—Pues sí, ‘cariño’, sí que me preocupa, yo te pediría que vinieses a mi casa, pero me parece que no es buena idea.— Reflexionaba Carlos.
—Pues no tienes de que preocuparte, ‘cariño’, mañana después de comer en la piscina, vendremos a mi casa, tenemos mi cama disponible para hacer cositas.— Le daba la solución Sabrina.
—¿Y tú padre?
—Cuando vuelva a las cinco y media, como muy pronto, tú y yo, ya no estaremos.— Se volvieron a besar y se despidieron.
Por supuesto, el día siguiente, se preocuparon de comer pronto, salieron de la piscina y fueron a dejar a Carly en su casa, no se quiso quedar ella sola. Sabrina abrió la puerta de su casa y entró con Carlos, fueron directamente a su habitación. Si había dejado entrar al zoquete para follárselo, como no iba a dejar entrar a Carlos.
Solo entrar, Sabrina ya se estaba quitando la ropa y el bikini que llevaba debajo. Carlos hizo lo mismo, se morrearon a base de bien, él acariciándole el chichi y ella pajeándolo suavemente. Carlos apoyó el culo de Sabrina en la mesa de estudios, él se arrodilló, le abrió las piernas y se tiró a comerle le coño, de aquella manera que tanto le gustaba a Sabrina, de la manera que le enseñaron. Ella le acariciaba la cabeza, con sus dedos en medio del cabello de Carlos, con paciencia, se lo estuvo comiendo un buen rato, Sabrina gemía y lo gozaba. La apartó de la mesa, le dio media vuelta y la colocó con las tetas encima, le levantó el culo, se lo abrió y le metió la lengua en medio, le comía el culo entero, desde arriba hasta abajo, entreteniéndose en el agujerito. Sabrina callaba, lo disfrutaba y no decía nada, si Carlos la estaba preparando para metérsela por el culo, ella no le diría nada, que hiciera lo que quisiera. Cuando se hartó de comérselo, se incorporó, se agarró la polla pajeándosela para ponerla totalmente dura, se la apuntó a Sabrina en la entrada de la v****a y lentamente, se la fue introduciendo. Ella gimió, abrió los ojos de la impresión, en el segundo empujón de Carlos, se agarró a la mesa del gusto que le daba soltando un pequeño grito. Carlos, sin sacársela, la incorporó, la movió de la mesa para que se apoyara con las manos en la estantería, donde tenía todos sus libros de arquitectura. De pie, ella apoyada en la estantería, sacando el culo lo que podía para atrás, él detrás de ella, con la polla metida en su coño follándosela, las manos rodeando a Sabrina para amasarle las tetas, en esa posición ella gemía y gritaba, mirando el libro de Alain de Botton, ‘La arquitectura de la felicidad’. La felicidad me la están dando a mí por otro sitio, pensaba Sabrina leyendo el título del libro.
Carlos intensificó los movimientos de cintura, Sabrina notaba que aquello no duraría mucho se iba a correr de un momento a otro. Y no tardó mucho en hacerlo, se agarró con fuerza a la estantería, los libros se movieron, ella se corría con la vista fija en el mismo libro, jamás pensó que podría tener semejante orgasmo mirando un libro de arquitectura. Carlos, cuando Sabrina acabó de su corrida, le acercó la boca al oído susurrándole.
—Me gustaría metértela en el culo, cariño.
—Haz lo que quieras, yo no te voy a negar nada.— Le contestaba Sabrina, dándole luz verde para lo que quisiera hacer.
Le sacó la polla del coño, se mojó una mano con saliva y se la pasó por el agujerito del culo, jugó con sus dedos un rato dilatándolo, le dio un beso en el cuello a Sabrina. Ella mientras le besaba el cuello, notaba como la punta de la polla le buscaba el agujerito, apretó un par de veces sin encontrarlo, teniendo que abortar la misión, a la tercera, notó como la puntita se abría paso dilatando el agujero, se agarró con más fuerza a la estantería, él aguantó aquella posición. Hasta que ella, con una mirada de aprobación hacía atrás, le dio permiso para seguir, y siguió, de un suave apretón, le introdujo el c*****o entero dentro del culo. No es que Carlos tuviera un gran c*****o como Daniel, todo lo contrario, él tenía la polla en forma de cono, de menos gorda a más.
Eso le hacía pensar a Sabrina, que cuanto más adentro se la metiera, más le dilataría el culo. Entonces ocurrió algo que pilló por sorpresa a Sabrina, Carlos bajó la mano con la que le estaba acariciando una teta, directamente a acariciarle el coño, a pasarle el dedo entre los labios, a darle vueltas al clítoris. Del gustazo que le dio, junto al malestar que sentía porque la estaba sodomizando, la mezcla de las dos cosas, le hicieron gritar de gusto. Carlos aprovechó para meterle un trozo más de polla, ella volvió a gritar de gusto. Sus dedos seguían haciéndole un paja, y que paja, pensaba Sabrina, ella le prestaba más atención, al gustillo que le estaba dando Carlos por el chichi, que a la polla que le estaba invadiendo el culo.
Eso lo aprovechó él, para acabar de metérsela entera, muy despacio, mientras veía que Sabrina disfrutaba del movimiento de sus dedos en su coño, se la fue introduciendo sin pausa, hasta llegar a chocar con aquel culo precioso que siempre admiró. Sabrina se dio cuenta, pensó, que en esos momentos tenía una polla entera metida. Los dedos de Carlos trabajaban bien, estaban consiguiendo que ella se mojara, que ella gimiera, un gemido entre placer y dolor.
Carlos se empezó a mover, Sabrina cerró los ojos, notaba como la polla de Carlos entraba y salía de sus entrañas, también notaba un gusto muy intenso en su chocho, él seguía trabajando bien con los dedos. Cuando no se lo esperaba, un dedo se le coló en el coño, le hizo gritar de gusto, Carlos lo empezó a mover, adentro afuera, Sabrina se sentía follada por los dos agujeros, se excitó, le empezaron a temblar las piernas, a subirle un tremendo placer que hizo que se corriera. Él, no perdió el tiempo, le empezó a lanzar lechazos dentro del culo, gimiendo y gruñendo se agarraba a la cadera de Sabrina.