Salgo de la habitación del hotel y me aseguro de que la puerta se cierre detrás de mí. Solo necesito cinco minutos sin que esta mujer estúpida se queje. Cualquiera diría que cree que es algún Don importante por cómo se comporta. La puerta se abre casi de inmediato y la miro fijamente. Siento cómo se me enciende la cara. —¿No acabo de decirte que te quedaras quieta? —No voy a quedarme aquí sola mientras tú vas a buscar comida. Puedo ir a jugar o algo si no quieres que esté cerca de ti —dice con terquedad. Suelto una respiración profunda y cuento hasta cinco en mi cabeza. —Se supone que debes estar a salvo. —¿No dijiste que estoy más segura contigo? Si yo fuera el tipo de persona que golpea a las mujeres, ya estaría inconsciente. Me doy la vuelta y empiezo a caminar. Evidentemente, n

