Traición

1026 Words
Diana estaba sentada en una de las incómodas sillas del pasillo del hospital, observando la puerta de la habitación donde Valentina seguía luchando por cada respiración. Llevaba días sin dormir bien, cada pequeño sonido o movimiento la hacía saltar de inmediato, temiendo lo peor. Aún no podía procesar la pérdida de sus padres, y el dolor de ver a su hermana tan frágil la destrozaba por dentro. Sin embargo, una llamada la sacó de ese torbellino de emociones. Era Álex. —Hola, cariño —dijo él, con una voz sorprendentemente alegre, como si nada hubiera cambiado. Diana sintió una mezcla de alivio y sorpresa. Habían pasado días desde el accidente y no había escuchado nada de él, algo que le había dolido profundamente. Lo había justificado pensando que quizás no quería molestarla en un momento tan delicado. Ahora, al escuchar su voz, una punzada de rabia y tristeza le recorrió el pecho. ¿Dónde había estado cuando más lo necesitaba? —Álex, ¿dónde has estado? —su voz salió débil, más herida que acusadora. Hubo un breve silencio al otro lado de la línea antes de que él respondiera: —Lo siento, Diana. He estado muy ocupado con... ya sabes, todo lo del trabajo y los preparativos. Además, pensé que quizás querías espacio para procesar todo lo que ha pasado. Diana frunció el ceño. ¿Espacio? ¿En un momento en el que más necesitaba a alguien a su lado? Algo no estaba bien. —¿Por qué no viniste al hospital? —preguntó, intentando mantener la calma—. Valentina casi no lo cuenta, y mis padres... mis padres se han ido, Álex. Te necesitaba aquí. Su voz se quebró al pronunciar esas últimas palabras, pero la respuesta que llegó no fue la que esperaba. —Lo siento mucho, Diana, de verdad. Pero... bueno, hay algo que quería contarte —dijo él, y su tono cambió a uno más nervioso—. Ya sabes que, con todo lo que ha pasado, pensé que tal vez no querrías ir a Estados Unidos ahora mismo. —¿Qué? —Diana sintió que el corazón le daba un vuelco. ¿Por qué hablaba de eso ahora?—. Álex, no sé si podré irme con Valentina así. Todo cambió. Pero, ¿qué tiene que ver eso? La voz de Álex se volvió un poco más seria, como si estuviera ensayando las palabras. —Bueno, el otro día me enteré de que la empresa seguía buscando a alguien para ese puesto, y... —hizo una pausa, como si le costara decirlo—. Decidí tomar la oferta en tu lugar. Diana, sé que es mucho ahora mismo, pero no podías ir, y pensé que era lo mejor para nosotros. Diana sintió que la respiración se le detenía. Era como si una corriente helada le recorriera el cuerpo. No podía creer lo que estaba escuchando. —¿Qué? —preguntó, su voz ahora afilada, incapaz de contener la incredulidad—. ¿Aceptaste el puesto que era para mí? —¡Cariño, no lo tomes así! —exclamó Álex, apresurándose en su defensa—. No podías irte, y yo también soy bueno en lo que hago. Usé el proyecto que desarrollamos juntos para asegurarme el puesto. Sabes que lo trabajamos los dos. Pensé que estarías de acuerdo. Diana sintió que la sangre le hervía. "El proyecto que desarrollamos juntos". No podía ser más falso. Álex había contribuido, sí, pero el corazón de ese proyecto había sido suyo. Horas de investigación, noches sin dormir, su visión, su trabajo duro. Y ahora Álex había usado todo eso para tomar la oportunidad que ella había ganado con tanto esfuerzo. En el momento más difícil de su vida, él había traicionado su confianza de la peor manera posible. —¿Lo usaste? —repitió en un susurro—. Álex, ese proyecto es mío. Fui yo quien lo desarrolló. Sabes cuánto significa para mí. Era mi oportunidad, no la tuya. El silencio que siguió fue aplastante. Diana sintió las lágrimas agolparse en sus ojos, pero no quería llorar. No por él. No en ese momento. —Diana, por favor, no lo veas así. Pensé que te aliviaría saber que alguien de confianza está en ese puesto. Además, cuando todo esto pase con Valentina, podrías venir conmigo. Sus palabras parecían cada vez más vacías. Diana sintió que todo su mundo se desmoronaba. En el peor momento de su vida, la persona en la que más confiaba había decidido poner su ambición personal por encima de ella. —No puedo creerlo —murmuró, más para sí misma que para él—. Mientras yo estoy aquí, enfrentando la muerte de mis padres y cuidando de mi hermana, tú... tú tomas lo único que me quedaba. Álex intentó hablar, pero ella lo interrumpió. —No quiero saber nada más de ti. No puedo seguir con esto. Has destruido todo, Álex. Todo lo que éramos. Colgó el teléfono antes de que él pudiera responder. Las lágrimas que había estado conteniendo comenzaron a caer libremente por su rostro. El dolor de la traición la atravesaba como una daga, aguda y profunda. Álex, el hombre con el que había pensado pasar el resto de su vida, el que debía ser su apoyo, la había traicionado de una forma que nunca habría imaginado. Diana dejó caer el teléfono en su regazo, mirándolo sin realmente verlo. Sentía como si estuviera flotando en un abismo, sin un punto de referencia, sin nadie en quien confiar. En ese hospital frío y sombrío, todo lo que había sido su vida hasta ese momento se sentía como un lejano sueño, destruido por el golpe brutal de la realidad. Pero mientras las lágrimas caían, algo dentro de ella comenzó a endurecerse. Dolía, sí, dolía como nunca antes, pero sabía que no podía quedarse rota. Tenía que levantarse. Valentina la necesitaba. Y aunque su corazón estaba destrozado, se juró en ese momento que jamás dejaría que alguien la volviera a hundir así. Diana respiró hondo, secando sus lágrimas. La tormenta aún no había terminado, pero ella sobreviviría. Y lo haría por ella, y por su hermana.
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