Quiso salir agarrada de la mano de Carlos, estaba segura que su prima la estaría mirando. Y así era, Vero se cagaba en todo al ver a Sabrina agarrada de la mano de Carlos como una parejita. Llegaron al coche y se metieron dentro.
—Así, que tú también eres como ellos…
—¿Qué te pasa Sabrina? Has hablado con Vero.— Aseguraba preocupado Carlos.
—Es que es mi prima, quería saludarla y avisarla qué tipo de gente era con la que estaba.
—Ya lo sabe ella perfectamente, si está con ellos es porque así lo ha decidido. Y yo no soy como ellos, ya lo deberías saber.
—Pero estuviste saliendo con ella ¿Tú también te la follaste en grupo?
—Eso es mentira, te ha mentido, salimos dos días, hace más de dos años, dos días y no fueron seguidos, y nunca más lo hemos repetido.
—Te la follaste dos veces vamos.
—Sí, dos veces y nada más. Y fue antes de que empezara a putear con toda esa gente.
Sabrina se quedó en silencio, con mala cara, mirando por la ventanilla.
—Llévame a mi casa por favor.— Le pedía Sabrina.
—Podemos ir a otro sitio a tomar algo, y seguimos hablando si quieres.— Intentaba amablemente Carlos mejorar el humor de Sabrina.
—Estoy cabreada Carlos, esta tía me ha amargado la noche.— Le acariciaba la cara a Carlos.— Sé que no es culpa tuya, pero necesito tranquilizarme y descansar.
Carlos puso en marcha el coche, en silencio los dos durante el camino, aparcó en la esquina de la casa de Sabrina, ella se giró y lo besó dos veces en los labios.
—Siento haber estropeado la noche, mañana te llamo, si quieres podemos comer juntos antes de que empiece mi turno en el bar.— Carlos la besó dos veces más y aceptó la propuesta de Sabrina.
En cuanto bajó del coche le envió un mensaje a Carly.
—Llámame cuando puedas, sea la hora que sea.— Le escribió Sabrina.
Entró en su casa, se quitó la ropa y se puso el pijama, se lavó la cara y se metió en la cama. Una hora y algo más tarde Carly llegaba a su casa, había visto el mensaje de Sabrina pero estaba en medio de una buena follada con Daniel, entró en su habitación y se sentó en la cama. Llamó a Sabrina, lo primero que escuchó fue.
—Carlos se ha follado a mi prima Vero.— Se le notaba a Sabrina acelerada.
—¡Que dices! ¿Cuándo?— Preguntaba sorprendida Carly.
—Dos veces, se la ha follado dos veces.— Insistía Sabrina.
—Que sí ¿Pero cuándo coño?— Levantaba la voz Carly, para que Sabrina le hiciera caso.
—Eeeem, hace más de dos años.— Contestó pensándolo antes Sabrina.
—¡Joder tía! Que susto me has pegado, pensaba que había sido esta semana.
—No, no, fue hace tiempo.— Aflojaba la voz Sabrina, más tranquila.
—¡Oye! ¿No le habrás montado un pollo al chaval? Que es muy buen tío Carlos.
—No, no, bueno, un poco sí, le he pedido que me trajera a mí casa, pero bien ¡Eh! De buen rollo, nos hemos despedido con besos… y hemos quedado para mañana.
—Pobre tío, así que no ha habido final feliz esta noche.
—Para finales felices estaba yo ¿Sabes que me ha dicho la… de Vero?
—¿Qué coño pasa con tu prima Vero? ¿A qué viene que Carlos se la follara?
—Dos veces.
—Que sí pesada, que se la folló dos veces.
Se hizo un momento de silencio, Sabrina respiraba para calmarse otra vez.
—Sabes lo que te paso con Santiago…
—No digas su nombre, con el gnomo mental, sí me acuerdo ¿Qué pasa?
—Pues que Vero aceptó todo lo que le propusieron.
—¡No me jodas! Se folló a la vez a un montón de retrasados de esos.
