Es agradable no tener clases un lunes a las ocho de la mañana, no soy muy madrugadora, más bien me considero noctámbula, así que, tener mis materias en la tarde es de lo mejor. Sobre todo, por el hecho de que llegué ayer a la noche y no hice nada más que dormir desde que puse un pie en mi cuarto. Además, Darkwing es igual, también estuvo roncando desde ayer y ahora está simplemente mirándome y esquivando las cosas que están flotando por la habitación mientras se acomodan en su respectivo lugar.
Sé que parece arriesgado que haga esto en la universidad, pero estoy de lo más tranquila permitiéndome parecerme al aprendiz de brujo con sus escobas y trapeadores, porque sé que nadie vendrá a verme.
- ¡Hey, hey, hey! ¿Cómo está la mejor amiga que una chica puede tener?
Me retracto, debí de suponer que Arabella no podría dejarme simplemente un día sin su "adorable" presencia. Y no, no es sarcasmo, es que realmente es demasiado adorable y sexy. Extraña combinación, ¿no? Yo tampoco la creía posible hasta que la conocí. En fin...
- Olvídalo Ari, no te daré mis tacones negros.
- ¡Pero si me quedan de lujo! Es decir... ¿Cómo crees que diría eso?
No digo nada, simplemente la observo de brazos cruzados y con una ceja alza como diciendo "¿en serio?" ante su sonrisita de "yo no rompo un plato".
- ¡NO HAGAS ESO! Sabes que no puedo alzar la ceja como tú y me molesta que me lo restriegues en la cara. De todas formas, solo venía a saludarte y ver si querías ir por algo para desayunar, pero por lo que veo, recién estás desempacando.
Sí, ella sabe que soy bruja y no, no se asustó, más bien chilló por todo el cuarto cuando se enteró y me dijo que era "lo más genial que nunca había visto". Hasta admitió que me tenía una "sana envidia", ¿acaso come balanceado y hace ejercicio? Fue un accidente en realidad el cómo se enteró: era mi primer año y ella era mi compañera de cuarto. Se suponía que saldría de clases una hora más tarde de la que apareció en la habitación, por eso fue que encontró la toalla, que me había olvidado fuera del baño, flotando hacia dentro del mismo. Síp, fue un accidente, pero lo positivo fue que no tuve que esconderme más y ella prometió guardar el secreto.
- Tranquila, ya casi termino. Además, estás de muy buen humor, demasiado y eso solo implica una de dos cosas: chicos o chismes.
- Bueeeeeeeeeno... En realidad, es ambas.
- ¿A qué te refieres?
- Hay un rumor de que hay alumnos nuevos por el cambio de semestre y, entre ellos, los más nombrados son un par de gemelos que están para comérselos así sin pan ni nada.
- ¿Por qué no me sorprende eso? Ya los viste, ¿no es así?
La sonrisa pícara de mi amiga me dice que sí y que, lo que ha visto, le ha gustado y mucho. Es de esperarse; si bien mi mejor amiga no es una zorra ni nada, tiene un amor por el sexo opuesto que a veces da miedo. Tiene buen gusto, no me malinterpreten, por lo general los chicos que dice que están bien buenos suelen estarlo, sin embargo, algunas veces llega a casi una adoración y no estoy segura de que sea sano. Las cosas terminan de acomodarse entretanto hablamos y Ari se queda acariciando a Drakwing que disfruta de los mimos entre las plumas de su cabecita y rostro.
- Mejor vamos, él ya desayunó, no obstante, mi estómago me consumirá a mí misma de dentro hacia afuera si no le doy comida pronto.
Como si quisiera demostrar que no miento, mis tripas eligen ese preciso instante para hacer ruido y enfatizar mi punto, a lo que ambos me miran fijo.
- A veces me asustas, ¿sabías?
- El sentimiento es mutuo en ocasiones. Mejor vamos de una vez. Adiós plumífero, no quiero restos de tus andadas cuando vuelva aquí.
Darkwing me devuelve la mirada ladeando su emplumada cabeza blanca que lo denomina como su especie "lechuza cara de luna" y salimos antes de que su carita me haga acariciarlo y no vayamos a ningún lado, tiene ese poder en mí y él lo sabe y lo usa a su favor cuando le conviene. Plumífero manipulador. Ya afuera, nos encaminamos hacia la cafetería de la universidad entre charlas y risas, poniéndonos al día sobre las locuras de nuestras casas. Las tonterías de mi padre no le sorprenden sino todo lo contrario, me dijo de todo por no haberlo filmado para ella.
