojó dos dedos, se los colocó por detrás, apretó y se los metió en el culo. Carly pegó un grito sin dejar de cabalgar, Daniel le metió y sacó los dedos varias veces del culo, Carly se corrió, y de qué manera, gritando, moviendo la cabeza, con espasmos por el cuerpo, poniendo los ojos en blanco y… meándose de gusto.
Cuando se tumbó encima de Daniel, notó, que él seguía con la polla tiesa a más no poder. Se colocó a cuatro patas encima de la cama.
—Ponte detrás.— Le ordenó a su novio.
Le agarró la polla y se la dirigió al agujero del culo, Daniel apretó y le metió el enorme c*****o dentro.
—Así Daniel así, te imaginas que te estás follando el culo de Sabrina, ese culo tan espectacular que tiene.— Volvía a provocarlo Carly.
Daniel recogió de encima de la cama las bragas de Sabrina, se las puso en la nariz, de un empujón, le metió toda la polla a Carly en el culo. Carly gritó, Daniel imaginó que quien gritaba era Sabrina, inició un mete y saca fuerte y rápido, tan fuerte y tan rápido que se corrió al instante, gritando, gimiendo y gruñendo como un animal. Él jadeaba recuperándose, Carly se descojonaba de risa, de haberlo puesto como lo había puesto.
—No te rías, que casi me da un infarto tía.— Le advertía Daniel. Ella todavía reía más fuerte.
Más tarde, cenaban con Sabrina y Carlos, después se metían en un local, a tomarse una copa y bailar, una especie de bar con música y una pista de baile no muy grande. Carly le hablaba a Sabrina al oído.
—Te tengo que explicar una cosa.— Le decía Carly sabiendo que atraería su atención.
Sabrina la agarró de una mano estirando de ella.
—Chicos, nos vamos a bailar.— Les decía Sabrina a los chicos para estar a solas con Carly.
Se fueron a la pista de baile, buscaron un rincón donde la música no sonaba muy fuerte, para poder hablar y disimular bailando.
—¿Qué has hecho ya Carly?— Preguntaba Sabrina, sabiendo que Carly había hecho alguna de las suyas.
—Estábamos en tú habitación, por cierto, te he cambiado la ropa de la cama, tienes la cama limpita para dormir o para que durmáis tranquilos…
—¡Joder! La que debes haber liado tía.
—Nada, me he meado de gusto, solo eso.
—Solo eso dice la tía, le habéis dado bien ¡Eh!
—Déjame que te lo explique Sabrina. Como te decía, estábamos en tú habitación, yo me paseaba…
—¿Cómo te vas a pasear por mi habitación Carly? Si es muy pequeña, solo da para dar unos pasos para un lado y…
—¡Deja que me explique coño! Me estás cortando cada dos por tres.— Se quejaba Carly.
—Vale, vale, sigue.
—Pues caminaba por allí y vi el cesto de la ropa sucia.— Sabrina ponía una cara rara, pensando que tendría que ver, que Carly fuera a follar a su casa con la ropa sucia.— Miré dentro y vi unas braguitas tuyas.
—¡Ay Dios mío! ¿Qué has hecho Carly?
—Resumiendo, nos desnudamos, empecé a cabalgarlo y… en una mano tenía mi tanga y en la otra tus bragas, se las iba poniendo en la nariz…
—¡No me jodas tía! ¿Daniel ha estado oliendo mis bragas?
—En realidad, le decía que, cuando olía mi tanga me lo follaba yo, y cuando olía tus braguitas… te lo follabas tú.
—La madre que te parió Carly, que ideas que tienes.
—Pues nena, se ha corrido antes de tiempo, pensando que te lo follabas tú, ya ves.
—No sé si quiero que me lo sigas explicando.
Se empezaba arrepentir Sabrina de querer escuchar a su amiga.
—No podía permitir que me dejara así ¿Qué es eso de correrse él y dejarme a mí a dos velas?— Seguía explicándole Carly, sin hacer ni puto caso de lo que le había dicho Sabrina.— Así que le puse en la nariz tus bragas y mi tanga, le he dicho que se imaginara comiéndonos el coño a las dos, le cambiaba el tanga y las bragas para que se excitara, pues sabes qué, se le ha puesto tiesa cuando olía tus bragas tía, tiesa y muy dura, tanto que me lo he podido volver a follar, al final me ha metido dos dedos en el culo y ha sido cuando me he meado en tú cama, lo siento.
—Bueno, así tú también te has corrido, todo correcto, volvamos con ellos.
Daba por acabada la conversación Sabrina.
—Espera mujer, que no he acabado.— Le avisaba Carly.
—¡Madre de Dios! Sigue anda.— Le decía Sabrina con cara de resignación.
—Es que después me he puesto a cuatro patas, me he metido su polla tiesa y dura como la tenía en el culo.
—Tampoco hace falta que me des detalles Carly.
—Espera, espera, es que cuando ya la tenía dentro, le he dicho que se imaginara que se estaba follando tú culo, no veas cómo se ha puesto, se ha corrido como un animal.
—¡Joder Carly! Tú estás enfer…
—Sabrina, se muere por follarte, lo excitas una barbaridad ¿Tú crees que en algún momento…?
—Carly, creo que ya te lo dejé claro, no quiero putiferios.
—Vale, vale, ya sabes que yo siempre te hago caso.
Se miraron las dos, se sonrieron y se abrazaron.
—¿Te lo has pasado bien?— Le preguntaba Sabrina.
—Y tanto.— Contestaba Carly.
—Pues eso es lo importante.
Daniel y Carlos las miraban en la distancia.
—¿Cómo puede ser que tengan siempre cosas que explicarse? Si se ven cada día a todas horas.— Se extrañaba Carlos.
—Lo de estas dos es una cosa muy especial Carlos.— Le contestaba Daniel, más acostumbrado a ellas.