Víctor seguía con sus vacaciones, sin saber lo que pasaba en su casa, mejor que no lo supiera.
Paseaba una tarde con la Folli Folli por el campo que rodeaba la casa, llegaron a una balsa.
—¿Esta es la balsa dónde…?— Preguntaba Carlos.
—Sí, aquí es donde está convencido mi padre que me engendraron, mi madre no está tan segura, pero por no llevarle la contraria prefiere callarse.— Reía ella.
—Pues no hay mucha agua en la balsa.— Se fijaba Víctor.
—Depende de las lluvias, últimamente no llueve mucho.
—A mí que me hacía ilusión bañarme en pelotas.— Le decía Víctor.
—Pues tírate, saldrás lleno de mierda hasta las cejas, pero no pasa nada.— Se cachondeaba ella.
—Tú estás muy de cachondeíto listilla.
Se acercaba Víctor mientras ella se alejaba disimuladamente, cuando él estaba cerca salió corriendo, Víctor detrás. La alcanzó muy pronto, agarrándola de un brazo, la apoyó en un árbol. Le metió la mano por debajo del vestido, ella notaba la mano de Víctor subiéndole entre los muslos.
—Ten cuidado, mi padre dice que este es un lugar mágico, que por eso mi madre se quedó embarazada, a ver si ahora.
—¿A ver si ahora qué?
Preguntaba Víctor mirándole fijamente a los ojos, a la vez que su mano le agarraba el coño, y sus dedos empezaban a frotarle suavemente los labios del chichi por encima de las braguitas. Ella se mordió un labio, siempre le había pasado con Víctor, aunque no tuviera ganas de jaleo, cuando sentía sus caricias, sobre todo en el coño, se ponía cachonda, no podía evitarlo. Lo agarró por el pescuezo, acercó sus labios a los suyos y se los comió, con ganas, con decisión, abriendo la boca ofreciéndole la lengua. De esa manera sabía ella que se mojaba, Víctor lo notaba en sus dedos, que ya se habían colado por encima de las bragas y le acariciaban el coño directamente, piel con piel. Ella, que en ese momento los ojos se le cerraban por el gustillo y la excitación, le agarraba la polla y los huevos por encima del pantalón. Abrió los ojos y miró otra vez fijamente a los de Víctor.
—Te voy a llevar a un sitio que te gustará, no está muy lejos.— Dijo la Folli Folli, dejándole el paquete y agarrándolo de la mano. Empezaron a caminar.
—Espero que esté como siempre.— Le comentaba ella mientras caminaban.
Unos treinta metros después, giró un recodo y apareció un edificio muy viejo, de piedra, deteriorado, parecía que nadie había estado allí en años. Ella empujó una puerta de madera grande, entraron en un almacén de paja, las balas se apilaban, algunas estaban rotas por el suelo. Víctor observaba el lugar, no era excesivamente grande, sí muy alto, para que lo que sería una altura normal al techo, por la parte de arriba unas aberturas parecidas a ventanas dejaba entrar la luz del sol, iluminando la estancia.
—Cuando no les cabe más paja en sus casas, los campesinos la guardan aquí, para que no se moje por la lluvia y esas cosas.
Le explicaba ella agarrándolo de la mano, subieron por un lado hasta arriba del todo de la pila de balas de paja. La Folli Folli volvió a morderse el labio, le pidió a Víctor que se quitara la ropa, tal como se la quitaba se la daba a ella, que con cuidado la iba colocando encima de la paja, cuando Víctor ya estaba en gayumbos, ella se quitó el vestido, dejándolo encima de la ropa de Víctor, había hecho una especie de cama con la ropa, para no pincharse con la paja al estirarse. No llevaba sujetador, así que las tetas le apuntaban a Víctor, como provocándolo, diciéndole, ven y cómeme, o así lo entendía él, caliente como el pico de una plancha.