Una vez con el pedido de cada una en las manos (yo un batido de fresa y naranja con un pastelillo de chocolate y ella con un late con una porción de pie de manzana), nos acomodamos en nuestra mesa de siempre al fondo del local y nos ponemos a deleitarnos con lo que llevamos hasta que la puerta suena nuevamente. Normalmente no le prestaría mucha atención, no obstante, el hecho de que Arabella se haya quedado muda mirando fijo la puerta y que una extraña sensación se me haya instalado dentro del pecho al tiempo en que se me erizaron los bellos de la nuca, me hace voltear hacia la puerta; la mandíbula la tendría por el piso si no fuera porque tengo piel, músculos y tendones que la sostienen en su lugar e impiden que necesite un gato para reacomodarla a donde va.
Dos chicos, exactamente iguales entre sí, están acercándose hacia el mostrador y cada chica de este lugar los está mirando como si fueran las últimas botellas de agua fresca en pleno desierto de Atacama. Francamente lo entiendo, estos chicos están como quieren: altos, de hombros anchos (se notan sus cuerpos trabajados bajo la ropa), pelo color chocolate que les cae despeinadamente sexy sobre la frente, que actúa como una semi-cortina sobre dos pares impresionantes de ojos color esmeralda enmarcados de gruesas y oscuras pestañas. Tiene la piel bronceada y los rasgos marcados y masculinos; la personificación de la hombría hecha gemelos.
Ambos llevan camisas de franela abiertas sobre una camiseta básica, vaqueros rotos de las rodillas y zapatillas, lo único que los diferencia es que uno lleva un gorro de lana sobre su cabeza.
- Esos son...
- Ahora entiendo tu fascinación por ellos...
Síp damas y caballeros, por primera vez estoy siendo una criatura babeante como mi mejor amiga. Pero es que, ¿cómo no serlo? Ese par está para el crimen de lo buenos que están. Sé que estoy comportándome como idiota, que tengo que apartar la mirada y que, si ellos llegan a notar que los estoy mirando, lo más probable es que se sientan incómodos y se vayan, sin embargo, por más que quiero no puedo hacerlo, no puedo dejar de verlos.
- Dime por favor que sabes sus nombres...
Como no contesta, con cada gota de fuerza de voluntad que poseo, doy media vuelta hacia donde está ella: mi amiga no reacciona, está tan estática como todas las demás. ¿Debería preocuparme? Intento que regrese a la tierra, mas no hay caso. Frunzo el ceño y paso una mano frente a su cara chasqueando los dedos frente a sus ojos... Nada.
- Ari...
- Ell-ello-ellos...
- Ari, no te entiendo.
Ella mira sobre mi hombro al tiempo en que sus ojos se abren como platos y me señala a mi espalda. Desconcertada, miro a donde me apunta, quedando en blanco al ver dos pares de ojos esmeralda, acompañados de unas sonrisas arrebatadoras, fijas en mí.
- Hola.
- Ho-hola.
Sus voces que suenan al mismo tiempo me resultan algo raro aunque conocido, no obstante, no entiendo de dónde, porque jamás en mi corta vida los he visto. Lo sé, estoy completamente segura, esas caras no son fáciles de olvidar precisamente. El del gorro suelta una risita por mi balbuceo y me abofeteo mentalmente por idiota: genial, ni dos segundos y ya hice el completo ridículo frente a los chicos más calientes que he tenido el placer de presenciar. ¿Se puede ser más patética o yo ostento el título? Ahora que están tan cerca, puedo apreciar que ambos llevan un aro en el labio del lado derecho de su boca. ¿Es que tienen alguna especie de trato de "lo que se hace uno se lo hace el otro también"? Porque si es así, se les pasó lo del gorro, ¿o el que no lo tiene lo habrá guardado? Ay Dios, otra vez estoy desvariando, ¡CONCÉNTRATE IRIABELA! El que no lleva el gorro se aclara la garganta mínimamente y me mira directo a los ojos, cosa que me sorprende porque pocos se atreven por la incomodidad (que ya he mencionado antes) que sufren casi todos al verlos y habla con esa voz ronca que reverbera en el pecho y hace latir el corazón de una chica como si fuera caballo al galope. Por Dios, ya hasta estoy hablando como heroína de novela romántica, necesito regresar a la realidad.
- Mi nombre es Ayrrick y él es mi hermano Rowan. No queríamos molestarlas, pero ya que no hay mucho más lugar en la cafetería, ¿les molestaría si nos sentamos con ustedes?
