Huyendo

1802 Words
Carly, Sabrina y Carlos empezaron con ilusión y ganas el último curso antes de ser arquitectos, el máster. Mercedes, la hermana de Carlos, aprovechó la oferta de su padre, decidió hacerlo en el extranjero, así mejoraba su nivel de inglés. Víctor no quiso hacerlo en otro lugar, su sitio estaba al lado de Sabrina, después de lo que le costó que lo aceptase como su novio, no la iba a cagar ahora, pensaba él. A finales de noviembre, un jueves que era fiesta local, Sabrina, Víctor, Carly, Higinia y Josh, almorzaban en la casa de los padres de Carly. Después de los postres, las chicas se levantaban a la vez de la mesa. —Nos vamos a arreglar, nos vendrán a buscar en poco tiempo.— Les comunicaba Carly, mientras las dos se dirigían a su habitación. —Se les ve bien.— Decía Josh, comiéndose su segundo trozo de brazo de gitano. —Juntas como siempre, los novios ya deben de tener claro que tienen que ir juntos a todas partes.— Opinaba Higinia. —Estas, si el novio no acepta que se vean son capaces de darles una patada en el culo.— Aseguraba Víctor, haciendo reír al matrimonio. —Pues esta noche se van a separar, Carly va a cenar en la casa de Daniel, es el cumpleaños de la madre.— Informaba Higinia. —Por eso han estado hablando por teléfono esta mañana, se han visto en la comida, y estarán con los novios hasta la hora de la cena. Por un rato que no se vean no creo que les dé un patatús.— Se cachondeaba Josh. Se hizo un momento de silencio. —Víctor ¿Ya le has presentado tu novia a Sabrina?— Preguntaba interesada Higinia. —De eso nada, nasti de plasti, como dicen ahora.— Respondía seguro Víctor. —Hombre, en algún momento tendrás que hacerlo.— Le decía Josh. —Sí, cuando ella me presente a Carlos, ya se lo he dicho varias veces. —¡Hostia sí! Que secretismo con ese chico, es que ninguna de las dos suelta prenda.— Se quejaba Higinia. Las dos chicas salieron, se despidieron de ellos. —No comáis tanto brazo de gitano.— Les avisaba Carly riendo. —Os pondréis que bajaréis las escaleras rodando.— Se cachondeaba Sabrina. —Haremos como vosotras, que coméis como un pajarito para no perder ese tipazo.— Les contestaba Higinia. Las dos chicas salieron del piso, Higinia, Josh y Víctor, sin decirse nada entre ellos, se asomaron a una de las ventanas que daba a la calle, su objetivo, ver a Carlos. Carly y Sabrina salieron del portal, caminaron por la acera y giraron en la esquina. —¡Coño! Que pajarracas están hechas, han quedado con ellos en la calle de al lado para que no los veamos.— Se quejaba Josh. —Estas saben más que los ratones coloraos.— Decía riendo Higinia. Se volvieron a sentar en la mesa, para acabarse el brazo de gitano, antes de tomarse unas copas de brandy y acabar la tarde. —¿Cómo te va a ti Víctor?— Preguntaba Higinia. —Muy bien, la verdad que muy bien, las vacaciones que pasamos en la casa del pueblo con sus padres creo que nos unió todavía más. —Ya podrías estar viviendo con ella.— Le recomendaba Josh. —Pero si ya casi lo hago, nos vemos cada día, cenamos juntos, me voy de su casa a las tantas, y los fines de semana es como si viviéramos en su casa. —Mira, con Sabrina haz lo que quieras, pero tenemos que quedar para comer y nos la presentas.— Le ofrecía Higinia. —¡Ja! Lo tenéis claro.— Contestaba Víctor riendo. —Que cabrón que estás hecho.— Se lamentaba Josh riendo. Carlos aprovechó que esa noche Carly y Daniel celebraban el cumpleaños de la madre de Daniel, para invitar a Sabrina a un restaurante caro, de los que le llevaba su padre. Durante la cena hablaban. —¿Cómo ha ido el almuerzo con vuestros padres?— Preguntaba Carlos. —Bien, sin novedad.— Contestaba Sabrina tranquila. —Supongo que te deben de haber dicho que me presentes. —Pues no, esta vez no, sigue vigente el pacto. —¿Qué pacto?— Se extrañaba Carlos. —Ya te lo dije, cuando yo te presente, mi padre me presentará a la Folli Folli. —Qué manía con lo de Folli Folli Sabrina, a lo mejor sí que se llama María. —Esa se llama María como yo soy monja, igual. Los dos reían. —Hoy que no hemos quedado con Carly y Daniel ¿Querrás tomar algo en un lugar donde iba antes normalmente?— Le preguntaba Carlos. —Vamos donde tú quieras guapo.— Contestaba con cariño Sabrina. Acabaron de cenar, fueron a tomar una copa a un bar del entorno de Carlos, un lugar de mucho diseño, muy moderno. —Es bonito este sitio, pero no hay mucha gente ¿No?