—Y vete a saber cuántas cosas más. Es la putita del grupo, que digo putita, la putaza…
—A ver Sabrina, me quieres explicar que ha pasado hoy, me estás haciendo un lío.— Le pedía Carly algo confundida.
Sabrina volvió a respirar profundamente otra vez, buscando calma.
—Con Carlos hemos ido a cenar y tomar algo, después me ha querido enseñar la discoteca donde iba siempre, o casi siempre. Allí he visto, para mi sorpresa, a Vero, y estaba con el grupo de…
—Gnomos mentales.— Apuntaba Carly.
—Eso, gnomos mentales, le he preguntado a Carlos si la conocía, me ha dicho que sí y se ha preocupado al saber que era mi prima, me lo ha contado todo, bueno, básicamente que le habían hecho lo mismo que a ti, pero que ella lo había aceptado todo, lo que no me ha dicho el cabrón es que se la había follado…
—Dos veces.— Apuntaba de nuevo Carly.
—Eso, dos veces. La he estado vigilando, que había que ver el vestido que llevaba, uno blanco que se le transparentaba todo, tan corto que cuando levantaba los brazos bailando, se le veía el culo y el coño…
—Llevaría bragas ¿No?— Comentaba Carly.
—Sí, sí que llevaba, blancas para ser exactos.
—¿Se las vistes?
—¡Hostia Carly! Yo y toda la discoteca, discreta no era mucho la nena. Total, que cuando he visto que se metía en el baño, he decidido ir a verla, estaba mirándose en el espejo tocándose la nariz, hablaba raro, después me ha confesado que se había metido coca.
—La debían de invitar esos gilipollas.
—Seguro.— Confirmaba Sabrina.
Volvía a respirar profundamente Sabrina.
—Se ha extrañado de verme claro, y cuando se ha enterado que me había llevado allí Carlos le ha cambiado la cara y todo, me ha acusado de haberlo cazado, como si yo hubiera perdido las bragas por estar con él…
—Quienes pierden las bragas son las tías como ella, las bragas y la dignidad, por poder hacerse novias de tíos como esos son capaces de todo.— Saltaba Carly defendiendo a Sabrina.
—¿Sabes que me ha dicho? Que yo, como estaba bien era con el novio drogadicto y la mierda de trabajo que tengo…
—¡Lo ves! La puta envidia Sabrina, Vero no te traga porque eres una tía legal, porque trabajas para tus gastos, porque estás a punto de acabar una buena carrera, y porque nunca aceptarías hacer las cosas que ha hecho ella, que es una…
—Puta, Carly, una puta.
—Cuando pase el tiempo, veremos quién ríe más, tú tranquila cariño, que vales mucho, mucho más que Vero y todas las tías como ella.— Le decía decidida Carly.
—Ves, hablo contigo y todo vuelve a su sitio, se calma la tempestad. Ya estoy tranquila.
—Para eso estamos ¿No? Siempre juntas.
—Por supuesto, siempre juntas.— Reafirmaba Sabrina.
—¿Y con Carlos? No vayas a enfadarte con él, tenemos mucha suerte de los novios que tenemos, imagínate que no aceptaran que nos viéramos tanto…
—Mira Carly, si mi novio se atreve a decirme que no te vea, de la patada en el culo que le doy lo envío a la China.
Las dos amigas se partían de risa por teléfono.
—Escucha Sabrina, queda bien con Carlos, no tengas problemas con él por culpa de Vero, estáis muy bien juntos, no dejéis que os influyan gilipolladas así.
—Que sí Carly, mañana comeremos juntos, por la noche nos veremos con vosotros ¿No?
—Claro que sí, no fallaremos.
—Vale, pues hasta mañana.— Se despedía Sabrina.
—Hasta mañana cariño, anímate. ¡Eh eh! Espera.
—Dime.
—Y mañana dale un final feliz a Carlos, y si puedes compénsale por el de hoy.
—Tú siempre pensando en lo mismo, no te preocupes, que mañana tendrá final con fuegos artificiales.
Las dos amigas reían antes de colgar.