No alcanzo a contestar, o si quiera pensar en una respuesta, antes de que mi alocada amiga por poco y grite un rotundo SÍ, que seguramente se escuchó hasta la otra cuada. ¿Es que no puede contenerse? Mi mirada asesina debe ser más que clara en este momento al dirigirse hacia ella.
- ¿Puedes gritarlo más fuerte? Creo que los que están en las residencias no te escucharon.
Arabella se pone del color de las fresas maduras al notar lo que acaba de hacer y baja vista avergonzada a su plato de pie. Me llevo los dedos al puente de la nariz y lo masajeo un momento con cansancio antes de volver la vista al par de Dio-gemelos y sonreír suavemente para no asustarlos. Me sigue sorprendiendo que mis ojos no les molesten, sin embargo, supongo que eso es bueno. Hasta a Ari le costó adaptarse a ellos; ahora me mira como si nada, pero al principio, por poco me pedía que anduviera con los lentes de sol las veinticuatro horas del día. Suerte que superamos esa etapa, era molesto llevarse todo puesto por estar prácticamente a oscuras todo el día con los anteojos dentro del cuarto. Ellos me observan tranquilos, conservando la sonrisa que ahora es más de intento de contener la risa.
- Como ya "proclamó" mi amiga aquí presente a los cuatro vientos, no hay problema, siéntense tranquilos, no nos molesta.
- Gracias.
Que hablen a la vez es casi perturbador, mas lo dejo pasar porque los acabo de conocer, supongo que será cuestión de acostumbrarse. Digo, la gente que está a mi alrededor tiene que acostumbrarse y soportar mi extraña mirada (y quizás algunas otras rarezas), no es como si no pudiera hacer lo mismo por los demás, ¿no?
Cada uno se sienta al lado de una de nosotras (el de gorrito ahora conocido como Rowan, se acomoda al lado de Ari y Ayrrick al lado mío) y se disponen a comer cada uno lo suyo. Al menos parece que en gustos alimenticios son distintos ya que, Ayrrick tiene un jugo natural de frutas y un pastel de chocolate y crema y Rowan un cappuccino y una porción de lemon-pie.
- Nosotros ya nos presentamos, ahora faltan ustedes.
- Mi nombre es Anabella y ella es Arabella.
- Wow, muy similares.
Aunque parezca planeado, fue una simple coincidencia: mis padres querían que mi nombre humano se pareciera al real y me pusieron Anabella y, dio la casualidad de que, mi compañera de cuarto y ahora mejor amiga, se llamaba Arabella. El destino quizás, quién sabe.
- Sí, también nos sorprendimos cuando nos conocimos. Pareciera que nuestros padres pensaron similar sin haberse conocido.
- Es gracioso si lo piensan. Y, ¿qué estudian?
- Yo Administración de Empresas y mi amiga aquí presente Fotografía.
- Así que tenemos una cerebrito y una artista juntas.
- Algo así, somos un par disparejo, sin embargo, nos entendemos bien. ¿Y ustedes?
- Yo estudio Psicología y Ayrrick Filología Clásica.
Mmmmm... Qué raro, habría apostado lo que fuera a que este par estaba para estudiar modelaje o algo así, con lo buenos que están es casi un desperdicio. Sería genial poder fotografiarlos, serían unas tomas increíbles, estoy segura.
- ¿Son divertidos, no crees?
- Sí, parecen simpáticos.
Ya habían pasado un par de horas desde el encuentro y la charla con el par súper sexy (palabras de Ari, no mías, aunque pienso igual) y todavía no podía sacarme de la cabeza la mirada de esos dos ni sus voces.
La charla había fluido con facilidad, ambos eran bromistas (aunque Ayrrick parecía más tranquilo que Rowan), de trato fácil y muy amables. El tiempo con ellos había pasado rápido y cuando nos quisimos dar cuenta, ya teníamos que irnos a clase. Antes de irse cada quién a la suya propia, intercambiamos teléfonos y Ari estaba que saltaba de felicidad. Yo no podía evitar sentir la mirada fija y asesina de cada chica en la cafetería sobre mi cuerpo, eran como cuchillos sobre la piel; no les di demasiada importancia y, a la que me miraba más de la cuenta, le devolvía la mirada, "mi arma secreta" como le dice mi loca amiga.
Y ahora, luego de haber terminado de cursar, ella estaba en mi cuarto tirada en mi cama con Darkwing sobre su abdomen siendo acariciado y yo en mi escritorio terminando unas notas. Sé que dije que ella era mi compañera de cuarto, mas el año anterior, se abrieron habitaciones individuales y yo soy de las que estudian de noche y a ella eso no le gusta para nada (entre otros puntos de vista y gustos o hábitos diferentes), así que optamos por dos individuales. No era nada grave, pero así estamos perfectas: cada quien con su espacio y siendo casi inseparables. Además, siempre estamos en la pieza de una o la otra, no es que hubiera tanta diferencia, como ahora.
