Ares acarició la espalda baja de Dalia y ella se estremeció en respuesta. —¿Te vas a quitar el bigote o voy a tener que asaltarte con todo y peluquín? Su risa resonó en casa rincón de la habitación. Era increíble como su humor sombrío había mejorado con solo ver a Dalia, aquella mujer tenía una chispa mágica que hacía que se olvidara todo ¿Cómo había podido vivir sin ella? ¿Cómo no la había encontrado antes? No era un tipo cursi, había tenido infinidades de mujeres en su cama, pero Dalia, aquella amazona de ojos dorados, tocaba su alma, la poca que aun quedaba. —Aunque me tienta la idea de que me asaltes, mi disfraz me costó mucho trabajo como para permitirte que lo eches a perder. —Ella suspiró con fingido pesar—Voy hacer el sacrificio de quitármelo solo porque parece ser que no puede

