Capitulo 37

1396 Words
—No entiendo por qué insistes tanto en que vaya— le digo a Donato, paseándome frente a su escritorio—. Tengo varios proyectos de los que debo ocuparme— —Soy más que capaz de manejar mi propio negocio, Renzo— mi hermano me mira con ojos acerados—. No te has tomado un descanso en todo el tiempo que te conozco, y eso es toda tu vida. Ve, ten una luna de miel, conoce a Summer, porque ahora están unidos— Hago un gesto despectivo con la mano. —Hay tiempo de sobra para eso— —Esto no es una petición— Donato se reclina en su silla—. ¿Entendido? —Entendido— respondo, saliendo del despacho. Summer está esperando en el coche afuera. Este fue mi último intento desesperado por librarme de una luna de miel junto al mar. El viaje hasta el resort es largo y el proceso de registro aún más tedioso, pero una vez que suben nuestro equipaje, Summer y yo nos quedamos de pie en la zona de estar de nuestra suite. Su dormitorio está detrás de ella, y el mío detrás de mí. Summer mira alrededor con cierta incomodidad. —Creo que voy a tomar el sol. ¿Tú qué vas a hacer? —Ver las noticias— digo, mirando la pantalla plana montada en la pared. —¿En serio? Vienes hasta el océano para ver las noticias. ¿Por qué no coges un libro de la estantería, vienes a la playa y lees? Dios sabe que probablemente necesitas trabajar tu bronceado— agarra el asa de su maleta—. Es una invitación única— Me siento debidamente reprendido y suspiro, notando cómo se acumula la tensión entre mis hombros. Voy a cambiarme a un bañador, cojo mis gafas de sol y luego reviso los libros disponibles en la estantería de la sala de estar. Encuentro una novela que parece decente, de terror, y la tomo. Se llama Enterrado. La portada está desgastada de tanto uso, lo que me dice que es una buena elección. Summer sale y me quedo embobado mirándola, agradecido de llevar las gafas de sol para que no vea el deseo en mis ojos. Lleva un bikini amarillo brillante, arriba y abajo, con un pareo azul y morado translúcido atado a la cintura. —Este lugar sí tiene toallas abajo, ¿verdad? — pregunta, mirándome—. ¿Qué? —Nada— me aclaro la garganta—. Y sí, normalmente tienen— —¿Ves? Estás siguiendo mi consejo— dice. Levanto el libro. —¿A quién no le gusta un buen terror en la playa? —No puedo creer que vaya a preguntarte esto, pero cuando bajemos a la playa, ¿me pondrás aceite para que me broncee de forma uniforme? — se sonroja—. Solo te lo pido a ti porque no quiero que algún tipo raro me toque— —Así que, al menos, no me consideras raro— sonrío, y ella me da un manotazo en el brazo. —No te pongas listo. Esto no cambia nada— —Lo sé, pero ahora estamos juntos, así que intentemos ser amables, al menos— digo con calma. Ella me observa con recelo, pero yo me dirijo hacia la puerta. Ya en la playa, encontramos dos tumbonas del hotel con toallas y nos acomodamos. Observo cómo Summer se unta aceite por todas las partes a las que llega antes de extenderme el frasco y darse la vuelta para tumbarse boca abajo. Me arrodillo en la arena junto a su tumbona y froto una generosa cantidad de aceite sobre su piel. El brillo del aceite hace que su piel se vea y se sienta lujosa. Me limpio la mano en la pierna para quitar el exceso de aceite, dejo el frasco y vuelvo a mi tumbona. Me recuesto y abro el libro por la primera página, y así nos quedamos: empapándonos de sol mientras yo leo y Summer, supongo, duerme. Un camarero del hotel se acerca para ofrecernos bebidas y le doy un pequeño empujón a Summer. —¿Quieres algo de beber? —Mmm, un cóctel, elige tú— gira la cabeza para mirarme. —Tomaremos un Cosmopolitan y una cerveza— digo, volviendo a mi libro. —¿Está bien? — pregunta de repente. —¿Qué? — la miro, confundido. —El libro— Sonrío. —Da bastante miedo, la verdad. No es una autora que haya leído antes, pero si la trama sigue así, quizá lea otros libros suyos— Summer sonríe. —¿Cómo se siente relajarse de verdad? — se apoya en los antebrazos. Paso una mano libre por mi barba incipiente. —No lo sé. ¿Esto es relajarse? —¡No me digas que sigues pensando en el trabajo! —Siempre pienso en el trabajo. Si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo— digo, volviendo al libro. Ella se tumba de nuevo, con el rostro girado hacia mí. —Sí, pero tomarse un descanso no hace daño— Asiento. —Excepto que cuando vuelva habrá un montón de mierda que arreglar— le sonrío—. Pero nada que no pueda manejar— —Bueno— declara, devolviéndome la sonrisa—, no hay nada que puedas hacer ahora mismo, así que no tiene sentido preocuparse. Deberías simplemente desconectar y relajarte— El camarero llega con nuestras bebidas y tomo mi cerveza. Summer se incorpora y toma su cóctel, dándole un sorbo. Vuelvo a centrarme en el libro y Summer se recuesta contra el respaldo y mira al océano mientras bebe. —Debería haber traído un libro yo también— reflexiona, y me pregunto si vuelve a hablarme—. Cuéntame de qué va el tuyo— Resoplo. —Va de una mansión subterránea embrujada y un equipo de rodaje que va a demostrar que no está embrujada. Hasta ahora, los están masacrando como corderos— la miro—. Te lo puedo prestar mientras me echo una siesta— Summer niega con la cabeza. —Soy más de comedias románticas. No sabía que te gustara el terror— Me doy cuenta de que la tensión entre mis hombros se está disipando. Siento que por fin me estoy relajando. —Me gustaba cuando era niño. Me encantaban los libros y las películas de terror. Era una forma de escapar de la familia— —Pero parece que amas a tu familia— comenta ella. —La amo— digo con seriedad—. Mi familia lo es todo para mí y me lo tomo muy en serio. Me han dado todo en la vida y no sería nada sin ellos— Ella guarda silencio un momento, dando otro sorbo a su cóctel. Yo bebo un poco de mi cerveza, sintiéndome ligeramente incómodo. —Esto está bien— digo—, poder hablar sin intentar matarnos— —No cambia cómo me siento— dice en voz baja—. Me han vendido como si fuera una posesión. Eso es todo esto. Solo quiero tener unas vacaciones agradables— Asiento. —Me parece bien. Puedo trabajar con eso— —Nada va a cambiar— repite, y por un momento creo que intenta convencerse a sí misma. Mi corazón se rompe un poco. Hay una parte de mí, enterrada muy dentro, que quiere decirle que todavía me importa profundamente, pero no puedo hacerlo. No puedo ponerla en peligro. Suspiro y la observo levantarse. —¿Y ahora? — pregunto. —Voy a meterme en el agua para refrescarme un poco— dice, dejando caer el pareo sobre la tumbona—. Vuelvo enseguida— —No te ahogues— digo, con un leve toque de sarcasmo. Ella me lanza una mirada extraña antes de alejarse con paso decidido hacia el agua, balanceando las caderas justo lo suficiente para captar mi atención. Es extraño no estar ocupado con el trabajo, y sé que será frustrante si volvemos a pelear y no hay trabajo que me distraiga, así que espero que podamos mantener esta paz durante los pocos días que estaremos aquí. La observo mientras se adentra en el agua, sus rizos exuberantes ondeando con el viento que rebota sobre la superficie. Hay una belleza radiante en ella que siempre admiraré, aunque sea desde lejos.
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