El sol atravesando las finas cortinas de su habitación le habían anunciado a diestra y siniestra que ya se encontraba siendo de día. Ella abrió sus ojos delicadamente, tomándose el tiempo de desperezarse entre sus sábanas mientras luchaba con el pecador deseo de quedarse durmiendo unos minutos más.
Sin perder más tiempo, se levantó hacia el baño para cepillar sus dientes y lavar su rostro. Cuando ya se encontraba vestida adecuadamente, bajó las escaleras hacia la cocina con el fin de prepararse el desayuno. Una vez que llegó allí, soltó un pequeño sobresalto al ver ambos muchachos descansando en su sofá. O mejor dicho, uno de ellos en su sofá y el otro casi en el suelo, seguramente por estar en vela al cuidado de su amigo. A veces, olvidaba por momentos que ambos se estaban quedando con ella temporariamente hasta que la situación de Sam mejorara lo suficiente.
Habían pasado tres días desde aquél incidente de su herida con la infección, y si bien no habían percatado mejoras aún, su estado no había empeorado desde ese entonces. No obstante, Miranda estaba segura de que esto se debía a los extremos cuidados que estaban tanto ella como Morgan teniendo con él y la cicatrización de su delicada herida en el pecho. Se habían encargado entre ambos, aprovechando que la morena no estaba trabajando, en darle todos los cuidados hospitalarios necesarios. Desde cambio de vendas hasta curar su herida, sin dudas habían tenido unos días bastante agitados entre los dos.
Si bien ella hizo su mejor intento en hacer el menor ruido posible para no interrumpir el plácido sueño de ninguno, en cuanto comenzó a preparar el desayuno notó como Morgan se despertó con el sonar de la taza de porcelana, que había sido apenas un tintineo suave. Luego de quedarse unos segundos somnoliento intentando descifrar donde se encontraba, giró su cabeza hacia Miranda.
Ella levantó, a modo de broma, ambas de sus manos.
_Juro que no ha sido mi intención despertarlos. No contaba con que tienes un oído bien entrenado.
Morgan se quedó pensativo ante esto, moviendo su cabeza de un costado hacia el otro antes de responder.
_Cuando tu vida puede correr peligro a cualquier hora, creo que te acostumbras al sueño ligero.
Dicho esto, se puso de pie mientras desperezaba su cuerpo luego de haber dormido sentado sobre el suelo. Se podía ver en su rostro las muecas de dolor mientras estiraba sus músculos y caminaba hacia donde estaba Miranda. Ella levantó sus cejas en respuesta, mientras seguía concentrada en la preparación de su café.
_Debe disfrutarse mucho el vivir su vida.-Soltó ella con sarcasmo.
Morgan sonrió, levantando sus hombros mientras se sentaba en el banco frente a la barra de desayuno.
_Supongo que son cosas propias del oficio.-Comentó, observando como la joven preparaba el desayuno.- Pero hey, la devolución es buena. Muy buena a decir verdad.
Miranda sonrió mientras asentía con su cabeza, dejando una taza de café frente a él.
_Bueno, yo creo que si la garantía es tu propia vida, al menos deben de pagar bien.
_Oh, sí. Pagan muy bien al respecto. Pero no lo sé. No son cosas para cualquiera. No estoy seguro de que mucha gente sea hecha para esto.
_En definitiva no son cosas para cualquiera. Yo no podría tomar un arma entre mis manos ni por que me pagaran millones para ello.
_Esa es la diferencia entre tú y nosotros. -Respondió Morgan mientras le daba un trago a su bebida caliente. No obstante, se detuvo rápidamente levantando su dedo índice, como si hubiese recordado algo.-Por cierto, tengo algo para ti.
La joven frunció su ceño, desconcertada. En silencio, le observó meter la mano en su bolsillo para sacar un grueso fajo de billetes. Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver tal cantidad de dinero, que manejaba como si nada.Él comenzó a contar con la punta de sus dedos billete por billete para luego dejarle todo lo que allí se encontraba frente a ella.
