Sirvió una mesa al lado de la que estaba sentado Carlos, como era pronto y no había mucha gente Sabrina tenía un respiro en el trabajo. Se acercó a Carlos con la bandeja en la mano.
—¿Qué haces?— Se interesaba Sabrina.
—Ya ves, me tomo el gin tonic tranquilamente, y estoy leyendo los artículos que nos recomendaron en el máster.— Le enseñaba el móvil.
—Yo, ya me los he leído, no están mal.— Aseguraba Sabrina.
—¡Joder tía! No sé de donde sacas tanto tiempo, a mí la vida no me da para más, tienes tiempo de todo, de estar con Carly, de estar conmigo, para salir de fiesta, para estudiar, para leer, para trabajar, para hacer estadísticas de la asistencia de la gente al bar, seguramente ya tendrás los planos hechos del bar que montarás tú ¡Eres superwoman!— Se cachondeaba Carlos.
Sabrina le dio un golpecito con la bandeja en la cabeza, sonó ‘clonk’, se fue caminando partiéndose de risa. El jefe que lo vio desde la barra, detrás de la caja, soltó una carcajada. Ella llegó a la barra y dejó la bandeja.
—Espero que no hayas abollado la bandeja.— Seguía riendo el jefe.
—Es posible, tiene la cabeza muy dura este.— Contestaba entre risas Sabrina.
—Me alegra mucho que tengas una relación con Carlos tan buena, te lo mereces.
—Gracias jefe, la verdad es que nos va muy bien.— Le decía Sabrina mientras miraba con cariño a Carlos.
A las ocho y veinte de la noche llegaron Carly y Daniel, se sentaron con Carlos.
—Un gin tonic para empezar, y ya casi te lo has acabado…—Empezaba a decir Daniel.
—Llevo con él toda la tarde, desde las cinco que he traído a Sabrina.—Respondía Carlos.
—¿Cómo es que estás aquí desde las cinco? ¿Has hecho algo malo?
—Carly… que nos conocemos.
—Ya sé que no has hecho nada.
—¿Me podéis decir que está pasando? Aquí los dos sabéis de qué va esto y yo no me entero de una mierda.— Se quejaba Daniel mirando a uno y al otro.
En ese momento, llegó Sabrina con las cervezas para Carly y Daniel, Carlos la miró antes de contestar.
—Me follé a Vero, la prima de Sabrina.— A Daniel se le abría la boca de la sorpresa.
—Dos veces.— Afirmaba Carly.
—Hace más de dos años.— Ampliaba la información Sabrina.
Carlos se ponía las manos en la cabeza, no se creía que se estuvieran cachondeando de eso, Daniel se relajaba dándole un trago a la cerveza.
—Entonces todo está bien.— Decía Daniel.
—Todo está como siempre.— Remataba Sabrina dando tranquilidad al grupo.
Le dio un beso en los labios a Carlos, le acarició la cara y se fue a seguir con el trabajo.
Los tres se miraban, Carly sonreía, Carlos pensó que algo le iba a decir, conocía aquella sonrisilla.
—¿Pero cómo se te ocurre tirarte a Vero? Con la pelusilla que siempre le ha tenido a Sabrina.— Se cachondeaba Carly.
—Yo que sé, en ese momento ni había visto nunca a Sabrina, ni sabía que existía.— Se defendía Carlos.
—Carlos tiene razón cariño, hace mucho tiempo de eso.— Opinaba Daniel.
—Ya lo sé, eso mismo le dije ayer a Sabrina, es por tomarle un poco el pelo a Carlos.— Reía Carly.
Cuando Sabrina tuvo el descanso se sentó con ellos, hablaron un rato más del asunto, Carly se cachondeaba, Daniel intentaba justificar a Carlos y Sabrina se reía.
—Espero no encontrarme con ninguna sorpresita más.— Cerraba la conversación Sabrina.
—No lo sé, con el tiempo se irá viendo, no sé si conocías a alguien más con quien…
—Me da igual con quien Carlos, me afectó porque era mi prima, y sobre todo por la conversación con ella en aquel baño.
—¿En qué baño?— Preguntaba sin enterarse Daniel.
—Ya te lo explicaré cariño, es muy largo de contar.— Lo tranquilizaba Carly tocándole una pierna.
Sabrina reanudó su trabajo. Era un poco más tarde de las doce cuando los cuatro salieron del bar, fueron a cenar a un sitio que sabían que la cocina estaba abierta.
* * *
Sabrina aquella semana habló con su tía María, para decirle que aquel viernes no comería con ellos. El que sí aceptó el almuerzo fue Víctor, curiosamente ese día que no estaba Sabrina, si que se quedó su prima Vero.
—Te tengo que ir persiguiendo para que vengas un día.— Le decía molesto Juan a su hermano.
—Ya lo sé, ya sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez.
—Meses, han pasado meses Víctor.— Confirmaba María, su cuñada.
—¿Cada vez que viene le tenéis que decir lo mismo?— Acusaba a sus padres Vero.
—La niña tiene razón, sois muy pesados.
Le daba la razón Víctor a Vero, sobre todo para acabar con la conversación de siempre.
—Explícanos novedades Víctor.— Le animaba su hermano.
—Si ya las sabéis todas, Sabrina debe de haber puesto al día a María. Ya sabréis que tiene novio, y según parece este es normal ¿Tú lo conoces Vero?— Intentaba saber algo más de él si Vero lo conocía.
—¡Eeeeeeem! No, no sé quien es.— Respondió Vero secamente.
—No me lo quiere presentar, cosas de Sabrina.— Se lamentaba Víctor.
—¿Y a ti como te va?— Preguntaba María.
Víctor la miró, el gesto de su cara decía que sabía algo, Sabrina se lo ha dicho la muy chivata, pensó.
—Más cosas…— Anunció Víctor.— Juan, María y su sobrina lo miraban fijamente.
—Tengo novia.— Dijo sin más.
—Enhorabuena tío ¿Cómo se llama?— Preguntaba Vero.
—Folli Folli ¿No se llama así Víctor?— Se cachondeaba María.
—¿Folli Folli? ¿Qué nombre es ese?— Preguntaba inocente Juan.
—La madre que la trajo… se llama María, y ella lo sabe.
—Mira, como yo.
María reía, Juan no parecía enterarse demasiado del asunto, Víctor tenía ganas de cambiar de tema de conversación. Vero pensó que era buen momento para desaparecer, no fuera que se complicara la cosa, así que se disculpó y se fue a su habitación. Al rato salió vestida, de forma que a su padre no le gustó nada, como siempre, y se fue.
—Ahora que se ha ido Vero, te lo voy a decir, Sabrina me volvió a preguntar sobre su madre, me pidió que le explicara lo que sabía.— Le decía María a Víctor seria.
—Esta conversación ya la tuvimos la otra vez.— Remarcaba Víctor.— Os dije la verdad, su madre, era mi novia, se quedó embarazada y decidimos tenerla, cuando faltaba un mes para salir de cuentas no sé qué pasó, me dijo que había sido un error, que nunca debíamos haber tirado adelante el embarazo, me dejó, no me dio explicaciones, simplemente que había sido un error, después desapareció, punto. Eso es todo.
—Es lo mismo que nos dijiste en su momento.— Reconocía Juan.
—Sí, pero en esa historia, algo no cuadra.— Decía María.
—Y dale con la cuadratura… ¡Por Dios! Es lo que hay… y no me gusta recordarlo.
—Pues se acabó el tema.— Acabó con la conversación Juan.
Víctor comía mirando a María, esta le devolvía la mirada, una mirada de sospecha de que no les estaba diciendo la verdad Víctor.