¿Te preocupa donde follaremos?

1208 Words
El lunes por la mañana, volvían a estar en la piscina, Sabrina, Carly y Carlos. Las dos chicas hablaban sentadas y Carlos dormitaba en la hamaca. —Por lo visto has aprovechado la semana reina, mira como lo has dejado al pobre.— Se cachondeaba Carly. —Es por el viaje, apuramos todo lo posible el tiempo allí, de vuelta solo quiso conducir él, yo pude dormir algo en el coche, pero él, debe estar cansado. —Ya, ya, pero habéis follado como locos ¿No?— Insistía Carly. —A ti te lo voy a contar.— Se defendía Sabrina. —Va, venga va, cuéntame algo mujer.— Se hacía la pena Carly. —Que no, no seas pesada coño. —Vale, solo dime una cosa ¿Folla bien? Sabrina no contestó, se quedó en silencio, pensando en las folladas con Carlos en el hotel. Con la cara y la mueca que hacía, Carly ya se dio cuenta. —No me digas nada, ya lo veo.— Se reía Carly. —¡Oye! Con mi novio hago lo que me da la gana, como tú con Daniel, y sin tener que dar explicaciones.— Se ponía nerviosa Sabrina. —¡Tú novio! Coño Sabrina como ha cambiado el cuento. Carlos, Carlos, escúchame. Le gritaba Carly a Carlos para despertarlo, este abrió un ojo y se sentó en la hamaca. —¿Qué pasa?— Preguntó con cara de sueño. —Nada, solo te quiero felicitar por ser el novio de esta.— Carlos la miró sin inmutarse, se volvía a dejar caer en la hamaca durmiendo. —Déjalo tranquilo hostia.— Lo defendía Sabrina. —Ale, ale, no pasa nada.— Le decía Carly, dándole golpecitos en un brazo a Sabrina, como si fuera una niña pequeña. —Que cabrona estás hecha, no has cambiado nada en esta semana.— Decía Sabrina tumbándose en la hamaca. —La que has cambiado has sido tú, se te ve diferente, más contenta, más risueña, está claro que le has dado alegría al chichi… —Te quieres callar ya, coño.— Levantaba la voz Sabrina. —Vale, vale.— Se cachondeaba Carly, estirándose también en la hamaca. Estuvieron un ratito en silencio. —Esta noche podríamos salir para celebrarlo.— Volvía a hablar Carly. —¿Para celebrar qué?— Preguntaba Sabrina tomando el sol con los ojos cerrados. —Que habéis vuelto del hotel, que tienes novio, que ya follas cuando… —¿Ya empiezas otra vez?— Se quejaba Sabrina. —No, no, acabo, ya está, era para salir los cuatro y pasar un buen rato. —Vale, saldremos.— Contestaba Sabrina, a ver si su amiga se callaba de una vez. —O ¿Es que no hay ganas por que tienes el coño escocido de tanto follar en el hotel? —La madre que te parió Carly, que a gusto se quedó hija. Después de picar algo para comer, Carlos se fue a dormir la siesta para estar como una rosa por la noche, las chicas se quedaron un rato más en la piscina. Se estaban bañando, nadaban a braza las dos, una al lado de la otra, Carly giró la cabeza. —Bueno, ahora que se ha ido Carlos, ya me podrás explicar cómo ha sido la semana con él. —¡Coño Carly! Estás pesadita con eso ¡Eh! —Perdona la pesada eres tú, siempre nos lo hemos contado todo, yo te expliqué todos los detalles cuando conocí a Daniel, ahora parece que como has conocido a un chico especial, no quieres compartirlo conmigo, pues yo no lo encuentro bien, que quieres que te diga. —Está bien, tienes razón. Le decía Sabrina a Carly, poniéndose de pie en la parte menos profunda de la piscina. Sabrina miraba a Carly e Carly miraba a Sabrina, esperando que su amiga se decidiera a hablar. —Vale ¿Qué te interesa saber?— Le preguntaba Sabrina. —Ya te lo he dicho ¿Folla bien?— Sabrina la miraba sonriendo y pensando. —Mira, es capaz de follarte, hacer que te corras, correrse él contigo, seguir follando como si no hubiera pasado nada, eso, te da un gusto que no te puedes ni imaginar. Es… es como si se apoderara de ti, como si controlara cuando te da placer y de qué manera te lo da, te vuelve loca, de verdad, cuando quiere, te acelera el ritmo, y hace que tengas el orgasmo más intenso, más fuerte, más bestia que jamás hayas tenido, y se vuelve a correr contigo. Es una puta bestia follando que me vuelve loca, así folla.— Carly la miraba con los ojos muy abiertos. —Me estás tomando el pelo, te lo has inventado. —Carly, tú me has preguntado y yo te he respondido, a partir de aquí, tú sabrás si me crees o no. Sabrina le sonrió a su amiga, se metió debajo del agua y salió colocándose bien el pelo. —Me has dicho la verdad ¿Cómo puede ser que haga esas cosas? —Yo no lo sé, y por favor no se lo preguntes a Carlos, que te conozco. Sabrina fue subiendo las escaleras para salir de la piscina, Carly se quedaba dentro pensando, con la mirada perdida. De golpe giró la cabeza. —¡Eh! No me dejes aquí sola, espera.— AvCarlyba Carly a Sabrina. Sabrina no la esperó, llegó hasta la hamaca y se estiró boca arriba a tomar el sol. Después lo hizo Carly sentándose en la de al lado. —A ver si lo he entendido bien, Carlos, es capaz de correrse dos veces ¿Sin sacarla?— Preguntaba Carly afectada por esa idea. Sabrina abrió un ojillo mirándola. —Y no es lo más importante, es que además, espera a que te corras primero, lo hace él contigo, y cuando te crees que ya ha acabado el polvo, te sigue follando, como dices tú, sin sacarla ¿Te lo imaginas? Recién corrida y que te sigan follando, lentamente, suavemente, dándote un gustazo tremendo. Y cuando consigue que te vuelvas a correr, con un orgasmo que no te puedes ni imaginar, él se corre de nuevo. Esa segunda corrida, es… es ¡Joder Carly! En mi puta vida he sentido algo así. Sabrina cerró el ojillo, Carly la miraba con la boca abierta, se fue tumbando lentamente, pensando en lo que le había contado su amiga. Esa noche cenaron los cuatro juntos, después fueron a tomarse algunas copas, se lo pasaron muy bien, como siempre que salían juntos, hablaron, rieron, se cachondearon unos de los otros, lo habitual entre ellos. Después, Daniel fue a dejar a Carly a su casa, Carlos hacía lo propio con Sabrina. En el coche, parado en la esquina de la casa de Sabrina, se besaban. —¿Te lo has pasado bien?— Le preguntaba Sabrina. —Claro que sí, como siempre, son muy divertidos los dos. —Yo también, me gusta estar con Carly.— Confesaba Sabrina. —Oye cariño, ahora que hemos vuelto del hotel, ya no tenemos una habitación para nosotros…— Antes de que acabara la frase Carlos, Sabrina ya se reía. —Cariño ¿Te preocupa donde vamos a follar?
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