Lady Dalia mantuvo el paso sereno y sonrió complacida. Lo había logrado. Saboreó el caramelo de menta que hábilmente robó y se abrió paso entre el gentío para llegar hasta la tarima del ring. Rupert le dijo que hoy comenzaba un nuevo campeonato de boxeo y por eso el ambiente estaba tan agitado, Dalia que no pudo resistirse a la tentación de ver de nuevo semejante espectáculo tan novedoso, decidió bajar y mezclarse con la multitud. Había más gente de la acostumbrada y alguien tropezó con ella por detrás, de inmediato se acomodó el peluquín que tardo cuatro días en hacer y miró por encima de su hombro, pero no vio a nadie. Fijó su vista hacia delante y vio a los contrincantes chocar sus puños antes de comenzar, sintió la emoción correr por sus venas. Sin embargo, antes de poder ver si quie

