Al día siguiente, Carlos pasó a buscar a Sabrina, solo entrar en el coche Sabrina lo abrazó y le besó los labios varias veces.
—Perdóname por lo de ayer, Vero me alteró mucho, me insultó y discutimos.
—Estás perdonada, ya los sabes, me preocupaba que nos afectara, pero ya veo que todo está bien, vamos a comer y me lo explicas todo.
—Vamos cariño, tengo ganas de estar contigo.— Le confesaba Sabrina.
Los dos sonreían mientras Carlos conducía. Comieron escuchando Carlos, todos los detalles de lo que pasó en el baño de la discoteca el día anterior. También la conversación con Carly, o más o menos, no le dio todos los detalles, solo lo importante.
—Pues creo que Carly tiene razón, si Vero se comporta así contigo, tiene todos los números para que sea por envidia.— Confirmaba Carlos.
—No entiendo porque me tiene que tener envidia, ella puede vivir como quiera, a mi me da igual, lo respeto. Lo que no voy a aceptar es que me insulte, y más sabiendo lo que está haciendo para conseguir no se qué.— Se lamentaba Sabrina.
—Para vivir al día Sabrina, solo para eso, ahora se piensa que tiene una vida muy guay, se lo pagan todo, le hacen regalos, igual hasta le dan algo de dinero, la invitan a copas, a drogas, a lo que quiera. Ella sabe cómo les tiene que devolver todos esos favores, es muy lamentable, porque tiene que rebajarse mucho como mujer. Además, esto no le va a durar toda la vida, cuando nadie quiera…— Se cortó Carlos.
—Follársela, es eso, cuando nadie quiera follársela la dejaran de lado.— Terminaba Sabrina lo que Carlos había empezado.
Él movía la cabeza confirmándoselo. Sabrina hacía una mueca.
—Por quien me sabe mal es por mis tíos, son buena gente, mi tía María me ayudó mucho en la adolescencia, es como una madre para mí, como Higinia, otra madre, si se entera lo que hace mi tío Juan le da un jamacuco, te lo aseguro. Casi todos los viernes como con ellos, para no perder el contacto, a partir de ahora si me encuentro con Vero no sé qué va a pasar.
—Me parece que no coincidiréis mucho, ya se cuidará ella de no estar. No le interesa discutir contigo con sus padres delante.
Carlos acertó de lleno, nunca más volvieron a coincidir Sabrina y Vero en una comida en casa de sus tíos. Sus tíos se extrañaban de las excusas que ponía Vero para marcharse antes de que llegara Sabrina.
A las cuatro y media de la tarde, entraban Sabrina y Carlos al bar donde trabajaba ella. Saludaron al jefe y propietario.
—Venimos a hacer un café antes de empezar mi turno.— Le anunciaba Sabrina.
—Sentaros que ahora mismo os lo llevo.— Le decía el jefe señalándoles las mesas.
—No, no, ya lo hago yo…—Empezaba a decir Sabrina.
—Todavía no es la hora de que empieces a trabajar, siéntate con él, yo os lo llevo.— Zanjó la conversación el jefe.
Se sentaron en una mesa apartada, el jefe les llevó los cafés.
—A estos os invito yo.— Les dejó las tacitas delante y se fue.
—Parece muy buena persona.— Comentaba Carlos.
—Sí que lo es, siempre nos ayuda, en los cambios de turnos, cuando alguien necesita el día libre y cosas así, es muy exigente en el trabajo, pero si cumples, él cumple contigo. Ya sabes lo que hizo este verano por mí, me dio vacaciones y me volvió a admitir en septiembre. Claro, que en esta ciudad, en verano desaparece hasta el Tato, todo el mundo se va y no hay tanto trabajo.
—¿Le va bien el bar?— Se interesaba Carlos.
—Bastante, mucho, entre semana se trabaja, me lo dicen los compañeros, los viernes y sábados esto se llena, ya lo sabes, y los domingos no se llena tanto pero no se puede quejar.
—Como controlas el negocio, si lo de la arquitectura no te va bien siempre puedes abrir un bar.— Se reía Carlos.
—Que gracioso eres.— Reía también Sabrina.
Carlos apoyó un codo en la mesa, tiró el cuerpo para adelante, mirando fijamente a los ojos a Sabrina, con la otra mano le acarició la barbilla.
—Te quiero mucho mi amor.— Le dijo Carlos susurrando.
—Y yo a ti cariño.— Contestó Sabrina, adelantando el cuerpo para besarlo.
—¿Tanto como a Carly? ¿O un poquito menos?
—Lo de Carly es diferente, ya lo sabes.
—Sí que lo sé, es broma, ya sé que lo vuestro es muy especial.
Se volvieron a besar, como queriendo dejar claro antes de que Sabrina empezara el trabajo, que todo estaba bien, que todo seguía como siempre. Sabrina comenzó su turno, Carlos se quedó en la mesa. Le fue a ver Sabrina con el delantal n***o, el que se ponía con el nombre del bar para trabajar.
—¿Te vas a quedar?— Preguntaba algo extrañada Sabrina.
—Sí, no tengo nada que hacer, me traerás un gin tonic, quiero que me sirva la camarera más guapa del mundo.
—Menos cachondeo compañero, empiezas fuerte la tarde tú.— Se reía Sabrina mientras caminaba.
Le sirvió el gin tonic, ella siguió trabajando, él sentado miraba el móvil, consultó las r************* y leyendo algunos artículos, unos que les había recomendado el profesor en la universidad.
Sabrina de tanto en tanto lo miraba y sonreía, pensaba que seguramente se quedaba para hacer penitencia por haberse follado a su prima.