Dalia trago en seco cuando vio por primera vez el pecho desnudo de su prometido. Cuando Sebastián le dijo que tenía que quedarse en el despacho porque iba a ajustar cuentas con un hablador, ella se opuso ya que no quería perderse semejante espectáculo. Ahora, viendo al marqués en pantalones de montar, con el torso descubierto saltando de un lado para el otro en el ring, supo que había tomado la decisión correcta. Los vitoreos a su lado aumentaron cuando Sebastián le dio un puñetazo en la mandíbula a lord Wellingth; dejándose llevar por la emoción del momento, Dalia también se unió y con los dedos en su boca soltó un silbido que hubiera puesto los pelos de punta a su institutriz. No sabía por qué pero no dudó ni un instante de que el marqués pudiese ser buen boxeador, se veía en su constit