_Esto es por todo lo que nos estás ayudando.-Agregó, al ver la confusión en su rostro.
Ella negó rápidamente, devolviendo el fajo hasta donde estaba sentado él.
_Oh, no. Ni lo sueñes. No pienso aceptar ese dinero. Además, no tengo idea de dónde lo has sacado.
_¿Por qué no lo aceptarías? Es tu parte por haber hecho tanto por nosotros.
Miranda seguía firme en su pensamiento, negando con su cabeza ante las reiteradas insistiencias de su parte.
_No pretendo que me pagues por otorgarles ayuda.
Morgan parecía no entender cómo funcionaba la cabeza de la joven, pues le dio una mirada desconcertada mientras reía divertido al respecto. Miranda no pudo evitar sentirse algo recelosa al notar que en cierto punto, parecía burlarse de su buen accionar. Sin embargo, decidió no emitir comentario al respecto.
_¿Por qué otra razón nos ayudarías si es que no te interesa ganarte el dinero?
El ambiente quedó en completo silencio unos segundos. La pregunta de Morgan había resonado en su mente más de lo que creía. Incluso le hizo plantearse propiamente por qué estaba tan enfocada en ayudar a dos desconocidos que podían, en cualquier momento, hacerle cualquier tipo de daño sin siquiera pensarlo. Mientras más se ponía a pensarlo, más creía en las imprudencias de sus acciones. No obstante, no parecía ser suficiente razón que la hiciera detenerse.
Su labio inferior tembló intentando soltar alguna palabra en respuesta, más parecía ella tampoco saber bien el por qué de sus buenas acciones. No obstante, terminó siendo salvada de responder a esto debido al sonido de Sam en la sala de estar, lo cual despertó la atención de ambos.
Primero fueron unos cuántos segundos de tos intermitente, para después oírse unos leves quejidos somnolientos de su parte.
Ambos caminaron hasta donde se encontraba descansando, parándose frente a él. Para su sorpresa, había logrado cobrar consciencia luego de tres días en los que casi se la pasaba en su totalidad dormido o inconsciente debido a los sedantes y medicamentos. Sam les devolvíó la mirada frunciendo el ceño, como si no entendiera el por qué ambos le observaban con tanto anhelo.
_¿Al fin decidiste despertar, bella durmiente? Ya estaba preparándome para darte un beso de amor verdadero.-Soltó Morgan, en tono de broma.
En respuesta, Sam soltó una sonrisa débil mientras sus ojos se entrecerraban, aún intentaban acostumbrarse a la luz matutina.
_¿Acaso he dormido mucho?
Preguntó el joven, con su voz rasposa y ronca.
_Tres días para ser exactos.-Respondió Miranda, mientras agachaba su cuerpo en cuclillas a su lado para poder tocar su frente.-¿Cómo te sientes? No pareces tener fiebre por ahora.
Sam se intentó incorporar con sorpresa al oírla.
_¿Tres días has dicho?
_Sí, amigo. Estoy seguro de que has visto el túnel y decidiste volver porque era mucho trabajo cruzar hasta el otro lado sólo.
Bromeó su amigo nuevamente, provocando una risa en el herido de la que se arrepintió rápidamente, pues las vibraciones de su cuerpo al reír rebotaban en su pecho, provocándole un ardor agudo.
_Mencionaron que del otro lado se encontraba un tal Morgan y decidí dar la vuelta antes de tener más problemas.
Respondió él, algo débil, provocando que ambos rieran al unísono. Morgan golpeó en complicidad suavemente su pie, intentando seguir con la broma de ambos. No obstante, las risas pararon y el joven soltó un quejido rápidamente al sentir el movimiento brusco de su cuerpo. Miranda giró su vista hacia el joven de pie con reproche, mirándolo casi de forma asesina.
_Lo siento.-Mencionó Morgan con una leve sonrisa, arrepintiéndose rápidamente de su accionar como si hubiese sido regañado.
