Llegamos a casa pasada la medianoche. Polina no había aceptado del todo vivir conmigo, pero sí pasar la mayoría de los días en mi apartamento mientras conservaba todas sus propiedades. Lo primero que hizo al llegar fue dirigirse directamente al baño. Entré con ella, observándola deshacerse de su ajustado vestido color carne mientras yo me apoyaba en la encimera. —Estaba pensando en redistribuir tus responsabilidades —dije, iniciando la conversación que había querido tener en el club antes de que su sesión de tortura se llevara toda la noche. Ella entró en la ducha y comenzó a enjuagarse. Era una conversación importante, pero ver el agua deslizarse por su cuerpo voluptuoso no me estaba ayudando a concentrarme. —No voy a ocupar el puesto de Gio —dijo con sequedad. Solté una risa suav