Ella se quitó las braguitas y se estiró boca arriba con las piernas muy abiertas, enseñándole el coño muy abierto, mojadito, y este sí que le decía, cómeme ya, y se lo decía metiéndole prisa. Víctor se quitó los calzoncillos rápidamente, se arrodilló en medio de sus piernas y… se tiró literalmente a comerle el coño, con ganas, con pasión, chupándole los labios genitales. Ella le agarraba la cabeza con una mano, entrelazando los dedos en su cabello, jadeaba, apoyada en un codo, miraba como la boca de Víctor se movía por su chirri, como le daba placer, un gustillo que le subía sacándole los gemidos. Él lamía, chupaba, succionaba, ella retorcía un poco el cuerpo de gusto.
Estiró del cabello de Víctor, este se incorporó, estaba delante de ella arrodillado, ella se sentó, le agarró la polla y le pegó un bocado que casi se la traga entera, Víctor levantó la vista, mirando las vigas de madera del techo, sus manos se apoyaban en un hombro de ella y la otra en la cabeza. Mientras la folli folli se la chupaba y succionaba, él le sujetó la cabeza y se la fue introduciendo, hasta tocarle la garganta, a ella le vinieron un par de arcadas, siguió moviendo la cabeza, follándose con la boca la polla de Víctor, a esas alturas la tenía dura y grande como una estaca.
Ella se volvió a estirar con las piernas abiertas, lo fue atrayendo tirándole de la polla, hasta que Víctor apoyó las manos, una a cada lado de los hombros de ella. La folli folli, se colocó la punta de la polla en el orificio vaginal, la movió frotándose con ella, para lubricarla y que le entrara un poco la puntita. Víctor, caliente como estaba, cuando notó que entraba la punta, le pegó un pollazo empotrándola contra la paja, ella gritó, levantando las rodillas, separándolas todo lo que podía, para que Víctor la pudiera penetrar profundamente, para sentirse llena por dentro, para sentir un tremendo placer que la volvía loca.
Él apoyado en una mano, se aguantaba el tronco, con la otra le amasaba una teta o le acariciaba la carita, la cintura la movía a ritmo, la penetraba con decisión, sacándole la polla hasta casi la punta, volviendo a metérsela hasta la bola, o hasta las bolas para ser más exactos. Ella sin ser un ritmo muy alto o fuerte, sí se sentía totalmente penetrada una vez detrás de otra, sin descanso, notaba los movimientos de la cintura de Víctor, para colocarse entre sus piernas y poder metérsela lo más profundamente posible. Se agarraba a sus brazos, a su espalda, a su culo, con las manos amasaba cada vez con más fuerza, hasta correrse, un orgasmo muy largo le tensó todo el cuerpo, le hizo abrir la boca para coger aire en sus pulmones y poder gritar, gemir, jadear, por un momento perder el mundo de vista, olvidarse de todo. Solo sentir placer, disfrutar, agarrarse fuerte a su pareja, notar como la polla de Víctor disparaba lechazos dentro de su coño, eso le hacía alargar su orgasmo, ese tremendo orgasmo que la había agarrado y parecía no querer soltarla. Ella seguía gritando, él, gimiendo y gruñendo, dejándose caer lentamente sobre el cuerpo de ella, mientras aflojaban los gritos y gruñidos dejaba de entrar semen en el coño de la folli folli, la polla perdía lentamente su dureza. Víctor enterró la cabeza en el cuello de su amiga, se lo besó con cariño, recuperándose del esfuerzo, ella le besaba la cabeza, pasándole un brazo por la espalda.
—Otro gran polvo Víctor.— Reconocía riendo ella.
—Este lo enmarcaremos y lo pondremos presidiendo el salón de tú casa.— Se cachondeaba él riendo los dos.
Ella cruzó los brazos por la espalda de Víctor, estrujándolo, demostrándole lo que llegaba a quererlo.
Así, entre polvos, algunos tiernos y suaves, otros más pasionales y duros, entre risas, bromas, fiestas y buenas compañías, se fue acabando el verano.