— Opinaba Sabrina. —Por eso hemos venido, me gusta, es un lugar tranquilo donde escuchar música sin agobios, después ya iremos a una discoteca. Estuvieron un buen rato allí, hablando y riendo con tranquilidad, tomándose un par de copas. Después se subieron al coche de Carlos, quería llevar a Sabrina a la discoteca donde iba siempre con sus amigos de joven. Entraron, otro lugar donde se podía oler a pijo, pensó Sabrina, todo muy bonito y bien puesto, había bastante gente, mientras Carlos pedía en la barra un par de copas más, Sabrina miraba el ambiente, en la otra punta de la discoteca, reconoció a varios amigos de Santiago, el gnomo mental, según Carly. Los fue mirando a todos, de golpe, la vista se le quedó fija en una persona, parpadeó varias veces para asegurarse que era ella. —¿Qué miras tan fijamente?— Le preguntaba Carlos, a la vez que le entregaba su copa. —Aquella chica, la que está allí vestida de blanco. —Vero, se llama Vero. —Ya lo sé, de eso me extraño, es mi prima. —¿Tú prima? ¿Vero es tú prima? —Sí ¿Por qué te sorprendes?— Preguntaba Sabrina interesada en la reacción de Carlos. —¡Joder!— Exclamaba Carlos lamentándolo. —¿Qué quiere decir ese ‘Joder’ Carlos? —Ven, vamos a sentarnos. La agarró de la mano, la acompañó hasta unos sofás con unas mesitas delante. Se sentaron, desde allí Sabrina podía ver perfectamente a su prima. Vero bailaba junto al grupo, levantaba los brazos y se le veía medio culo, si se agacha un poco le van a ver hasta el coño, pensaba Sabrina. —Sabrina ¿Conoces a la gente que está con tu prima?— Le preguntaba Carlos. —Sí, son los amigos de Santiago, alguno no lo he visto nunca, pero a varios de ellos sí. —Ya sabes lo que hicieron con Carly. —¡No! ¿Quieres decir qué…?— Abría la boca Sabrina de la sorpresa. —Eso, que Vero no se negó, ni ella, ni la chica que hay a su lado, a la otra no la conozco. —¡No me jodas! Si se entera su padre le da un chungo, con lo que sufre pensando que Vero pueda ir por ahí con chicos. —Pues será mejor que no se entere ¿No te parece?— Le decía Carlos. Cuando casi se habían tomado la copa, Sabrina vio que Vero atravesaba media discoteca y se metía en los baños, le dijo a Carlos que iba al baño y salió disparada en busca de su prima. Cuanto Sabrina entró la vio mirándose en un espejo, se acercó, estaba muy cerca cuando Vero se giró mirándola. —¡Coño! ¿Qué haces tú por aquí?— Le preguntó a Sabrina con una voz rara. —Me ha traído mi novio, estamos… —¡Vaya! Al final tienes un novio que te puede traer a estos sitios, no el drogadicto de mierda aquel que tenías. —Escucha Vero ¿Estás bien? Te noto rara y… ¿Estás segura de ir con ese tipo de gente? —Es por la coca, no te preocupes ¿Qué quieres decir con…? Ese tipo de gente. —Pues eso, la gente con la que estás, no es buena gente Vero. —Mira Sabrina, las tías de media discoteca están aquí para pescar a uno de esos tíos, para solucionarse la vida casándose con uno. Yo estoy mucho más cerca de ellos que las demás ¿Con quién me has dicho que has venido? —Con mi novio Carlos, ya te lo he dicho, él los conoce bien Vero, había salido con ellos, ninguno de esos que tú dices se casará con una chica como tú. —Carlos ¿Qué más?— Se interesaba Vero. —Carlos Santiesteban… —¡Coño! Salí con él un tiempo, no estuvo mal. Has pescado a uno de los buenos… —Yo no he pescado a nadie, nunca he ido a pescar a nadie… —¡Ja! Ya sé como son las mosquitas muertas como tú, que no hacéis nada y por detrás no paráis de dar por culo. —Vero, te estás pasando. —Tú, como estabas bien era con el novio drogadicto y el trabajo ese de mierda que tenías en el bar aquel. —El novio drogadicto ya no lo tengo, hace meses que estoy con Carlos, y muy bien por cierto, seguramente porque nunca busqué cazarlo, no como otras. Y otra cosa, el trabajo del bar lo sigo teniendo y no se me cae ningún anillo. —Eres tonta hasta para esto, Carlos te podría mantener durante dos vidas imbécil. Sabrina notó que su prima se ponía violenta. Caminó varios pasos en dirección a la salida, antes de abrir la puerta se giró. —Mira Vero, tú y yo, nunca nos hemos caído bien, hasta ahora te respetaba, a partir de hoy ni eso, ni respeto te tengo. Aun así te voy a dar un consejo, deja de zorrear con esa gente, no llegarás a ningún sitio. Por cierto, a cuantos te follaste a la vez para entrar en el grupito, a siete, a ocho… A Vero se le abrió la boca de la sorpresa, no se esperaba que Sabrina supiera nada de las cosas que tuvo que hacer para que la aceptaran. —Y otra cosa, como le digas algo a tus padres o al mío de lo de mi novio, yo les contaré como haces de puta para ese grupo de gnomos mentales. Sabrina salió del baño escopeteada, llegó donde estaba Carlos, alargó una mano para que él se la agarrara. —Vámonos de aquí.— Le dijo de forma seca.
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