_Será mejor que no te esfuerces mucho a pesar de sentirte mejor. Te prepararé algo de comer, ¿de acuerdo?
Sam sintió las dulces manos de la joven acariciar su mejilla, y se sintió nuevamente un niño siendo cuidado por su madre. Se había sentido pequeño e indefenso, pero protegido bajo su dulce cuidado. En silencio, asintió con una tonta sonrisa en su rostro mientras la joven salía de la habitación.
Las risas por lo bajo de su mejor amigo le habían captado la atención, interrumpiendo su trance con sus propios pensamientos. Él levantó su cabeza, mientras dirigía su mirada hacia él.
_¿Y a ti qué es lo que te causa tanta risa?
Preguntó por lo bajo, en lo que su garganta seca provocaba que su voz aún se escuchara algo cortada y rasposa.
Morgan soltó una risa aún más fuerte, y luego rodó sus ojos mientras lo miraba como si hubiese preguntado algo realmente obvio.
_¿En serio lo preguntas? Deberías haber visto tu rostro. Parecías cachorro recién adoptado.
Sam respondió a esto mostrándole el dedo medio, lo que provocó que las risas de su amigo aumentarán aún peor.
_ Púdrete.-Respondió el herido, algo malhumorado.- Tienes suerte de que esté postrado en una cama, porque sino sería capaz de patearte el trasero para borrar esa estúpida sonrisa en tu rostro.
_No te culpo, ¿Sabes? A mí también me gustaría tener una enfermera personal que me cuide cuando estoy enfermo. Pero tal parece que no ando con esa suerte debajo del brazo.-Dicho esto, se acercó hacia él para mencionar por lo bajo, casi en un susurro.-Dime, si acaso me accidento, ¿Crees que quiera cuidar de ambos?
_¿De qué están hablando ustedes dos?
Preguntó Miranda mientras hacía su entrada a la sala de estar con un pequeño tazón de sopa y una cuchara. Morgan se puso de pie rápidamente mientras ambos hombres intercambiaron miradas entre sí en un silencio cómplice.
_Nada.
Soltaron al unísono, mientras la joven observaba a ambos con sospecha ante su extraña reacción. No obstante, decidió dejarlo pasar mientras se sentaba al lado del joven en recuperación, acercando el plato de sopa.
_Toma esto. No has comido mucho estos días, por lo que esto quizás te de la energía que sientes que necesitas. Cuando termines, me encargaré de limpiar tu herida.
Con la ayuda de Morgan, ambos lograron que el herido pudiera sentarse en el sofá para poder comer correctamente. Sam intentó tomar la cuchara entre sus manos, pero los músculos en su pecho parecían seguir tirando mientras cicatrizaban, lo que le provocaba una dificultad para poder comer correctamente por su cuenta. En silencio, tanto Miranda como su amigo observaban la situación, temiendo entrometerse.
Sin embargo, siguió intentando varias veces debido a su obstinada y orgullosa personalidad. Se negaba a encontrarse verdaderamente tan débil que no pudiera ser capaz de levantar una cuchara de sopa por su propia cuenta.
Miranda se dio cuenta rápidamente de su problema, y también de su terquedad al querer hacerlo sólo.
_ Hey...¿Necesitas ayuda?
_No.
Respondió él en seco mientras intentaba levantar la cuchara hasta su boca, quejándose de dolor. En su último intento antes de rendirse, terminó por derramar la sopa sobre sus piernas, mientras ella le observaba en silencio.
_¿Estás seguro?
Sam suspiró, sabiendo que realmente no tenía otra opción. Para su suerte, Morgan había salido al patio debido a que su celular comenzó a sonar, indicando una llamada telefónica. Por lo que sólo quedaban ella y él en la sala de estar. Adoraba a su amigo con el alma, pero a veces sus burlas provocaban que la poca paciencia que el joven tenía se disipara en frustración y malos humores.