- ¿Simpáticos? ¿Es todo lo que puedes decir de ellos?
- ¿Y qué más esperas que diga?
- Si no supiera que menstruas de primera mano, creería que no tienes sangre en las venas. Esos dos están para pecar con gusto y tu solo puedes decir que son "simpáticos". Juro que hay veces que no te entiendo en absoluto.
- Ari, sí, son lindos, pero no los voy a poner un pedestal, solo son chicos.
- Eres muy frustrante. Y lo peor es que estoy más que segura de que les gustas. Apostaría mi neceser completo de maquillaje a eso, y mira que lo adoro y me costó una barbaridad armarlo.
- Es chiste, ¿no?
- No notaste cómo te miraban, ¿no es así?
¿Mirarme? ¿Que ellos estaban mirándome? Seguramente solo analizaban mi aspecto, es imposible que sea algo más. Me doy vuelta en la silla giratoria de mi escritorio y clavo los ojos en el par sobre el colchón mientras mi alocada amiga se sienta en el borde de mi cama con Drakwing aún en su regazo.
- Sé lo que está pasando por tu cabeza y te lo aseguro: ellos no te estaban mirando por tu aspecto, al menos no en el sentido que tú crees. Se notaba por cómo fijaban su atención en ti que les gustaba lo que estaban viendo y eso eras tú.
- Estás alucinando.
- Y tú en negación. ¿Por qué no puedes creer lo que te digo?
- Porque es una locura. Solo soy una rareza Ari, nada más.
- No, eres hermosa, distinta a todas sí, no obstante, hermosa como ninguna también. Y a ellos, ese "diferente" les gusta.
Suspiro y me froto los ojos; esto es una locura: ahora resulta que les gusto a los gemelos más sexys de toda la universidad. ¡Ja! Sí claro, y yo soy Slender. Sin embargo, llevarle la contraria a mi amiga cuando algo se le ha metido en la cabeza, es casi imposible, además de cansador e inútil, es más terca que una mula. Lo mejor en momentos como éste es darle la razón como a los locos.
Por eso mismo decido cambiar de tema y lo llevo para la fiesta que está ofreciendo la fraternidad de los chicos de la universidad para el fin de semana: no somos de ir mucho a fiestas, mas las vacaciones recién terminaron y me las he pasado estudiando y con mi familia, necesito relajar mi mente y sé que Ari piensa igual.
Tipo diez, el hambre nos ataca y llamamos una pizza, la cual comemos tiradas en mi cama en tanto vemos "Inactividad Paranormal 2". Nos reímos como locas con las tonterías de Marlon Wayans hasta que la película termina tipo doce y ella se va a su cuarto. Una vez sola, apago todo y me acomodo para dormir...
Sangre, dolor, fuego, gritos, metal brillando ardiente... Guerra.
Nuevamente estoy en el campo de batalla, la escena de lucha y muerte se reproduce otra vez frente a mis ojos y, como la anterior, esta vez tampoco puedo moverme. La situación vuelve a repetirse: primero mi padre, luego mi madre...
La única diferencia es que, en esta ocasión, las voces son siluetas a mis costados, no puedo verlos, solo sentir sus manos y su respiración sobre mí.
- Tienes que elegir...
- Tienes que elegir...
- Tienes que elegir...
- Tienes que elegir...
- Tienes que elegir...
- Tienes que elegir...
- Tienes que elegir...
- Tienes que elegir...
No lo soporto, el eco me ensordece, cada vez es más fuere. Grito desesperada al no poder taparme los oídos, casi puedo sentir la sangre que sale de ellos. La imagen de mis manos aparece frente a mí y están manchadas de carmesí en diferentes tonos, chorreando por mis brazos. El horror me inunda...
Ahogo un grito y me despierto jadeando, con la respiración como una locomotora y el corazón latiendo con tanta fuerza que parece que se me va a salir del pecho. El sudor me recorre las cienes, la cara, el cuello, el pecho y la espalda.
No lo pienso, lo primero que hago es mirar mis manos y tengo que contener un grito al verlas manchadas como en el sueño. Corro al baño y prendo la luz, desesperada por borrar el carmesí de mi piel, mas cuando la luz me ilumina y voy a abrir el agua... No hay mancha, no hay rojo, no hay nada. ¿Qué está pasándome?