Gracias a Dios no tenemos que compartir cama. Eso hace que esta luna de miel sea un poco más llevadera. No tenía ninguna ilusión por esto, y Renzo estaba tan tenso cuando llegamos que me provocaba ansiedad. Ahora, en cambio, se está relajando y debo admitir que eso me trae buenos recuerdos. El intercambio de bromas fácil que siempre existió entre nosotros era algo que yo apreciaba mucho. No me habla con condescendencia como si fuera una mujer estúpida, y siempre hemos tenido conversaciones interesantes. Ese nunca fue nuestro problema. No voy a mentir: atribuyo en parte la tranquilidad de este viaje a las numerosas copas de vino y cócteles que he estado disfrutando, y también noto que él no se ha contenido con las cervezas y los whiskys. Al tercer día, salgo de la habitación y paso junto

