—Acabas de conducir en círculos una y otra vez —digo—. De verdad no creo que fuera necesario. Espero a que se baje de la motocicleta. —Por si no lo habías notado, nos estaban siguiendo —responde con irritación, lo que solo consigue molestarme más. Menudo pez gruñón—. Tenía que asegurarme de que los perdiéramos para no haber matado a una docena de tipos para nada. Trago saliva. —Lo siento por eso. —¿Lo sientes por qué? —pregunta, empezando a caminar por la calle. Apuro el paso para alcanzarlo; mis pasos cortos apenas pueden competir con sus largas zancadas. —Siento que tuvieras que matar gente. Se encoge de hombros como si no fuera gran cosa. Lo observo un momento. No puedo creer que se quite algo así de encima con tanta facilidad. Está claro que mata con frecuencia. Se detie

