Salgo furiosa de Jucy’s y les escribo a las chicas con las que iba a quedar para decirles que se
cancela: tengo una emergencia. Pido un Uber para ir a casa de mi padre. No voy a permitir que esta
mierda ocurra.
De verdad pensé que mi padre y yo habíamos dado un giro después de nuestra discusión en el
hospital. Pensé que podía confiar más en él. Pero ¿esto? Esto es demasiado bajo como para pasarlo
por alto y achacarlo a que es su yo controlador de siempre.
Solo mi padre es lo bastante arcaico como para arreglar un matrimonio en pleno siglo XXI. Por no
hablar de que es con el hombre que me rompió el corazón. Ha habido muchos hombres después de
Renzo, pero ninguno me dañó de la manera en que él lo hizo.
Solo Renzo consideraría aceptable una orden así por parte de su familia. ¿A qué juego está
jugando? Ha fingido durante años que yo no existía y ahora, de repente, tengo que convertirme en
su esposa. Además, estaba tan tranquilo al decirlo que me dio asco. Me siento sucia, como si me
hubieran vendido como una posesión de la que mi padre ya no tiene interés.
Mientras hiervo de rabia en el Uber, pienso en Weston. Él también era controlador, pero además
agresivo y violento. Definitivamente tengo un problema a la hora de encontrar gente a la que le
gusta intentar controlarme.
Mi padre se va a llevar una sorpresa si cree que voy a aceptar esto, pero ahora mismo estoy
demasiado enfadada como para pensar en un argumento lógico que darle.
No.
Va a conocer mi ira y mi furia, y voy a desatar el infierno sobre su patética vida.
El Uber se detiene frente a la verja y un guardia se acerca a la ventanilla. La bajo.
—Soy yo, Summer. ¿Está mi padre en casa?
—Está en una reunión— dice el guardia. No lo reconozco, pero claramente sabe quién soy—.
Seguro que puede esperarlo en la biblioteca—
Las puertas se abren y el conductor me deja en la entrada principal. Me olvido de darle las gracias y
solo me doy cuenta de lo maleducada que he sido después de que se vaya. Maldición. Odio ser
como una primadonna típica. Me gustan las cosas a mi manera, pero no tengo un palo metido por el
culo. No, ese es Renzo y toda su jodida familia.
¡Mi padre me está esclavizando a unos malditos mafiosos!
Cuanto más lo pienso, más creo que mi padre ha perdido completamente la cabeza. Entro en la
biblioteca y me dirijo al carrito de bebidas que siempre está bien surtido. Me sirvo un whisky solo y
me siento junto a la ventana, bebiéndolo con rabia. Querría bebérmelo de un trago, como suelo
hacer, pero no quiero que mi padre piense que esto es una pataleta de borracha y que por la mañana
cambiaré de opinión.
Los minutos pasan de forma agonizante hasta que oigo voces fuera de la sala. Es mi padre
despidiendo a sus invitados. Debe de ser asunto familiar si es tan tarde. Dejo el vaso y me pongo de
pie, con las manos en las caderas.
Cuando Alex entra, lo fulmino con la mirada.
—Ya te has enterado— dice con calma—. Y no estás contenta—
—¿Quién arregla un matrimonio hoy en día?
—Renzo es un buen hombre. Cuidará de ti, te mantendrá y, lo más importante, te protegerá— dice mi
padre, sirviéndose una copa. Se desabrocha la chaqueta del traje y se sienta detrás de la pesada mesa
de roble que domina el rincón del fondo de la biblioteca.
Me apoyo en la mesa, al otro lado, frente a él.
—Déjame explicarte algo. No voy a casarme con Renzo Milani. Ni muerta me casaré con esa
familia. No tienes derecho a venderme como si fuera algo que te pertenece—
—Don Donato ha aceptado, y su decisión es definitiva. No hay nada que discutir, Summer.
Simplemente acéptalo y quizá incluso llegues a amarlo con el tiempo— suspira mi padre, cansado.
Lo miro con rabia y me enderezo.
—Entiende que no puedes obligarme a hacer esto. No lo haré. Esto no es algo que puedas forzar.
Nunca, jamás aceptaré un matrimonio arreglado, elijas a quien elijas como mi marido. Esa es mi
decisión, padre, no la tuya—
La actitud de Alex cambia y endereza los hombros.
—Aprenderás a respetar mi decisión, Summer. Te advierto que lo dejes estar. Estoy cansado de
luchar contigo por cada decisión cuando no has hecho más que demostrar que no sabes tomar
buenas decisiones por ti misma—
—Tengo libre albedrío. Si quiero casarme con un vagabundo, lo haré— le escupo—. No lo haré—
—Entonces despídete de la familia— me grita, furioso—. Porque te digo una cosa, Summer: no
volverás a ver a nadie de esta familia a menos que te cases con el chico Milani—
Solo él podría llamar chico a Renzo. El corazón se me congela en el pecho. Puede que no me lleve
bien con mi padre, pero amo a mi familia. A mis primos, a mis tías y a mis tíos. Los quiero con
locura. Son personas buenas y cariñosas.
—No puedes hacer esto— suplico—. No puedes obligarme a algo que me hará miserable. No lo
conoces, padre. No sabes de lo que es capaz—
Alex hace un gesto con la mano.
—Sé de lo que es capaz, y es de protegerte. Además, fue criado correctamente. No te golpeará ni
abusará de ti como algunos de esos otros hombres con los que has salido. No te mandará al hospital.
Mi decisión es definitiva, Summer: cásate con Renzo Milani o abandona nuestra familia para
siempre. Dios sabe que estamos cansados de que se nos rompa el corazón viéndote destruir tu
vida—
Me quedo en silencio. Esta no era la pelea que esperaba. En toda mi vida, mi padre jamás me había
amenazado con apartarme de mi familia. Ellos son todo lo que tengo. Tengo algunos amigos aquí y
allá, pero son amigos de fiesta. La familia es lo más importante. Me criaron aprendiendo que la
familia lo es todo. Y ahora, si quiero conservarla, tengo que vender mi alma.
—No puedo creerlo— digo en voz baja, pero con rabia.
—Toma tu decisión, pero hazlo ahora— me advierte mi padre—. Porque estoy cansado de esperar
una llamada diciendo que uno de tus novios te ha matado—
—Dices que te importo, dices que haces esto por preocupación por mí, pero son mafiosos. Son igual
de peligrosos—
—Son de la vieja escuela. Tienen moral y valores. Conocen nuestras costumbres y saben lo
importante que es la familia. Es hora de que te asientes. No vas a hacerme cambiar de opinión. Solo
estás confirmando que estoy tomando la decisión correcta. Eres una bomba de relojería y ahora
necesitas vivir en la realidad. ¿Qué eliges?
Estoy que hiervo. Por un momento, considero mandarlo al infierno junto con la familia, pero sé en
el fondo que eso no es lo que quiero. Amo demasiado a mi familia y no quiero que me arrojen al
mundo sola, sin nadie.
—Está bien— espeto—. Acepto tus condiciones. Me casaré con Renzo—
El corazón se me hunde en el pecho. Siento una mezcla de rabia, odio y tristeza por lo que mi vida
está a punto de convertirse. No tendré voz ni voto sobre mi futuro ni sobre lo que haga con Renzo
como marido. Él será más controlador de lo que jamás fue Alex Daviod.