Miranda pareció notar que él no admitiría necesitar ayuda, por lo que sin esperar respuesta alguna de su parte, sostuvo su mano junto a la suya para que pudiera tomar su sopa sin sentirse tan poco capacitado para hacerlo. Por lo bajo, le oyó soltar un “gracias” entre dientes. Ella sonrió levemente en respuesta.
_No hay de qué. No tienes que preocuparte siempre de hacer todo solo. A veces está bien pedir ayuda.
_Lo sé. Sólo que no estoy acostumbrado a pedirla. Casi nunca necesito hacerlo.-Respondió él, confesando su profundo orgullo.
La joven se preguntaba internamente qué sucesos habrían sucedido en la vida de ese muchacho para que él terminara pensando de esa forma. Por lo poco y nada que sabía sobre los dos, parecían no haber tenido una muy buena vida hasta entonces. Respirando hondo, Miranda levantó sus hombros en respuesta.
_Bueno,pero ahora me tienes a mi aquí. Asi que las cosas son diferentes.
Estas palabras lograron que los ojos verdes de Sam se dirigieran hacia Miranda, que no entendía el porqué de su mirada, que la ponía algo nerviosa. Una leve sonrisa se dibujó en sus pálidos labios, mientras suavemente asentía con su cabeza.
_Sí. Quizás tengas razón.
Ambos jóvenes fueron interrumpidos por la entrada de Morgan nuevamente a la casa, con una expresión no muy alentadora dibujada en su rostro. Tanto Miranda como Sam notaron esto, intercambiando una mirada en silencio.
_ Hey, ¿Quién ha llamado?
Preguntó Sam, sacando a Morgan de sus propios pensamientos. Este levantó su vista hacia él, negando con la cabeza.
_Oh, nadie.-Respondió rápidamente.- No te preocupes.
_¿Ha sido Ajax?
Como si fuese incapaz de poder mantenerle una mentira a su mejor amigo, suspiro pesadamente mientras desmoronaba su cuerpo en sus piernas, sentándose bruscamente sobre el sofá.
_Sí, ha sido él.
_¿Quién es Ajax?-Interrumpió la joven con curiosidad mientras miraba a ambos, al no entender de qué estaban hablando.
_Nadie. No tienes por qué saberlo.-Respondió Morgan, cortando la conversación.
_Es nuestro jefe.-Respondió Sam rodando sus ojos ante la innecesaria actitud, ganándose una mirada de indignación por parte de su compañero.
_¡Sam!
El nombrado elevó sus hombros con inocencia.
_¿Qué? ¿Qué más da que sepa quién es? Siquiera sabe como luce. No es como si fuese a cambiar algo al respecto.
Morgan negó con su cabeza en desaprobación.
_Eres realmente pésimo siendo discreto.-Dicho esto, soltó otro suspiro antes de volver a hablar.-Como sea, tengo que irme. Me ha dado un recado que hacer.
_¿Ahora?
_ Sí, Sam. Ahora. -Respondió con algo de fastidio mientras tomaba las llaves de su auto.
_¿Irás solo? Al menos déjam-
Rápidamente fue interrumpido por su amigo que se giró hacia él, moviendo la cabeza reiteradas veces en negación a medida que se acercaba, mientras levantaba su dedo índice y apuntaba hacia él.
_No, no y no. Ni lo sueñes. Tú te quedarás aquí e intentarás recuperarte, que yo no pienso pasar otra noche sin dormir por tu culpa. ¿Entendido?
Sam se quedó en silencio, entendiendo la molestia de su amigo. Pues en lo cierto, tanto él como Miranda se habían portado verdaderamente excelente con él y su cuidado. Por lo que, evitando causar más molestias de las que sentía que causaba, terminó dejándolo ir sin hacer otro comentario al respecto.
El joven salió por la puerta verdaderamente apresurado, dejando el ambiente en completo silencio por unos segundos. Finalmente, fue Miranda quien habló de nuevo, captando la atención del herido.