La ciudad despertaba con un aire denso, como ese olor a mierda quemada que nunca desaparece del todo. Las calles vibraban con pasos nuevos, con voces frescas que gritaban sin miedo a romper la vieja maldita historia. La puta guerra no estaba ni cerca de acabar. Al contrario, un nuevo ciclo se estaba cagando en las reglas viejas, con una generación de líderes que no le debía nada a los fantasmas ni a las cagadas del pasado. Sofía volvió a la oficina con la mochila al hombro y la mirada afilada, como si llevara dentro una tormenta contenida a punto de explotar. Damián la miró, la jodida mezcla perfecta entre admiración y preocupación. —¿Qué mierda te pasó en unas horas que dejas de ser la jodida mujer de hielo para convertirte en una volcán? —dijo él, rascándose la barba con fastidio. Sof

