Elois observaba con las cejas arqueadas a su amiga quien no paraba de reírse. — ¿Se puede saber qué es lo que te causa tanta gracias? Es un rumor de lo más escandaloso. Dalia paró de reírse, miró a su amiga con una sonrisa y añadió —Que me deja bien parada. Elois resopló y negó con la cabeza —Puede que eso sea cierto ¿Pero qué harás cuando el marqués lo niegue rotundamente. —Nada—Dalia encogió sus hombros con aburrimiento—No haré nada porque esto no es culpa mía. Un placer la envolvió de repente al darse cuenta de que justo ahora toda la sociedad londinense estaría leyendo plácidamente el periódico con una taza de té al lado y enterándose con gran sorpresa de que la florero de la que tanto se burlaban y despreciaron había rechazado al gran mujeriego Marqués de Saint Clear. Y aunque

